PAPAS CON TOMATE

  • 22/04/2016
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A vueltas con mi padre, mi padre tenía una huerta. Siempre le gusto la tierra , la cogía a puñados con sus manos y la deshacía negra negrísima y jugosa entre sus dedos, se la llevaba a la cara y la olía con fuerza . Disfrutaba de ser hortelano, aunque a mi madre tener la casa llena de tierra de sus botas y sus ajos no le hacía pizca de gracia. Por eso había habilitado una chabola, a la que invitaba sin miramiento a todo el que quisiera merendar con él. Y no éramos pocos los que le observábamos recoger tomates de sus aromáticas tomateras, pelar un par de kilos de papas , cortarlas en gruesas laminas y freírlas en una especie de wok ¨castellano¨… medio de aceite hirviendo ; verter sus papas sazonadas hasta dorarlas bien. Las retiraba con una gran espumadera en una fuente, y en el mismo aceite freía tres o cuatro cebollas blancas en tiras un par de cabezas de ajos algunos pimientos verdes y un par de kilos de tomates , a los que previamente había desprovisto de su piel sumergiéndolos en agua hirviendo. Cuando estaba medio rehogada la fritanga agregaba una pizca de orégano, tomillo y las papas al final. Sentados al atardecer contemplando la lumbre , y las llamitas oro y azul de la fogata , con nuestro platillo de papas con tomate, observando cómo los vecinos tomaban largos tragos de tinto que corría por los gaznates alegremente, de su bota de piel, tenia aquello un no sé qué, que invitaba a repetir experiencia al día siguiente.

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