Vocerrante – Programa del 9 de julio de 2015

Todos los jueves de 23:00 a 00:00 (único horario que avanza hacia el principio) Por Arinfoplay (www.arinfo.com.ar/notix/sociedad.htm)

Escuchado en el sexto programa de Vocerrante (el 9 de julio de 2015)

Las aves

Atemorizado por los rumores acerca de la batalla, las seguridades en orden a la preparación del enemigo, el indignantes pueblo de Coz, y las inconveniencias del terreno en donde se debían llevar a cabo las acciones, Arsenutconvocó a todos sus augures.

Los augures son personas muy inseguras. En tanto interpretan señales en la forma o dirección de las piedras, el canto o el vuelo de los pájaros, el viento, la espiga, la forma de los granos, el orden de los granos, el ruido de la lluvia, el modo de la lluvia, la disposición de las cucharas, la puntería del orín, el musgo en las paredes, el corte en las entrañas, los dolores, las roturas y las cicatrices, casi no pueden moverse, sin alterar el curso de los siglos.

Hallaron el día y la hora propicias, por la que discutieron y disintieron largamente, y se presentaron todos ellos en el salón del palacio que tiene tres ventanas, eliminada u oscurecida la que daba al norte, punto cardinal en el que se encontraba el enemigo.

A primerísima hora del día, con el Sol apenas asomando, los tres augures declararon que no debía tener lugar el ataque sino hasta que de las entrañas de un zargal, un ave característica de los pantanos de un vistoso plumaje azul, se distinguiera un hígado dorado.

Fue el día y la noche más larga para el zargal. Todos fueron atrapados por los soldados del reino, abiertos y desentrañados para su examinación.

Ninguno. Ningún zargal, como es de suponer, exhibía su hígado dorado.

Ante la decepción de Arsenut, y los corrillos y noticias de que los augures promovían la paz con el pueblo de Coz, uno de sus más fieles soldados pintó el hígado de un ave.

El ataque se realizó y Arsenut se alzó con la victoria. Una victoria apenas cubierta con tintes de sedería, y sobre la que cualquier tizne de rocío o humedad se cernía sombría e inminentemente amenazante.

Una vez impuesta la ley, hay que amurallarla, ya que todo lo que esté fuera de la ley se transforma en enemigo.

El futuro confunde por su fuero incontrolable. Por eso siempre la ciencia ha querido acabarlo.

Así las cosas, y alertado el emperador, todos los ejemplares de zargal fueron fundidos en oro con el oro de sus conquistas.

A partir de allí, el zargal pasó a llamarse “águila romana”, sólo había de oro macizo, y ninguno volaba, de lo que tomaron debida nota todos los ornitólogos del reino.

Y en cuanto desde una remota aldea, en un remoto pueblo, de una remota provincia del territorio conquistado se indicó la remota posibilidad de que pudiera haberse avistado un viejo zargal, se negaron absolutamente los testimonios, la morfología y la existencia de esa ave, atribuyéndola a alguna fantasía local.

Era evidentemente imposible, decían, acudiendo a sus registros y clasificaciones, que existieran aves, de plumaje azul y no dorado, de carne y hueso, y para colmo ¡voladoras!.

Una vez amurallada la ley, corresponde naturalizar el muro que la protege y desconoce.

El futuro irrumpe por su deseo. Por eso siempre el mercado ha querido consumirlo.

Las águilas doradas nuevamente se fundieron para dar lugar a las monedas de oro, con la efigie de Arsenut como toda seña y aval.

Todos pugnaban por ellas, todos las atesoraban, todos las sostenían como cosa propia.

Ahora las aves ni volaban, ni siquiera tenían plumas azules o alas doradas. Poseían sólo la imagen del conquistador, un número acuñado y una forma circular. Para ir y venir, pero sobre todo, perderse, en las tierras de la conquista.

Entonces los augures, los científicos y hasta los ornitólogos las defendían como a pequeños e indefensos pichones, necesarios para tasar con ellos el agua y el aire, el pan y la vida.

Las monedas para las semillas que daban de comer en una remota aldea, de un remoto pueblo de una remota provincia del territorio conquistado, al zargal, esas aves misteriosas, fugitivas y clandestinas.

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