Vocerrante 4 – Los laberintos

Texto del cuarto programa del ciclo de Vocerrante. Todos los jueves a las 23:00 por "arinfoplay"

VOCERRANTE (4)

 

Apertura(Sobre “White ManSleeps II”, por KronosQuartet):

(Andante tranquilo)

“Las palabras vagan, yerran, buscan. Van y vienen por ahí hasta que encuentran un refugio. En las manos, en los ojos, en cualquier cosa que las rescate del olvido.”

 

Este es el cuarto programa de

VOCERRANTE.

Bienoídos sean todos.

 

Tengamos a bien perdernos en el laberinto de la palabra.

Ya que las palabras previsibles se han extraviado a sí mismas de sentido.

Tengamos a bien perdernos en el laberinto de la palabra

Ya que las palabras encontradas aún no han dado con su intención.

Ya que las palabras encontradas no han podido cambiar sus significados.

Y vuelven a decir en las mismas lenguas las mismas cosas.

En las mismas lenguas las mismas cosas

Dichas con sonidos que ensordecen,

Agotando las intenciones y los entusiasmos.

Para acabar con toda propensión del decir

Para convencernos de que nada más se diga.

Se congelan las lenguas y se ordenan las palabras,

Como un mapa completo, exacto y transparente.

Un mapa donde cada uno de nosotros es un “punto que está allí”.

 

Que sólo está ahí. Y ya no puede moverse.

No hay camino más perverso que aquel

Que te lleva adonde

Estás.

 

Donde somos sostenidos, detenidos, por el mapa,

En lugar de ser nosotros quienes lo tracemos.

Ya que las manos han dado lugar a las cuadrículas.

Dejando de habitar o transitar un tiempo.

Pasando solamente a estar o a pertenecer

a un espacio.

 

Tengamos a bien perdernos en el laberinto de las palabras.

Allí donde pueda haber lugar para futuros

Encuentros.

 

Ya que el tiempo hace que vivamos en los bordes.

Que la esquina no se curve.

Que el decir de una palabra alcance a separar lo debido de lo verdadero.

 

La sintaxis no ordena, sino protege.

Las articulaciones no organizan, sino que derivan.

Del mismo modo que la mano no está hecha sólo para colgar nada más del brazo,

Así también la palabra ha ponerse en movimiento.

Ya que el sentido de la vista sólo ve lo que ya esté allí,

En cambio el del oído debe acompañar el fluido de los cambios.

 

Tengamos a bien perdernosen el laberinto de la palabra

Cuya primera habitación es el silencio.

 

Arrojados a un laberinto. Nos vamos adentrando en los laberintos. Cada vez que ingresamos en un nuevo segundo, rodeados de cosas, lugares, sonidos, puentes y personas que pueden o no seguir allí.

Arrojamos las palabras en un laberinto. Las hacemos ingresar a un laberinto. Cada vez que narramos una historia o circulamos los sentidos y los verbos, cuya próxima línea no sabemos

cuál                será.

 

La próxima línea de un discurso no lineal.

El próximo verso de un poema inconcluso.

La próxima voz de alguien que aún no conocemos.

 

El laberinto sonoro,

Un sitio en el que tu voz resuenelejos de ti.

Surja desde lugares que no son tu boca,

Se levante desde cuerdas que no impulsan tus pulmones.

 

El laberinto sonoro,

Un sitio en el que el mismo verbo ocurra al mismo tiempo en varios sitios a la vez.

Un sitio en el que una palabra siga a otra, pero en lugares distintos.

 

En una noche cerrada, las voces solas.

Las voces solas pinceladas, como ráfagas de viento, o ramalazos de luz, o soplos de aire.

En una noche cerrada, las voces solas como nuestra guía.

Las voces solas como toda huella.

 

Internarse en un laberinto es aceptar

La multiplicidad del horizonte.

 

Primer tema.“Vos quid admiramini / Gratissima / Contratenor /Gaude Gloriosa”, de Phillippe de Vitry, por “The Gothic Voices” (02:45).

Acabamos de escuchar “Vos quid admiramini / Gratissima / Contratenor /Gaude Gloriosa”, de Phillippe de Vitry, por “The Gothic Voices”.

