13 días y un adiós a bocajarro

  • 28/12/2017
  • 0

Siempre te escondías detrás de esa aparencia hostil , con ese muro impenetrable al que sólo dejabas cruzar y acomodarse en el regazo de tu alma a muy pocas personas porque pensabas que sólo así estabas protegido.

Pasó la primavera, el verano  y ahora cuándo llega el invierno, hago un alto en el camino y pienso de una forma irracional, que al menos estés dónde estés, no pasarás frío y que éste invierno será cálido por fín para ti. Me gusta pensar así, porque me da esa tranqullidad serena.

Cómo dijo Suso, casi sin quererlo y como un fantasma al que no llamas, ni esperas,  pero aparece,  irremediablemente a veces las nostalgías se ensanchan y con total naturalidad, las recibes, se quedan un tiempo y luego las despides cómo quién despide a un peregrino.

No puedes negar la evidencia; los dolores y duelos cada uno los pasa a su manera y todas son válidas. Sólo hay que ser consciente y asumirlos, porque negarlos me parece una gran estupidez. Hay que llorar a los que parten y han formado parte de tu vida y no sucede absolutamente nada si permanecen en tu recuerdo y te provocan emociones como si se tratara de una montaña rusa en dónde  el vértigo y a la vez esa sensacion de diversion, te atrapa en esos momentos.

A menudo me he preguntado, por qué la gente le teme tánto a la tristeza y te acosejan con toda la buena voluntad del mundo que debes olvidar, cómo si uno debiera borrar de un plumazo a gente que ha permanecido en tu vida sólo porque se haya marchado. Recordar no duele, sobre todo si uno es capaz de masticar y digerir ese recuerdo y sobre todo si sabe ponerlo en el lugar que le corresponde. 

Hay fechas, olores, canciones, momentos, colores, paisajes, anécdotas, que sin ningún esfuerzo se te plantan delante y te asaltan por sorpresa. A veces llegan como tormentas eléctricas de esas que sacuden y te encogen las entrañas y otras con una sonrisa de una parte a otra de la cara, dónde eres consciente de lo feliz que fuiste en esos momentos y te arropa.

Es inevitable la tristeza que te da la consciencia de saber que uno fue feliz y que no lo volverá a ser jamás, al menos con esa persona, pero a la vez te sientes eternamente agradecido por haber tenido la oportunidad de haberte cruzado en su camino a pesar de todas las vicisitudes vividas a lo largo de tántos años.

Cómo no recordar los inviernos al lado de la chimenea, bañados en ceniza de la cabeza a los pies y casi sin poder respirar, con el café bien caliente siempre cómo aliado y compañero en los buenos y malos momentos, vomitando pensamientos, cruces que cada uno lleva cargando consigo durante mucho tiempo y que no siempre es capaz de verbalizar, discusiones porque uno no siempre está de acuerdo con la persona que ama pero que casi siempre terminaban con un buen fin de fiesta en la intimidad dónde se te olvidaba todo, nuestros madrugones para nuestro paseo diario a la Jarra con los perros y luego nuestro sagrado almuerzo casi siempe con embutido de La Pajarilla, tus disparates cantando con un catalejo que te compraste, nuesras risas con la carpa  de F. que había volado el viento una y otra vez con la paliza que se había dado el pobre pero que a nosotros al final nos provocaba la risa tonta porque a tí no te caía bien,  los candelabros por todas partes y no por aquello de que la luz de las velas le de un toque de romanticismo al ambiente, si no por motivos muy distintos pero que aún así, fueron, son inolvidables. Me acuerdo sobre todo de lo sencillo, de lo cotidiano. Ya ves!!! ( Seguramente me dirías que está mal dicho, ya ves....).

También te asaltan los momentos complicados, los sufrimientos acumulados de tantas partidas libradas, como si se tratase de Esparta y la pena que te envuelve cuándo piensas lo injusta y cabrita que es la vida en ocasiones y no da treguas.

Los últimos años fueron tiempos duros, y como Edmón Dantés, el Conde de Montecristo, tu existencia se convirtió en en una lucha constante por demostrar tu verdad y que a pesar de tus desgarros, no terminaste de poder ver, pero que estoy segura que algún angel o angela te las habrá contado. Me decanto más por las ángelas y que seguro que habrás aprovechado para liarla parda si es que es posible por esos lares. Quién sabe......

La noticia de que nos quedaba poco tiempo para conversar, decirnos lo que núnca antes nos dijimos por orgullo, y limpiar como una patena los resquicios de cualquier malestar, darnos las explicacones que nos serenaron el alma , los perdones y las certezas que en algún momento nos hicieron dudar,,  fué duro, mucho..., pero una vez más demostraste la grandeza de tu alma.

Tuviste palabras para todos, a cada uno le quisite dejar  un recuerdo permanente, algo de ti y que sabías que les encantaría y agradecerían.

Ahora, como era habitual en ti, también la liaste parda, con ese carácter quijotesco que tenías y por tu gran necesidad de acumular reconocimientos y cariño, pero sabes muy bien que eso acabó originando consecuencias y que algunas las sufrí yo después de tu partida. Ni siquiera te lo reprocho, después de nuestras últimas conversaciones, dónde ya no se perdía ni ganaba nada, sólo la desnudez del alma en esos momentos. Eso es lo más honesto que uno puede hacer.

A veces, me gustaría no tener ese freno por preservar tu intimidad y contar para que todo el mundo te conociera realmente, como homenaje a tu persona, pero mi respeto hacia ti, me lo impide; y desvelar totalmente tu intimidad, nuestra intimidad, sería aceptar que a partir de ahí, ya no nos pertenecería.

Me arrespiento de haber hablado a veces de más con el puro afán o necesidad de desahogo. Creo que bajo mi apariencia de seguridad para intentar darte toda la calma posible, yo no estaba preparada para que te marcharas tan rápido, aúnque he de confesarte que a solas, en petit comité, si charlamos una gran amiga tuya, P. y yo, sobre anécdotas, que decías, que hacías y que ella también era partícipe Supongo que a ambas, nos viene bien y se agradece.

Te recuerdo, te extraño y siempre te recordaré con la misma intensidad de nuestra historia, de idas y venidas, de buenos y malos momentos, pero de momento ando un poco cabreada todavía porque uno no debería jamás tener que despedirse sabiendo que hay que acelerar porque el tiempo se agota, pero que sepas que supiste tener esa entereza y esa dignidad de asumir, como siempre decías, que las cosas son como son y no como queramos que sean.

La muerte y más cuándo anuncia su llegada, no espera a nadie.

 

 Hasta pronto tipo difícil, hazme un hueco a tu vera, cómo me decías....

 

 

Denunciar contenido

¿Tienes algo que decir? Este es tu momento.

Si quieres recibir notificaciones de todos los nuevos comentarios, debes acceder a Beevoz con tu usuario. Para ello debes estar registrado.
He leído y acepto el Aviso Legal, la Política de Confidencialidad, y la Política de Cookies de Universia