Astronautas reflexionan sobre la vida en Marte

Bechara Saab. canadiense de 36 AÑOS y doctor en Neurociencia por la Universidad de Zúrich, quiere morir en Marte.

Bechara Saab. canadiense de 36 años y doctor en Neurociencia por la Universidad de Zúrich, quiere morir en Marte. Como pionera Como uno de los primeros Homo sapiens que harán de la humanidad una especie multiplanetaria. Ese es su sueño desde hace años. Por eso al igual que otras 4.227 personas, se ha presentado como candidato para el proyecto de Mars One. una fundación privada de Holanda que afirma que puede empezar a colonizar Marte de aquí a doce años, aunque sin posibilidad de retomo para los colonos.

Lucie Poulet. 29 años, ingeniera aeroespacial. Doctorada en la ciudad francesa de Clermont-Ferrand. piensa que esa es “una idea disparatada” Ella también quiere ir a Marte cuando sea factible, pero ¿por qué tendría que quedarse allí? Dice que Marte es un objetivo para la ciencia, para buscar rastros de vida, para indagar en la historia de nuestro sistema planetario, los seres humanos podrían evaluar sus descubrimientos in situ, a diferencia de los robots, pero luego deben regresar e informar de todo ello. Podríamos decir que lo que más interesa a Bechara Saab es saber cómo funciona ser humana Mientras que Lude Poulet quiere saber cómo funciona el universo. Ambos creen que Marte es el laboratorio adecuado para ello. Marte está de moda, la “Marte-manía” está bien vista socialmente. Las imágenes que los mars rovers de la NASA envían a la Tierra han conseguido que este vecino situado a unos 56 millones de kilómetros nos resulte casi tan familiar como pongamos por casa del desierto de Atacama. Hoy Matt Damon se abre paso a través del polvo marciano ante millones de espectadores en la película Marte.

marsone

Hace poco un estudio de la NASA concluyó que en 2033 una nave tripulada podría volar por vez primera alrededor de Marte y seis años más tarde podría aterrizar en el planeta rojo. Además, sin que la agencia aeroespacial tenga que saquear su presupuesto para conseguirla. Bechara Saab, al que todos llaman Besh, todavía recuerda el momento exacto en que empezó a soñar con Marte. Fue en 2002, estaba de acampada en una isla en el lago Ontario y divisó la Estación Espacial Internacional en un cielo despejado plagado de estrellas. Entonces pensó que los seres humanos deberían ser capaces de mucho más que limitarse a girar alrededor de la Tierra. Por ejemplo deberían fundar una nueva civilización en otro planeta.

Así que el llamamiento de Mars One no pudo ser más oportuno. Besh ha renunciado incluso a formar una familia con tal de alcanzar su sueño de viaje espacial: “Por supuesto, si tuviera hijos no presentaría mi candidatura” En el caso de Lucie Poulet la cosa empezó mucho antes. “De niña quería ser astronauta”, recuerda. Como ingeniera aeroespacial lleva años investigando la forma de cultivar plantas en la Luna o Marte, para que sirvan de alimento a los astronautas que investiguen allí en el futuro. Lucie ya ha celebrado un 29 cumpleaños extraterrestre. My Birthday on Mars (“Mi cumpleaños en Marte”) así tituló la entrada del 31 de enero en su blog. Durante dos semanas Lucie Poulet fue comandante de una estación de investigación en Marte, simulada en la soledad del desierto de Utah, en Estados Unidos. Era la tercera vez que participaba en un estudio de este tipo.

Por ahora su estancia experimental más larga ha transcurrido en el paisaje volcánico del Mauna Loa en Hawái, donde la NASA y la Universidad de Hawái tienen la estación de aislamiento HI-SEAS. En 2014 Lucie Poulet pasó cuatro meses en ese inhóspito y apartado lugar en compañía de otras cinco personas. El objetivo era realizar un test psicológico vigilado en condiciones realistas: ninguna conexión hablada con el mundo exterior, cada contacto por correo electrónico con la unidad de apoyo a la misión duraba 40 minutos desde el envío del mensaje hasta la recepción de la respuesta, exactamente el mismo tiempo que requeriría una conversación por correo electrónico entre la Tierra y Marte.

Mientras tanto Besh Saab trabajaba con ratones. Como neurólogo investiga en experimentos de laboratorio por qué los animales sienten curiosidad e “impulso investigador” sobre todo cuando se encuentran en un terreno que les resulta más o menos conocido. Cosa que resulta bastante significativa si tenemos en cuenta que el propio Saab se ofrece a sí mismo como una especie de animal de laboratorio. Además está dispuesto a dejar atrás todo terreno seguro.

Pero es probable que ambos, Besh Saab y Lucie Poulet, aún tengan que hacer acopio de paciencia: las agencias aeroespaciales todavía deben superar algunos obstáculos.

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