Rutas en bicicleta de montaña

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Ha estado lloviendo sin cesar toda la mañana. Mientras espero sentado a la salida de Orange Bikes, en Halifax, al que será mi guía hoy, Pete Scullion, miro al cielo y pierdo la esperanza de que salga el sol como ayer. Una densa niebla se instala a nuestro alrededor y empapa a los niños que van caminando a la escuela en grupos desorganizados.

Este rincón de West Yorkshire está estrechamente vinculado a la bicicleta de montaña: las torres gemelas de Hope Technology y Orange se erigen desde hace tiempo con fuerza, y la revista inglesa Singletrack tiene sus oficinas centrales también en Hebden.

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Tras un breve trayecto en coche, aparcamos y nos recibe con una cálida sonrisa Rachael Walter, de Hope, antes de reunimos con nuestro fotógrafo, Sam Needham. Poco después ya estamos pedaleando por una estrecha y pronunciada pendiente, lejos del centro de la ciudad, y tras un paseo de 20 minutos por el asfalto llegamos a la cima de un páramo inhóspito. La niebla se nos mete en los pulmones cuando quitamos el modo ProPedal y pasamos de la carretera a una pista de hierba. El clima relativamente templado de los últimos días hace posible que nos movamos con rapidez mientras saltan pedazos de vegetación oscura de la rueda trasera cuando pasamos por el punto inadecuado.

Es la introducción perfecta para una larga sesión: senderos rápidos, abiertos y repletos de obstáculos y resquicios fáciles de detectar, con cantidad de surcos maravillosos. Pete va por delante, pasamos al lado de una casa y el camino se cierra pegado a un muro al mismo tiempo que aparecen piedras más grandes en mitad de la pista. Empieza una bajada, y lo que hasta ahora eran problemas pasajeros que superábamos con alegría y rapidez, se convierte en una serie de escalones y pendientes cerradas y llenas de rocas. Parece que todo está cubierto de un verde neón por el musgo, aunque siempre encontramos un punto de agarre que nos impulsa en nuestro camino.

"No es como en Escocia”, dice Pete. "La ruta está muy bien, pero el acceso es complicado y debes conocer los diferentes senderos y los lugares de interés histórico o de belleza natural”. Si el comienzo ha sido rápido y divertido, el terreno se vuelve ahora escarpado y da un poco de miedo. “Ve mucho más despacio de lo que crees en este tramo...”, me aconseja. Dejamos atrás una carretera y el sendero se estrecha a la par que se empina. Levanto la vista y veo a Pete que da una curva cerrada » aparentemente sin moverse de su asiento, pedaleando incesantemente. Acto seguido veo una furgoneta amarilla pasar por una carretera que parece estar a cientos de metros.

El descenso está plagado de surcos y raíces desnudas. Los brazos se me empiezan a agarrotar y tengo que concentrarme en mantener un ritmo constante sin que se bloquee ninguna de las ruedas. Desciendo por el último tobogán y me dejo caer sobre el sillín, es complicado pero crea adicción. Comenzamos a subir por un camino adoquinado y es entonces cuando se nos une un personaje de la zona. Lleva una chaqueta con capucha y escudriña todo con su mirada. “¡Saca la Strava, saca la Strava!”, grita. Yo doy por hecho que alguno de mis compañeros lo conoce, pero no es así. “La otra noche volé en ese salto, mi idea era hacer 1 minuto y 10 segundos, ¡pero terminé en 57 segundos!", farfulla. “¡Es todo una cuestión de confianza!” Hay que reconocer que en eso sí que tiene la razón, pero en nada más de lo que dijo. Iniciamos el regreso por la carretera nacional, larga y tortuosa. Es una buena faena de cinco millas y nos obliga a circular en línea, poniendo fin a la conversación.

Al llegar punto más alto, giramos por un camino en el que la hierba se abre hueco entre el cemento. El tramo es una calleja estrecha con adoquines rocosos. Rápidamente se convierte en un empedernido festival de rocas. Una de ellas desvía mi rueda y pierdo el control, pero me deslizo hasta detenerme junto al muro de piedra. Rachael pasa por delante y trato de no perderla de vista. Ella está utilizando el cambio y su lujosa Hopebedecked Yeti SB-66C le permite hacerlo sin problema sobre las rocas, pero mi Specialized chirría en señal de protesta.

Las rocas dejan lugar a las espectaculares cascadas de Lumb Waterfalls, cubiertas de hiedra. El murmullo del agua se desvanece lentamente mientras nos alejamos por una subida incómoda y resbaladiza. Sam Needham me mira y se ríe mientras siento las piernas entumecidas. Es hora de entrar a un bar a reponer fuerzas. Ha sido una jornada típica del norte de Reino Unido: lluvia, piedras y terreno resbaladizo.

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