 

Raúl

Por debajo, en el centro de las grutas, golpear la piedra. Golpear la piedra oscura, sonora.Quebrar la piedra, como un lento desentierro.Abrir las grietas donde permanezca la raíz de lo vibrante. Ver cómo esas grietas se desprenden, se fisuran, se dibujan, se abren paso. Como una red que busca a otras. Como una raíz desasida de las otras. Fragmentos de dureza extendidos, distendidos en el trazo de cada vez más tenues recorridos. El tejido de lo frágil. Allí donde se traza el derrotero más fino de la hendidura. Inscripciones del temblor. Desnudez del nervio. Por esas fibras, hebras que sostienen la unidad de la roca, la materia se  cohesiona. De poder rastrearse una sola de estas líneas, a lo largo de todas las espaldas subterráneas, se accedería de una sola vez a la cartografíasensitiva del planeta.”

 

Daniel

Soy el Minotauro.

Soy el centro. Encerrado en el centro.

En el centro del laberinto. El lugar exacto. El dónde en sí.

Estoy en mis entrañas.

Hurgando, raspando, despojándome de todasmis víctimas de carne.

Sólo espero que alguien me arranque de estas paredes a las que obedece mi sombra.

Discurro por mis huesos, por mis nervios, por mi sangre.

Buscando

Arrancarme.

 

Raúl

Pero no hay un centro.

Somos toda periferia. El cuándo.

El modo de salir al otro, a través del otro.

Pero estamos adheridos a los huesos, a los nervios, a la sangre,

Como si no fueran recorridos, afluentes, inter-cambiables.

Hacia el centro no hallarás nunca el horizonte.

Somos arrancados.

Buscando

reensamblarse.

 

Daniel

Soy el hombre de la luz al final del túnel.

El que señala el camino a las ánimas sueltas.

Soy un laberinto quieto.

Miro hacia donde nadie va.

Mira hacia donde todos parten.

Sostengo la lámpara como un punto en la distancia.

Cuando llegues a mí, desapareceré.

 

Raúl

El túnel es reposo prolongado,

Boca muda.

Distancias estiradas.

No hay luz al final, sino que todo final supone unaapertura.

Y todo umbralalumbra.

 

Daniel

Soy Licaón, hallado entre los lobos,

Convertido en lobo.

Igual entre los iguales, masticado por iguales.

Laberinto ciego.

Que busca a lo mismo en lo mismo y por lo mismo.

Mientras tiene lugar el territorio de la masacre.

 

Raúl

Busco lo otro en lo mismo

Y me pierdo en la esperanza.

La esperanza es un camino

abierto de un solo lado.

El deseo, por su parte, se abre desde los dos.

Una puerta que se abra hacia ambos lados

Al mismo tiempo.

Laberinto generoso.

Perdido en la piel confundida con la piel

Uno de otro.

 

Daniel

Soy el barco absurdo

En  medio del desierto.

Soy el barco encallado en medio de la sal.

No hay más distancia que la que recorre el viento

Que sopla sobre velas que nunca impulsará.

Laberinto del olvido.

Laberinto desazón.

Con los cascos oxidados

Y derruido el mascarón.

Un barco que es su propia costa,

Con la proa atada a su timón.

Y al que una sola

lágrima pueda

poner en movimiento.

 

Raúl

Luego, los laberintos verticales,

Los vertiginosos laberintos de las caídas.

Sin línea recta, plomada o dirección,

Solamente el desvaído.

 

Daniel

O los laberintos cortinados

En los que se pueda descorrer el otro lado

Y ver lo que ocurre detrás del seto.

Cortinas de susurros, de radios mal sintonizadas,

Cortinas de cencerros.

Que no nos digan dónde estamos

Sino que vamos yendo.

Raúl

Jorge coleccionaba frasquitos de agua de lluvia.

Los rotulaba con la fecha y el momento en que la había recogido.

Y su estado de ánimo, y las personas que tenía o que veía a su alrededor.

Se pasaba luego vendiendo esos frasquitos por los bares.

Nadie creía que fuera en serio esa molestia

De que fuera en realidad el trabajo de tantos años.

Él, creía que el agua de lluvia, de una lluvia determinada,

Podía transportar recuerdos.

Y de hecho, cuando alguna de sus gotas se desparramaba

En el agua de café, o sobre la mesa de madera,

Volvían a aparecer viejas miradas

En rostros nuevos.

 

Daniel

Supóngase una familia heredera de un solar enorme. Una familia cuyas propiedades coincidan con los sitios donde alguna vez se jugó la Historia. Y en cualquier reunión de tías y sobrinas, de cuñados y vecinos, señalar con la bombilla, la empanada o el tenedor, los momentos y lugares donde hubiera habido enfrentamientos, donde pueda señalarse la escena de una formidable traición en la lozanía de las cortes, o donde se hubieran realizado las primeras y divinas consagraciones.

