El del Último de la fila que se creía que era la reina de los mares

Hace años que comenzó la batalla entre separatistas contra catalanes, que no es lo mismo que independentista, españoles y el Estado español. Se ha pasado del saludo con la mano a ser señalado por el dedo acusica del independentista de turno.

Sobre esto último, todos conocemos el caso del ex miembro de El Último de la Fila, Quimi Portet. Por si no lo saben es el elemento del que nadie se acuerda desde que se disolvió el grupo en 1998. Este ha tenido un problema inexistente con un camarero de la empresa valenciana Balearia. El segundón de la banda pidió en catalán un café con leche, el camarero dijo que no lo entendía. En ese momento, cual Maléfica por no haber sido invitada a la celebración del bautizo de la Princesa Aurora, hija del Rey Stefan y la Reina Flor, comienza a urdir un plan contra este trabajador: denunciarlo a través de las redes sociales. Además de publicar en Twitter y sin permiso una foto del camarero. Le podría haber pedido un autógrafo por aguantar a tanto cliente tocanarices como es este susodicho. 

No solo eso. Por si no fuera suficiente, Balearia se postró ante el chivato independentista, le rindió pleitesía y comunicó a través de su cuenta en Twitter sus disculpas, el no admitir este tipo de comportamiento ante los clientes y la toma de medidas oportunas hacia el camarero. Uno de los valores que se incluye en la web de la empresa es "Compromiso con los empleados". Esta vez el compromiso ha sido con el independentismo y no en defensa del trabajador.

Henchido de orgullo cual pavo real, el olvidado, e ignorado por el resto de público que habría en el barco, ha creído sentirse por un momento la diva del barco, plumaje incluido, hasta límites enfermizos. Un narcicismo extremo, sin tratamiento psicológico, que fue en aumento mientras recibía los aplausos histéricos de la clá del independentismo a través de esta red social.  El camarero por contra, obtuvo todo tipo de insultos y desprecios por parte de los autodenominados "buenos catalanes".

Acabada la escena, ya me gustaría ver qué pasaría si esto ocurre en otro lugar que no es España. Cuando el "burro" amarrado en la puerta del baile pidiera un café con leche en catalán a un camarero de una naviera inglesa, francesa, que son muy suyos en lo del idioma, o escandinava, y que este contestara en uno de estos idiomas diciendo que no lo entiende. Observar el balbuceo y el temblor del labio inferior del niño Quimet que está a punto de reventar a llorar y patalear porque no puede expresarse en una lengua que no es turísticamente internacional.

El Loco de la calle que tan famoso se hizo por ser parte de un grupo que cantaba en español, y es un decir porque el protagonista de todo era el cantante que no viene a cuento nombrarlo, ahora repudia la lengua que le llenó el bolsillo de billetes. Se convierte para los independentistas en el líder indiscutible de la lucha contra todo el que no sea de su ideología. Con su mensaje, y el de otros que sí son conocidos como aquellos que son como él, incita al odio contra todo el que no sea un adoctrinado y pide la cabeza de cualquiera que no sepan rezar su credo.

Los medios de comunicación afines al amo y señor Puigdemont, a cual más radical y agresivo según la subvención recibida, tampoco se han quedado atrás. La defensa a capa y espada hacia el relegado de unos de los grupos españoles de gran éxito; sí, español, por si no le había quedado claro, ha sido a muerte, cómico y a la vez ridículo. El tono delator y despreciativo contra el camarero de Balearia ha rozado lo descerebrado y ha reflejado lo que en realidad son todos aquellos que se apuntan al carro de la independencia de mercadillo.

La prepotencia abunda cada vez más, sobre todo en los políticos y que a diario vemos escupiendo odio, de los que se creen "salvadores de la patria catalana", aunque más bien se debe denominar independentista. El "poble català" no está por la labor de la separación y sí de la convivencia entre Catalunya, su tierra de nacimiento o de acogida, y España, su país. Catalanes y españoles que viven y han nacido en Catalunya, escrito con la grafía "ny" que se utiliza en la lengua de los catalanes no de los independentistas, reciben el repudio y el insulto de la nueva "raza aria" del siglo XXI. Señalados como si estuviéramos reviviendo la desgraciada época para muchos y el resucitar de un señor bajito, o de otro con bigote, y de los que la gran mayoría de españoles y resto del mundo quieren pasar página de una vez. 

Catalanes y españoles ya comienzan a cansarse de estos soplones del independentismo, aunque no parecen demostrarlo a viva voz. A ellos se suma la ira de valencianos y de ciudadanos de Ses Illes (mallorquines, menorquines, ibicencos y formenterenses), como españoles que son, a los que se les está colonizando de manera lingüística, intentando fulminar tanto el valenciano como las diferentes lenguas baleares; y apropiándose de unas culturas y gastronomías que no les pertenece. Por desgracia, los independentistas tienen el apoyo del presidente que debería ser el de toda Catalunya y prefiere "expulsar" de esta "a los invasores", del expresidente, con su imborrable sonrisa arrogante, y el apoyo incondicional, aunque digan lo contrario, de los presidentes de esas dos Comunidades Autonómas. 

El camarero obró como debía hacerlo. Además, y esta vez sí que viene al tema, con independencia. Creo que cualquiera lo hubiera hecho si pisan su dignidad. Debería sentirse orgulloso de ello a pesar de que Balearia haya querido amonestarle por hacer bien su trabajo; sí, por hacer bien su trabajo. Hay que aguantar ciertas cosas y casos pero todo tiene un límite. El cliente no siempre tiene la razón, y menos el prepotente. Seguro que tras esta situación cómica este se habrá enterado, gracias a los medios de comunicación, de quién fue en su momento el proscrito Quimi Portet, aunque tampoco creo que le importe demasiado. Lo único que le preocupa a este empleado es "trabajar".

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