Si soñar es gratis, despertar también

Un capítulo de "El Cowfunding de la Merela". (en preparación) fecha prevista de publicación 1ª semana de junio)

Si soñar es gratis, despertar también.

 

                                          cowpor15

Pasé una noche fatal con un sueño larguísimo. Las imágenes todas malas, se sucedían una tras otra. Primero soñé que ardía el establo y al igual que Luis, me quemaba las manos intentando apagar el fuego. Sin saber por qué, de pronto una lluvia torrencial anegó completamente el establo y me vi montada en una Zodiac para dos, con mis compañeras, la Rubia, La Marela, La pinta, y Blanquita. También estaba el ama, Manolo, Enrique y todos los demás, veinte en total, provistos de chalecos de polispán de esos que no flotan. Lo comprobamos cuando La Rubia se cayó al agua ¡menos mal que no cubría!. Un poco después, el suelo, bueno, más bien el agua, tembló y se nos cayeron encima, vigas y muros. Gracias que en los sueños no duele. Quería despertar pero no podía. En el agua flotaban pollos, periódicos, paneles solares y langostinos chamuscados. La granja estaba rodeada de gente con cara de circunstancias y ganas de cobrar, que nos miraba de muy distinta manera.

―¡A mí no me miréis, que no tengo un chavo!―Gritaba yo, mientras las imágenes del sueño pasaban sin cesar.

Una gran ola, que no una ondiña, me levantó y me lanzó contra la costa…bueno contra la eso, porque estaba tierra adentro. Entonces fue cuando empecé a dar botes de aquí para allá.

Por un ratito, pero el tiempo suficiente, fui primero directora y después redactora, saqué fotocopias y fui a por los cafés en El Planeta, hice la compra, fregué los platos recogí la casa y a los niños. Fui a la pelu y descubrí que Marcelino me engañaba con otra. Me llamaron del periódico para decirme que estábamos en ERE. Supe lo que se siente cuando estás en paro, no tienes dinero y te llaman del banco, para que vayas ingresar o que te han trincado con las preferentes, vienen a cobrar las bobinas de papel, el adsl el leasing de la furgoneta y te cortan la luz porque no pagaste el recibo, mientras  los paneles solares están en el almacén muertos de risa. Trabajé en una fábrica de coches a tres turnos y me compré uno que me dio problemas, primero como usuaria, después como fabricante y poco después como curranta a la que le quitaban la prima para atender las reclamaciones. Después enfermé de hepatitis y supe lo que es estar malita, y que no te paguen el tratamiento, alegando falta de dinero. Eso con ser malo, no fue nada al lado de lo de mi Merelito, mi ternerito del medio; tenía tres en el sueño, yo que soy soltera empedernida. A Merelito le detectaron un tumor, como al niñito gallego de la noticia. Después de más de veinte operaciones y largas noches en el hospital, nos dijeron que necesitaba un tratamiento con protones, que costaba casi cien mil euros ¡Qué coincidencia! Un poco después y en otro bote, fui la dueña de una planta de envasado de pescado que había ardido y aunque pagaba el seguro, me dijeron que la broma salía por dieciocho millones. A continuación y sin solución de continuidad, el sueño me puso en el lugar de los trabajadores, acreedores, amigos y clientes. Fui inquilina, banquera, casera, antidisturbios, me quedé sin casa y llena de deudas y activos tóxicos. En fin, una ruina de sueño.

―¡Madre mía qué salsa!―Grité en sueños, mientras me tocaba vivir angustiosos momentos en Ecuador, Nepal, Haití, el mar Egeo, Idomeni, la sala de espera del quirófano, guardar cola delante de unos grandes almacenes en Caracas;  la bolsa de Shangai,(porque también fui accionista, preferentista y jubilada en Alemania) y delante de la embajada de Noruega, reclamando la pensión de un tío de Marcelino, que era pescador. Lo de la valla de Ceuta, fue digno de recordar. Cuando después de grandes esfuerzos conseguí subir a lo alto, supe que las concertinas no eran conciertos pequeños, sino una desgracia muy grande.

No me acuerdo de mucho más, pero sé que me tocó vivir de todo lo imaginable y por imaginar. Pasé sobres, mordidas y comisiones, cobré pensiones millonarias, me llevaron a juicio y supe lo que es estar en el trullo, prometer y no cumplir lo prometido, subir el IVA, recortar y ser recortada.

Creo que despertar de aquel sueño, fue la mayor alegría de mi vida; recordé la canción de las manos y le cambié la letra que quedó así:

Y mis ubres son lo único que tengo

Y mis ubres son lo único que tengo

Y mis ubres son lo único que tengo

Son mi amor y mi sustento

Quién me iba decir a mí,

Cómo me iba a imaginar

Que subiendo el precio de la leche

Que subiendo el precio de la leche

Que subiendo el precio de la leche

La cosa se iba a arreglar..

Quien me iba a decir a mí,

Como me iba a imaginar

Que  lo fácil y sencillo, compañero,

Que  lo fácil y sencillo compañero

Que lo fácil y sencillo compañero

 es ponerme en tu lugar.

 

Después llamé a Roberto, cagando leches. Me miré las ubres con satisfacción y pensé:

―Tengo que comprarme un sujetador.

Cogí un guante de látex del ama, me lo puse y me encaminé tan pancha a la tienda de Emily.

―Pues no sé; tengo por aquí un guante defectuoso de seis dedos, tal vez te sirva―Dijo Emily.

―Si tienes de siete mejor, para la reserva―Dije yo.

―Toma, te los regalo.

―Ni se te ocurra, que después ya sabes lo que pasa.

Como Emily no sabía lo que pasaba cuando algo era gratis, se lo estuve explicando; le pagué cinco euros por los guantes y veinte por aquella falda de lunares tan mona.

― ¿Tienes mantequilla?―Preguntó.

Iba a decirle que y cañones también, pero para no liarla, quedamos en que se la traería después de la tienda de Luisa.

― ¡Y si haces el favor, una caja de leche!

 

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