O supóngase que grandes extensiones de tierra hubieran pertenecido a una sola familia. Y que sus dignos y dichosos herederos pudieran contarnos la historia con meras referencias a su mueblario ocasional: Así, por ejemplo, dirían: “Coronaron al general en Lessex, donde guardábamos los utensilios parapostres. Había muerto mucha gente entre el aparador y la vitrina. Detrás de lamampara, se preparaba una conspiración. Llegaban tropas salvajes desde la mesa de luz, dispuestas a adueñarse de la tina. Las reservas de oro se habían separadoen el neceser y estaban llenos los lavamanos de pólvora.

Laberintos del poder, siempre tributarios de la indolencia.

 

Raúl

Supóngase ahora un caracol.

Llévelo a su oído.

¿No es verdad?.

Dentro de las espirales de esa pieza nacarada que arroja el mar

Está de nuevo el mar.

Laberinto de la ternura, siempre arrancando semillas nuevas al pan.

 

El todo en la parte.

La voz en el aire, la palabra en el diálogo.

La piel en la Historia.

 

Segundo Tema. “Hermoza muchachica” Tradicional sefaradí, por Hesperion XXI, Dir. Jordi Savall. (05:12)

Acabamos de escuchar “Hermozamuchachica” Tradicional sefaradí, por Hesperion XXI, Dir. Jordi Savall.

 

Raúl

Por hacer al mundo previsible,

Hemos perdido toda confianza en nosotros,

Nadie dice lo que piensa sino lo que sabe.

Con lo que multiplicamos el poder de la ignorancia, que nos cerca.

 

Quienes abren su ventana, o entornan sus ojos, ya se asoman al laberinto.

Ejemplos de ventanas y de recorridos.                                                         Daniel

I

Un personaje que sólo vea las miradas, el brillo de las miradas, el flujo de las miradas, el ardor o la tibieza o el punzón de la mirada. Que guíe su camino a rafalazos de miradas. A fogonazos de miradas. Hasta que pueda descansar finalmente en la tuya.

 

II                                                                                                                               Raúl

Un animal, un vegetal, un mineral, que sólo habite en los silencios, y que vaya yendo de un silencio a otro, deslizándose, transportándose entre matas, flujos, selvas, muros de ruido y de choque de distancias. Trazando los circuitos interiores a todo.

 

III                                                                                                                              Daniel

Un recuerdo, una decisión, una semilla, también son otros tantos laberintos.

Que crecen en las distantes y generosas alternativas.

 

Sobre “Sposa son disprezzatta”, de Antonio Vivaldi, por Cecilia Bartoli y Gyorgy Fischer, en piano.

 

IV                                                                                                                              Raúl

Alguien dibuja un rostro, Pero el rostro cambia cada vez que está a punto de darle el último trazo.

El último trazo ya no puede ser un dibujo.

Alguien camina por el sendero. Pero el sendero cambia cada vez que está a punto de darle el último paso.

El último paso ya no puede ser un sendero.

El secreto de la inmortalidad yace en los laberintos. No por evitar una salida, sino por multiplicarlas.

 

V                                                                                                                               Daniel

Contar tus cabellos es el modo más acompasado de enredarse. Extravío que consiste en siempre volver a empezar.

 

VI                                                                                                                              Raúl

Así el viento jugó con las hojas:

Confundiendo sus reflejos en mitad del mediodía.

Por lo que al caer, algunas cayeron en la sombra de otras.

 

VII                                                                                                                             Daniel

Las hojas de ese árbol ordenaron su caída:

De forma tal de cubrir tus pasos.

 

VIII                                                                                                                            Raúl

A lo largo de tus piernas,

El agua se curva.

 

IX                                                                                                                              Daniel

No hay punto de mi boca que no sea

Equidistante de tu ombligo.

 

X                                                                                                                               Raúl

Amar es descentrarse

Precisamente, aparecer en otros.

 

XI                                                                                                                              Daniel

Hay un grillo que toca a destiempo.

Desacompasa la noche

Para que ocurra un milagro.

 

XII                                                                                                                             Raúl

Los que van con un piolín a cruzar el laberinto no quieren cruzarlo en realidad, sino volverse.

Todo laberinto desplegado es un plano horizontal.

Por mi parte, elijo los laberintos en los que perderme.

En una voz, en dos o tres notas de una melodía.

O nada más la lluvia.

 

XIII                                                                                                                            Daniel

Para perderte

Están hechos los caminos.

Y las palabras para confundirte.

Sólo son verdaderos el desvío

Y la incertidumbre.

 

XIV                                                                                                               Daniel

Un laberinto de una sola voz

De una sola voz

De una

sola

Voz,

Se extingue, se disipa, se volatiliza.

