Es día

  • 11/04/2016
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Conociéndola no me extraño lo que sucedió, siempre callada inmersa en su mundo, era cuestión de tiempo que estallara, cada día una nueva idea y cada día una nueva decepción. Aquella tarde no era normal todo me decía que algo iba a pasar, esa sensaciones las tenía desde pequeño, el pitido de oídos y el tics nervioso en mi ojo derecho me indicaba que algo ocurriría. La vi andando, sin expresión en su rostro, solo miraba hacia atrás por si la observaban o la seguían, su obsesión no la dejaba vivir en paz intente llamar su atención desde mi quiosco, la llame en varias ocasiones, caminaba en línea recta sin encontrar obstáculos, en minutos las perdí de vista pero no podía abandonar mi trabajo hasta la tres y sería tarde. Ella entro como todos los días en el comedor de indigentes, paso a la cocina y sin hablar con nadie cogió el cuchillo de la carne y empezó a apuñalar a cocineros y comensales, sus cuerpos caían al suelo sin vida, y empezó a hablar, -ya nadie me seguirá ya nadie me observara, todos moriréis-, pobre solo yo era quien la miraba y solo yo quien me preocupaba por ella.MANUEL SOLA ROLDAN

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