EN EL PAJAR

  • 20/12/2017
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EN EL PAJAR

El pajar era nuestro sitio favorito, donde sin mediar palabra nos encontrábamos, atraídos los dos como si un poderoso imán nos polarizara. Después de comer… sobre las dos de la tarde de cualquier tórrido día de agosto. A veces cada uno por un lado, otras los dos con risas entrecortadas o a carcajada limpia dándonos empujones por ver quién de los dos era el primero en librar los diez o doce escaloncillos blanqueados y remataos con una chicuela viga barnizada en caoba que llegaban hasta el pequeño portón azul que estaba parido en dos y cerrado con una gruesa traviesa.

Ya dentro una semipenumbra nos embargaba y un delicioso fresquito producido por el blanco impoluto de la cal. Grandes tinajas a nuestro alrededor, y en las paredes varias gateras, pacas de paja apilada en el centro y esparcido en el suelo a modo de un mullidito colchoncillo algunos vellones de lana de la ultima esquila. Prometíamos no dormir la siesta y así era, por desafío a la autoridad y porque  eso era de ociosos, pero al fijar nuestras pupilas en las luminosas chispitas fosforescentes del polvo en suspensión, nuestros párpados infantiles  cedían, el leve sonido de chicharras en la lejanía ...  nos entregaba a los dos a un  profundo sueño reparador.

 

           

 

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1 comentario

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Mariela Fuentes21 d diciembre d 2017 a las 11:23 (UTC)
Me encanta cómo escribes, muchas gracias!

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