Del pillaje del Siglo de Oro a la corrupción del Siglo XXI

Los pillos han dejado de esconderse por las esquinas y las oscuras sombras de lúgubres callejones y cantinas, para convertirse en corruptos y planificar sus tejemanejes sentados en los despachos.

Dice el escritor madrileño Miguel Zorita Bayón (2010): "Había verdaderas legiones de miserables; unos pobres reales y otros fingidos con tal de no trabajar. Por otra parte, como ya hemos dicho estaban los hidalgos que, por la absurda ley de "manos muertas", no podían hacer más que aprovecharse de los demás." ("La miseria y el miedo", Breve historia del Siglo de Oro (pp 55-56). Barcelona, España: NOWTILUS)

Parece que este párrafo haya sido extraído de algún periódico, con palabras parecidas a las comentadas por Mariano Rajoy en el Debate de Investidura, sobre lo que está ocurriendo en España en la actualidad. Las mismas situaciones y los mismos protagonistas. La forma de realizar este tipo de actos, llamémosle pillaje, picaresca, robo, saqueo, rufianería, golfería, malicia o corrupción; se ha mejorado y perfeccionado a lo largo de la historia. Está a la orden del día en la gran mayoría de medios de comunicación. Hasta hace bien poco, estos sucesos han obtenido un resultado extremadamente positivo para aquel que los cometiera.

De todos es conocida la novela de El Lazarillo de Tormes y la escena en la que el niño y el ciego están comiendo un racimo de uvas. El ciego se da cuenta de que el niño come más uvas de lo normal porque "yo las comía de dos en dos y tú callabas". En el ya avanzado año 2016, muchos son los "lazarillos" en España que han pasado de comerse las uvas de una en una a hacerlo de dos en dos y de tres en tres. Llenándose los bolsillos y recibiendo dinero a manos llenas, mientras otros, sabiendo lo que hacían, callaban mirando hacia otro lado.

Muchos son los que, a su vez, se desdoblan para convertirse en lazarillo y ciego frente a la opinión pública. Bien presentes tenemos a todos los imputados relacionados con los EREs en Andalucía. Francisco Granados, líder de la Púnica, y el pago a diversos empresarios a cambio de favores políticos. Por supuesto, tampoco sabe nada. Jordi Pujol, la herencia de su padre y el enriquecimiento de la familia de manera mágica, como si la vieja alcahueta Celestina hubiera realizado algún encantamiento. Su gran pregunta ante todos ha sido "¿qué es la UDEF?". Cristina de Borbón, hermana del rey Felipe VI y su implicación junto a su marido Iñaki Urdangarín y su socio Diego Torres en el caso Nóos. Tampoco ha visto nada, ceguera total. Rodrigo Rato y su imputación por delitos fiscales, blanqueo y corrupción. Como es de esperar, tampoco sabe nada de los gastos de una de las "tarjeta black" de Bankia ni del cobro de comisiones de ningún tipo. 

Casos como el caso Mercasevilla, los Cursos de Formación, el caso Campeón, Bárcenas, Gürtel, Palau, ITV, Adigsa, Pokémon, caso Eivissa, caso Malaya, caso Brugal, caso Reina, caso Palma Arena, caso Taula, los papeles de Panamá; y otros tantos casos de prevaricación, cohecho, malversación de fondos, falsedad de documentos, tráfico de influencias, fraude o blanqueo de capitales. Un millar de políticos, empresarios y funcionarios con causas judiciales pendientes. No se salva ningún partido. Más de 1.600 casos relacionados con delitos de corrupción o económicos. Pero, como no, nadie sabe nada. Nadie ha visto nada. Todos ciegos pero atragantándose a uvas. 

Demasiados Rinconete y Cortadillo han sabido manejar las cartas y llevarse a paraísos fiscales, estafando todo ciudadano y llevándose todo cuanto han podido de las arcas de los ayuntamientos, mientras se regocijaban entre bellas chicas mediáticas y dientes, dientes. Cuánto diablo Cojuelo hay suelto que traen de cabeza a los partidos políticos, mientras ellos vagan a sus anchas por los pasillos de sus sedes atesorando en cuentas B todo lo que pueden. Mucho soldado Píndaro haciendo galas de sus fanfarronadas, en este caso no militares, mostrando helipuertos, enormes fincas y lujosos coches conseguidos con dinero robado del pueblo, cuando su puesto de trabajo no pasaba del nivel más bajo del puesto de funcionario. Algunos hijos de corruptos aprenden el oficio tras su pubertad convirtiéndose en auténticos Guzmán de Alfarache. Moviendo dinero y supuestas herencias de un lado al otro del mundo.  Y todos, todos, no se salva ninguno, han tenido, tienen y tendrán, porque esto no se va a acabar así por las buenas, la desordenada codicia de los bienes ajenos.

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