Entre Líneas

  • 23/07/2015
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Crónica del Tranvía de Ayacucho de Medellín, que entrará en operación comercial entre octubre y noviembre de este año.

Sentada en una panadería de esas enormes, en la esquina de la carrera 46 con calle 49, plena avenida oriental con Ayacucho, escuchaba a mi abuela en medio de una mirada sorpresiva, hablarme del viraje que ha dado la ciudad con respecto al transporte. Un martes de octubre, aproximadamente a las 10 de la mañana, la iglesia San José como siempre estaba rodeada de sándalo, veladoras, oraciones, venteros de helados, chicles, incienso, frutas, energizantes, indigentes y jóvenes repartiendo publicidad para bajar de peso, aumentar la masa muscular y atraer el amor de la vida. Todos los ciudadanos se desplazaban a su lugares de destino, muchos deambulaban distraídos y confusos, pues sus rutas frecuentes de buses no estaban realizando parada en el lugar de siempre. La respuesta era “es por obras del tranvía”. Todo el sector estaba lleno de polvo, el asfalto tenía una color amarillo de tierra revuelta con cemento, había un montón de maquinaria, hacía un calor impresionante y observábamos obreros con pica y pala y su frente llena de sudor, también estaban al parecer unos ingenieros, personal del Metro de Medellín y de la Alcaldía recorriendo la vía con sus chalecos distintivos y un casco protector. Transcurrían los minutos y yo me encarreté contando a la abue acerca del plan maestro del Metro. Ella solo me abría los ojotes que se le veían aún más grandes con sus gafas, diciéndome “increíble, no cierto”. El cambio es gigante, así como el impacto que genera este nuevo aparato que movilizará millones de habitantes mejorando su calidad de vida. Hacía sólo 2 meses que habíamos disfrutado del desfile de silleteros cuando tuvimos inesperadamente en frente un vagón del tranvía, de los que llegarán el próximo año a hacer parte del sistema masivo de transporte de la ciudad. Todos queríamos tener la foto de esa premier que estábamos viviendo y a donde se mirara, habían equipos captando para el futuro esas magníficas imágenes de lo que será en 7 meses nuestro. Lo que hace años era operado por tracción animal ahora sería operado con tecnología de punta. La estación San Antonio de la línea A del Metro será el lugar de integración para acceder a él. Algo como la estación principal, que por cerca de 30 años fue el Parque Berrío con el primer tranvía que hubo en la ciudad. La abue me cuenta que sólo conoció una de las líneas que recorría el tranvía, la que se dirigía a cercanías de Manrique y Aranjuez. El valor del transporte eran sólo centavos y vamos en 1.900 pesos. Mis abuelos disfrutaron esos viajes placenteros en el tranvía del 21 y hoy mi abuela tendrá la oportunidad de conocer el nuevo, creía que no viviría para hacerlo. Ya ha viajado por todas las líneas del sistema Metro, fascinada disfrutando de los paisajes que ofrece la línea L, su favorita, los cultivos, los bosques, la variedad de fauna y las delicias del mercado Arví. Yo soy feliz con todas las líneas, donde prevalece la belleza de lo urbano y de la misma estación… Arte, alegría, vida, inocencia y la nombrada cultura Metro que se vive más allá del sistema. Eso se aprende y se multiplica. Los cambios más increíbles que ha dado la ciudad en materia de transporte tienen que ver con ese gusano de línea verde y amarilla, con los cajones que van por el aire, con los acordeones con llantas y con los carritos de Bimbo. En toda pieza publicitaria que se observa y que su intención sea decir “esto es Medellín” sin necesidad de escribirlo… hay un logotipo del Metro, un tren, un metro cable, un alimentador o un Metroplús. Eso es dejar huella, eso es sentido de pertenencia y de ciudad. Eso es amor. El mismo amor con el que estamos esperando ansiosamente la nueva línea comercial del orgullo más grande de los antioqueños, la línea T1. El regreso del tranvía a la ciudad de la eterna primavera. Así entre línea y línea se ha trazado la historia de la nueva Medellín. Una Medellín que me imagino con sus comunas integradas, con esa multicultura de ciudadanos increíbles, amables y con los brazos abiertos a los cambios. Una Medellín educada, que ama lo que hace y lo que tiene, que refleja el valor del respeto por el otro y por si mismo. Una Medellín estratégica y tolerante, donde las únicas barreras que hayan sean las quebrantadas al saludar al otro, al ceder un puesto, al dar las gracias y al sonreír a los demás sin conocerlos.

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