El viaje de noche

  • 05/06/2015
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Literatura

El viaje de noche

¿De ida o vuelta? me pregunto. Era la sensación de lentitud y soledad; no oía ruidos. Andaba en velocidad de crucero, plácida; solo penetraban a través de la ventana, rumores en los arrozales y el roce de la brisa nocturna con el cristal; era una sensación estática.

Me sentía cómodo en el centro de todo ese espacio ilimitado; me acompañaban luces viajeras, de una nebulosa intensidad rosácea, que contrastaban con escasas agresiones espasmódicas que se cruzaban en mi ruta.

No estaba seguro de mi ubicación; aspiraba el acre aroma marino junto al pútrido olor de las cañas y el arroz; era mi tierra, e iba hacia no sé donde. Sonaba en mi interior la voz grave de la cantante de jazz; o más bien se entrecruzaba con las entrecortadas frases de la conversación con ella durante la cena.

Recuerdo sus sonrisas que parafraseaban sus expresiones, hasta siento esos momentos de aturdimiento al mirarla. Era tal el compendio de ideas, sensaciones, emociones, y armonía, que acabé sorprendido. No era capaz de alinear, ordenar¡o nada! un auténtico pupurri de desconciertos.

Es ahora en el retorno cuando siento la figura etérea unida a notas musicales, frases inconexas, y mi emoción al verla en mi. Suave sensación de lejanía, con perfecto deseo de cancelar el tiempo; sentir en las yemas de mis dedos ese vacío que nos une, creando una fantasía nocturna con el ritmo piano de blues.

Es un sueño, el viaje no tiene término; pues me niego a poner el final de mi placer; aquello pasó, yo he aspirado el perfume de una noche, envasado en el minúsculo recuerdo de sus ojos.

A ella

Valencia 4/06/2015

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