Mi experiencia en el paracaidismo y reflexión personal.

Todos los seres vivos, por ley de vida, seguimos los mismos pasos que son nacer, crecer y morir.

Durante nuestros primeros años de vida, tanto los seres humanos como los animales estamos protegidos por nuestros parientes, los cuales son responsables también de enseñarles a sus crías/hijos a sobrevivir de la manera en que lo hace su especie.

Hay bastantes diferencias entre los animales y los humanos, como por ejemplo la inteligencia, ya que los animales no son para nada tontos, pero el cerebro humano está mucho más desarrollado, pero sin duda la diferencia más clara entre animales y humanos, es que los animales siguen todos un mismo tipo de vida, siguen las costumbres de su especie, en cambio cada humano vive su vida como quiere. Con esto último, me refiero a que cada ser humano elige como quiere vivir la vida, es decir, tener una vida más intensa, más monótona o más pasiva, pero cada humano mediante sus actos y sus elecciones puede decidir cómo vivir, en cambio un animal no. Esto que acabamos de explicar es lo que crea la personalidad de cada uno, ya que no hay dos seres humanos con los mismos pensamientos, gustos y aficiones.

Aunque parezca extraño, la mayoría de las personas siguen una vida muy monótona, y esto no suele ser bueno ya que hacer todos los días lo mismo sin ninguna variante llega a ser muy aburrido. Por esto mismo mucha gente en sus vacaciones busca nuevas experiencias, como por ejemplo practicar esquí, surf u otras actividades para así salir un poco de la monotonía diaria.

 Parece en los últimos años, que la gente le empieza a echar atrevimiento al paracaidismo, ya que aunque sigue siendo un deporte al que la gente le suele tener mucho miedo por el vértigo, estas personas se apuntan igual para perder ese miedo, para ganar una gran e increíble experiencia y sobre todo para soltar toda la presión que llevan de su vida diaria.

Yo soy uno de estos casos, siempre, desde pequeño, fui muy atrevido con todo excepto con las actividades de altura, debido a que tengo ese miedo tan común llamado vértigo. Por mi cumpleaños, unos amigos sabiendo este miedo que tenía, me cogieron por sorpresa y me llevaron a traición a un sitio donde se encontraban unos paracaidistas profesionales, y aunque yo no quería para nada vivir esa experiencia no tuve otro remedio.  Sinceramente estaba muerto de miedo en cuanto se abrió la puerta del avión para  saltar, pero nada más saltar me empecé a sentir como nunca y cuando acabó lo primero que se me vino a la cabeza antes de pensar en el miedo que había superado fue pensar en repetir otra vez esta actividad impresionante que te hace sentir tanta adrenalina.

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