La noche más hermosa

  • 23/06/2015
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LA NOCHE MÁS HERMOSA

Hoy 23 de Junio de 2015, a pesar de los acontecimientos que a cada paso nos sobresaltan, mis recuerdos no han querido dejar pasar la ocasión de asaltarme, quizá para poner una sonrisa y quién sabe si también un pesar de añoranza  o alguna lágrima.

Esta noche y no otra  por mucho que se empeñen los astrónomos es y será para nosotros la “noche más hermosa”.  Unos la llaman “Litha”, otros “ Alban Heruin”, pero nosotros siempre la llamaremos “Sanjuanada”, el día de la Sanjuanada, y todo porque  la hoguera de esta noche  es lo que correcta o incorrectamente denominábamos como  “Sanjuanada”.

Recuerdo mis tiempos de infancia y primera  adolescencia, en los que repentinamente, y con la llegada de los primeros días de cierto calor en los que ya barruntábamos las vacaciones escolares estivales, y  como por una extraña alarma, nos invadía una poderosa ansiedad, pues repentinamente  alguien  recordaba que la época de la Sanjuanada era inminente.  Entonces entrábamos en una actividad febril, como si todo el sosiego invernal se transformara en adrenalina pura corriendo por las jóvenes venas.

Entonces  éramos muchos,  y las calles se llenaban de chavales alborotando por doquier (época o “preépoca” del  “baby boom”), todos teníamos y pertenecíamos a nuestra correspondiente cuadrilla, no recordamos como se conformó esa cuadrilla, era como si ya hubiéramos nacido dentro de ella. Y aunque no lo recordáramos, supimos desde siempre que esa cuadrilla sería como la otra familia nuestra a la que permaneceríamos ligados para toda la vida.

Todas y cada una de las cuadrillas nos afanábamos en construir la Sanjuanada más grande, era como una cuestión de orgullo y honor.  Durante semanas planeábamos un lugar al que ir para dar el “golpe” imprescindible para comenzar la anual hazaña; debíamos decidirnos por algún pinar cercano al que nos dirigiríamos  a hurtadillas cual arriesgados delincuentes y talar el árbol  que mejor se adaptara a nuestras necesidades.  Una vez talado, le quitábamos las ramas y lo transportábamos con la máxima celeridad al lugar más cercano a nuestras casas en el que fuera factible montar la futura Sanjuanada.  Después con una serie de ropas viejas y hierba, aparejábamos una especie de muñeco al que amarrábamos  a la punta del madero de pino que tras terribles esfuerzos seguidamente izábamos.

A partir de ese momento, ya solo quedaba acaparar todo tipo de material combustible.  Valía todo, no nos cansábamos de recorrer obras pidiendo o robando tablones, solicitando por todos los comercios cajas de madera o de cartón, pedíamos muebles viejos del que se quisieran deshacer en algunas viviendas, etc.  Revolvíamos Roma con Santiago para ir engordando la futura pira. Sobra decir que también se producían asaltos a las Sanjuanadas ajenas, lo que conllevaba más de una terrible discusión y alguna que otra pelea.

Otra de las actividades de esos días era la de recaudar dinero.  Íbamos  casa por casa pidiendo dinero para la Sanjuanada.  Imagínense a cientos y cientos de chavales tocando timbres tarde tras tarde, los vecinos terminaban hartos de tanto pedigüeño suelto, aunque entre bronca y bronca siempre caía alguna peseta.

Llegado el día 23, la más terrible de las impaciencias nos asaltaba.  No veíamos el momento en que el sol se escondiese para poder prender nuestra fabulosa Sanjuanada, sin duda la más grande de todas y la mejor adornada.  Ese día, el más largo del año en cuanto a luz y el que generaba más impaciencia por desear la noche; era realmente largo y se nos hacía inacabable.  Entre discusiones y más discusiones aún sin terminar completamente de ponerse el sol,  la impaciencia acababa decidiendo el encendido final de la hoguera.  El fuego solía negarse a coger la suficiente fuerza y nos obligaba a hacer varios intentos;  pero el momento en que las llamas se apoderaban de aquel rimero de insólitos materiales y se elevaban llegando al muñeco, aquello se convertía en el más sublime de los acontecimientos.  Entonces, se iban acercando los niños más pequeños que aún no hacían hoguera, otros mayores que recordaban tiempos pasados,  se acercaban también los adultos, normalmente esos  que nos  habían soltado alguna peseta;  entonces, nosotros orgullosos de ver culminada esa ciclópea tarea, a la misma vez que nos dejábamos hipnotizar por las llamas,  nos bebíamos unas botellas de ”jariguay” y nos zampábamos las chucherías que habían sido el fruto de las vergüenzas  y apuros pasados  mendigando  de casa en casa y de la generosidad de nuestros vecinos.  Una vez extinguido el fuego, nos volvíamos cada uno a nuestra casa, y como vacíos tras tantos días de esfuerzos, dudábamos si el año venidero íbamos a tener ganas de tanto trajín.  Pero aún hubo algún año más, hasta que otros niños ya crecidos  se hicieran cargo de recoger el testigo y de continuar en años venideros con  tan “importante” tarea.

Recuerdos que quedaron tan lejanos, como frescos en nuestras mentes.  Recuerdos de los afanes individuales dentro de nuestra cuadrilla.  Recuerdos de las habilidades que cada uno de los compañeros mostraba.  Recuerdos de aquellos hermanos tan esforzados y que ya no están entre nosotros.

Recuerdos de aquellas noches que sin duda fueron  “las noches más hermosas”.

Os deseo a tod@s amig@s del Facebook, que esta noche sea realmente para vosotr@s
LA NOCHE MÁS HERMOSA.

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2 comentarios

Deja tu comentario
José Albino López Cuesta jalocu@gmx.es23 d junio d 2015 a las 17:08 (UTC)
¡Claro, Álvaro!, disculpa, ha sido un lapsus.
OS DE DESEO A TOD@S LOS AMIG@S DE BEEVOZ, QUE ESTA NOCHE DEL 23 DE JUNIO SEA PARA VOSOTR@S "LA NOCHE MÁS HERMOSA".
Álvaro Aguado23 d junio d 2015 a las 16:39 (UTC)
Muy bonito.
Pero... no sería mejor hacer la dedicatoria a tod@s l@s amig@s de Beevoz???
;)
¡¡¡¡A mi me gustan más!!!!

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