El milagro de Melchor

  • 06/01/2017
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Sobre como, cuando menos lo esperaba, volvió el autor a sentir la Navidad.

La oscura madrugada del día de reyes. El gris autocar de empresa frena bruscamente, y, aún resoplando por el esfuerzo de la agotadora jornada nocturna, me despido de los compañeros y del conductor. No con mucho entusiasmo, pero no he podido olvidarlo, a pesar de todo.¡Feliz día de reyes!. La ciudad me recibe, hostil, y me saluda con una dura ráfaga de viento del norte en la cara. Me cuesta andar por las calles vacías y oscuras. Yo creo que nunca había estado sin dormir toda la noche de reyes. Pienso en lo distinta que es ésta fiesta cuando nos enfrentamos cada día al reto de salir adelante, y qué lejos quedaron aquellos días en que llorábamos de felicidad junto a una bañera repleta de regalos. ¿Habré conseguido que mi hija haya sentido la fiesta tanto como yo? Recuerdo también a mis familiares, alguno de los cuales nos dejó muy joven, y con los que también compartimos la noche mágica. 

Sigo peleando contra el viento, y doblo la esquina. La calle está poco iluminada. Unos pasos más, y, de repente, paso junto a aquel cajero automático. Lo reconozco: como casi todos, soy bastante egoísta, y veo esa escena todos los días. Un hombre está tendido en el fondo, junto a varios zarrios, todos ellos en pésimo estado. Una vieja mochila, una manta vieja, y la ya demasiado habitual esterilla de cartón donde éste hombre...pasa la noche de reyes. 

Avanzo unos pasos más, pero algo ha pasado. Algo...que solo podía pasar en éstas fechas.  Algo...que hace que, de repente, sienta dolor y rabia. Me paro y dirijo mi mano hacia el bolsillo. No. No tengo mucho dinero. Quisiera tener un billete, pero hace mucho que tampoco tengo billetes en mi cartera. Pero sí que tengo unas pocas monedas. Me doy la vuelta, y abro, algo temeroso, la puerta. Y se produce el milagro. 

Me acerco lentamente, temiendo despertar a ese hombre que no ha dormido en toda la noche. Tiene la radio encendida. Una música suave, agradable, le hace compañía mientras vela con los ojos entreabiertos. Me acerco un poco más, y me agacho junto a su bandeja, que muestra tan solo tiene unas monedas de poco valor. En el último instante, se me caen las monedas junto a la bandeja, pero ya no me agacho. Me da miedo. Miedo mirarle. Y él abre los ojos. Es un hombre blanco algo mayor, de barba blanca y ojos azules, y con una voz apagada por el dolor, casi susurra una sola palabra: ¡Gracias!. Unas gracias que me rompen el corazón. Unas gracias como no las había oído antes pronunciar, y que, me hacen darme cuenta, de que quizás esa noche, yo, y no él, haya sido Melchor, cuando ya había perdido toda la esperanza de sentir la Navidad. 

Me alejo, y casi con lágrimas en los ojos, continúo caminando. Mañana, probablemente, volveré a pasar por el mismo sitio, y me pregunto si éste hombre seguirá malviviendo en un cajero, y si mañana la magia de la Navidad habrá desaparecido, y volveré a pasar por la puerta del cajero rápido, sin detenerme, sin importarme. Como si no hubiera allí nadie pasando como puede una fría noche de Enero.

 

 

 

 

 

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5 comentarios

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José Alberto jalonsoneira@yahoo.es7 d Enero d 2017 a las 19:17 (UTC)
En un Mundo dominado por la mentira, el excepticismo, el egoísmo, el enfrentamiento, el conflicto continuo y la irracionalidad; conmueve siempre encontrar a un amigo que habla, y lo que es más importante actúa, desde la verdad, la perplejidad, la inocencia, el altruismo, la capacidad de empatizar y compartir, el acercamiento, la racionalidad y la emoción. Una gran enseñanza, de exquisito y fino calado. Gracias por compartir tu experiencia.
PALOMA GONZÁLEZ LOCHÉ7 d Enero d 2017 a las 13:15 (UTC)
Realmente emocionante, realmente llega al corazón por ser cierto. Muchas gracias por tu sensibilidad, que comparto aun sin palabras.
Un beso grande.
Tomás thomas_rc@hotmail.com7 d Enero d 2017 a las 11:22 (UTC)
Precioso. Enhorabuena Santi.
Un abrazo!
Santi santiainsa@hotmail.com7 d Enero d 2017 a las 07:39 (UTC)
Querido amigo Lucio: he de reconocer que ha sido fácil escribir ésta historia, porque, te lo aseguro, ha sido exactamente así en todos los detalles. Y yo llegué a casa también "tocado". Por lo demás, sé quevno tiene un nivel literario excepcional, y también que se me ha colado alguna errata. No me importa. Mejor así. Quiera el cielo que tengamos un día oportunidad, juntos, de poner en orden nuestra patria a fin de que no haya españoles en la miseria. Será el modo más práctico de que podamos ayudar mejor a los demás.
Un fortísimo abrazo y gracias por tu amistad, por tus palabras y por compartir la historia. Mis mejores deseos para tí y los tuyos en éste nuevo año que comienza.
LUCIO CURIEL TORRES limactp@gmail.com6 d Enero d 2017 a las 23:26 (UTC)
Querido Santi, no soy de lágrima fácil, pero has conseguido emocionarme y sentir una húmeda sensación en los ojos.
Si tú crees que ocurrió un milagro, no me cabe duda de que así fue, pero no creo que ningún D(d)ios, con o sin mayúscula, haya tenido que hacer un esfuerzo especial para provocarlo. Pese a tu declarado agnosticismo, amigo mio, eres tú quien lleva el milagro contigo; te has limitado a dejar actuar a tu bella alma, has sido simplemente tú.

No cambies y, por favor, que nuestra amistad permanezca Navidad tras Navidad.

Un abrazo

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