Me encanta el verano

Tiempo de playa. La veda de los capitanes de yatecito ha comenzado. Todos los veleros izan sus trapos y el capitán Tam de rigor prepara los aparejos y sus miles de derroteros, no sea que una mala brisa los lleve a embarrancar en un bajo.

Su señora esposa lleva desde un par de meses preparando el protocolo de los amigotes a los que invitará a las navegaciones de su aguerrido esposo. Tesi, Piluca, Pichuli, Carmeli, Pacuchi, Luisito de todos los Santos, Mamen, Carlitos y Cocó. Lo más tonto del mercado que viste y mola. Las bodegas cargadas de buen vino y los salazones que no falten. Anteayer pasó por las rebajas de las galerías "My name is Conchita" y se gastó una pasta en un diente de cocodrilo para ponerlo en el puente de mando junto a su Paco. Le dijo el acogido que traía suerte y la muy bobalicona, tal película peli del Dundee, le hizo el agosto al mercader. "Es que es tanto el dinero que acumulo en la cuenta estos meses, que ¡me da una pena cuando pienso en los pobres de Malí!" -Dice la cándida señora-. "Además -continúa adoctrinando-, encontré un suéter color malva para las noches salvajes que era superirresistible". Su Paco pasa de todo eso. Lo suyo es escaparse mar adentro, echar una caña para probar sus artes marineras y coger una trompa de alto copete sin que venga la bruja de su hija mayor machacándole con sus consejos sanitarios. "¡Maldita la hora que la enchufé en aquella clínica privada!" -Masculla-. Pero no hay tiempo para discusiones. La panda de cursis van desfilando por el portalón del barco como si de la pasarela Cibeles de tratara. Eso sí, mirando al suelo no sea que les de un vértigo, caigan al charco y se arruguen la blusa "quinto centenario" que les regalaron unos amigos de Jerez el siglo pasado. Ellas simpatiquísimas. Ellos, hechos, muy hechos, muy machotes toda la marinería. Pero mira por donde, el primer resbalón lo pega Carmeli, la esposa de Carlitos, el director del Banco Damelotó ¡Qué fatalidad! ¡Justo cuando iban a zarpar! Y eso que se le dijo cuando coincidieron en el bingo la otra tarde, que no llevara zapatillas de material. Pero, nada, como si le hablaras a una sorda. La fiesta se trunca. Coche con pañuelo blanco delante enarbolado por Tesi. Otro pañuelo detrás zarandeado por Piluca. Pacuchi aguantando en sus pechos a Carmeli. Carlitos conduciendo como un descosido y jurando en hebreo para urgencias. Luisito, con Mamen y Cocó, detrás del funeral, comunicando con sus teléfonos móviles tan fatal desenlace al círculo del chinchón nocturno. Total, que Paquito, el capitán Tam, mira a su señora esposa con pose de mala leche y resopla: "Vamos a comer nosotros, que se nos va a echar a perder el pescao. Me gustan tus veranos, nena..., me encantan".

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