¿Cómo llegar a entender y a aprender de los distintos procesos que observamos?

  • 17/01/2018
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Los cambios nos asustan y una de las causas puede ser debida a que cultura y sociedad en nuestra concepción occidental son tradicionalmente conceptos que no aceptan todo aquello que signifique variación de lo establecido; en general, somos reticentes a ; en general, todo aquello a lo que no estamos familiarizados, efectivamente, toda cultura y por extensión toda sociedad, lleva consigo un adjetivo implícito: conservadora. No tolera con facilidad ninguna aportación o crítica proveniente del exterior (etnocentrismo) ni del interior (aculturación) y se encierra, cuando menos lo admite con reservas, a todo aquello relacionado con las proyecciones en el tiempo distintas a sí misma (acusándolas de revolucionarias).

Así como, no debemos tener ningún miedo a nada relacionado con la evolución o cambio, bien de las distintas formas de pensamiento, bien de conducta dentro de las distintas formas de pensamiento, bien de conducta dentro de nuestra propia sociedad, tampoco debemos oponernos sistemáticamente a las posibles visiones procedentes de otras culturas, que no son ni más ni menos que distintas formas de organización de la formas de organización de la estructura social.

El cambio, como proceso generador en el camino hacia la afirmación del individuo, tiene, así mismo, un componente metafísico un componente metafísico importante, esa cruz que la cristiandad se ha autoimpuesto: el problema irresoluble del futuro y del porvenir, que al estar en manos de Dios, nadie más puede controlar. Nos encontramos, por lo tanto, a merced del destino, a expensas de lo que el azar depare, al igual que Ulises en su Odisea, es decir, lo que nos encontramos a lo largo de la vida. Y puesto que la vida acaba en el - lo pretérito es experiencia, el presente, vivencia, y el futuro es incertidumbre - ¿cómo resuelve el hombre actual el problema del futuro, la "incertidumbre", e l "no- control", lo que está por descubrir? Tradicionalmente, se ha abordado de dos formas, a través de la religión o a través de la ciencia.

Si nos centramos en la primera, la religión intenta darnos la respuesta a nuestros anhelos: el futuro es salvación, el futuro es la felicidad, el futuro, en definitiva, es el contacto con Dios o con los dioses, pero solamente, claro está, para aquellos que acaten su voluntad, es decir, la tradición judeocristiana- y  con ella la civilización occidental- - condiciona la felicidad y el estado de gracia divina en un futuro más o menos lejano, en el caso en que se sigan los preceptos del Dios que la Ilustración hizo Hombre -el Prohombre en Nietzsche-. En otras palabras, los preceptos de la sociedad son los que dirigen el destino de todos sus individuos, todos aquellos a los que Platón en su República no creía ni capaces para dirigirse a sí mismos.

En conclusión, estos son los prejuicios, los tabúes y las barreras que el hombre occidental debe salvar, inexorablemente, para continuar su evolución y alcanzar la plena libertad como individuo, dirigiendo sus esfuerzos y objetivos en la dirección que él mismo elija; olvidar sus miedos y las falsas prohibiciones que durante siglos han hecho del cambio, de la evolución y, en consecuencia, del dinamismo del espíritu enfrentado a lo inamovible, cualidades propias de aquél que no es consciente de sí mismo, en resumen, contrario a la conducta natural del Hombre. Una conducta que debería ser constante y mecanizada, dirigida por costumbres y tradiciones, es decir, propia de un/a hombre/mujer que no experimenta, que no es curioso, que carece de todo interés por la innovación, un hombre/mujer conformista con todo lo que le viene establecido, un hombre/mujer que no investiga ni en su entorno, ni mucho menos en su interior, un hombre, en definitiva, crédulo, dócil y temeroso.

Ahora ya podemos afirmar, del mismo modo que Heráclito lo hizo en el s. VI aC: "el cambio es el padre de todo"; del cambio surge aquello que no existía y lo que existía se transforma en algo nuevo, porque "cambio" significa eso, transformación, pasar a ser algo que , anteriormente no era, y esa es la unión fundamental con las leyes de la naturaleza que ya nuestros ancestros observaban, imitaban y  respetaban. O lo que los practicantes del Tao conocen como el equilibrio entre el ying y el yang, es en este equilibrio de contrarios que se complementan y en su interacción que se suceden las cosas y todos los seres (entre ellos, obviamente, los humanos).

La Ciencia, en realidad, ya lo tiene propuesto como uno de sus principios axiomáticos: ( E=m) todo es energía o materia, no hay creación ni destrucción todo es desde el principio del Tiempo, y no la habrá hasta el final de nuestro Universo, todo ha sido y será una transformación continua de la una en la otra.

Seamos naturales y científicos en su justa medida, pero sobre todo seamos consecuentes y aceptemos el cambio como lo que es, algo natural. Si una parte de nosotros se destruye es para una nueva, si un estado de ánimo pasa a su contrario debe enseñarnos, nada más y nada menos, que lo único que no cambia es continuamos siendo nosotros mismos.

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