 

XV                                                                                                                Raúl

Puedo encontrarme en cualquier parte,

Seguir las instrucciones del mapa,

Alcanzar cualquier punto dentro de un complejo recorrido.

Pero perderme,

Sólo puedo perderme

Con ella.

 

Hilo de Ariadna.                                                                                        Daniel

Vamos tirando del hilo de Ariadna                                                         Raúl

Deshilvanando todo destino                                                                   Daniel

Desovillando el curso de las lenguas                                                   Raúl

Paso paso en el camino desandado                                                     Daniel

No hay camino transitado                                                                        Raúl

Sino por la memoria                                                                                  Daniel

O el regreso                                                                                                Raúl

Vamos tirando del hilo de Ariadna                                                         Daniel

A fin de alcanzar algún sitio de reposo.                                                Raúl

Letra a letra, llovizna por llovizna                                                                       Daniel

Línea a línea desprendida de las rocas                                                Raúl

Arrancando las raíces del silencio                                                         Daniel

Continuando los trabajos de la sombra                                                Raúl

Sin apartar nuestras manos de las paredes de la cueva                   Daniel

Haciendo de nuestras manos las paredes de la cueva                     Raúl

Sin perder el hilo de un aroma que se extingue                                 Daniel

De una voz que desvanece                                                                    Raúl

De una morada movediza                                                                       Daniel

De un rescoldo que se apaga                                                                 Raúl

De una huella que se desdibuja                                                            Daniel

Vamos tirando del hilo de Ariadna                                                         Raúl

Tan inasible como un puente sin orillas                                                          Daniel

De la fragilidad del recuerdo                                                                   Raúl

De un lugar que nunca visitamos                                                                     Daniel

De la incerteza de tu nombre                                                                  Raúl

De la textura de un arrullo                                                                                   Daniel

De la finura de un cabello.                                                                                  Raúl

 

Tercer Tema. Concierto para dos cellos en Sol menor, en versión de Bobby Mc Ferrin cantando y dirigiendo la Saint Paul Chamber Orchestra. Segundo Movimiento. (03:14)

Acabamos de escuchar el segundo movimiento del Concierto para dos Cellos en Sol Menor de Antonio Vivaldi, en la versión de Bobby Mc Ferrin cantando y dirigiendo la Saint Paul Chamber Orchestra.

 

A lo largo de todas las catedrales, los pasillos, las naves laterales, los templos y murallas, los salones de arnas, las salas de baile, las tiendas de campaña, los palacios imperiales, las aulas de enseñanza, los patios de recreo, los baños públicos, las glorietas, los paseos, los desfiladeros, las oficinas, los retretes, los quirófanos, salones de pasos perdidos, las salas de espera, los interiores de los barcos, los aviones, los tranvías y los colectivos…

A lo largo de todos los pasajes y de las habitaciones, vamos dibujando el trazo inverosímil de la vida.

 

Daniel

La vida que sólo se sostiene en sus desvíos.

 

Raúl

Las pequeñas soledades como textos incipientes,

Teas que se apagan si nadie las traslada

De una fogata a la otra.

De una voz a la otra.

De una palabra a la siguiente.

Una ventana a la que nadie asome,

Una soledad en la que nadie habita,

Un sueño que nadie duerme,

Una voz que sólo espera ser por alguien recogida

Y esparcirse en los oídos.

Las hojas que no acunan sus caídas,

La espera…

Son todos y tantos y otros laberintos.

Que sólo pueden recorrerse por otro.

Daniel

Al mar la mar del barco errante,

Entre el cielo y el agua, la noche y el hielo.

Las olas lo empujan arrastran y embisten

Lo salpican y convocan a perderse en el destierro.

 

Raúl

Al mar la mar del barco errante,

De un sitio a otro, sin ancla ni quimera,

Dibuja sobre el agua su suave estela

Sin brújula o sextante.

 

Daniel

Al mar la mar del barco errante,

Entre el día y la noche, la bruma y el ruido,

No busca la costa, sino el rocío

Que derrame la Luna sobre el maderamen.

 

Raúl

Al mar la mar del barco errante

Con sólo polizones,

Sin ningún tripulante.

 

Daniel

De nuevo entonces la noche, la suave anárquica, reservando en un candil toda la tibieza.

 

Cierre

(Sobre “L´inverno” Segundo Movimiento – Antonio Vivaldi, por IlGiardinoArmonico):

(Lento - Grave)

“Siguen vagando las palabras, criaturas del aire, harinas de tiempo, hurgando por las cuerdas, y los labios y la boca, para vibrar de nuevo.”

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