En el metro

  • 30/05/2015
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Seres humanos desconocidos se cruzan en silencio y ,sin palabras, provocan sensaciones y emociones en otros sin saberlo.

Son las siete de la tarde de un viernes de primavera luminoso que empieza ya a declinar lentamente.Paseo nerviosamente por el andén de metro,esperando que llegue para dirigirme al centro de la ciudad.Levanto la vista y miro el panel informativo.Cinco minutos faltan para que aparezca en la lejanía el deseado convoy.

Dos chicas jóvenes de unos 15 o 16 años, Loli y Susana,les van esos nombres,vestidas con sus mejores galas,ríen alegres ajenas a las miradas de la gente.Están felices porque se van de fiesta.Suena el móvil de una de ellas que coge presurosa la llamada.Alguien la llama para quedar en un sitio y a una hora determinada.Consulta con la amiga y asiente entre carcajadas.

Sentada en un banco,una señora superenjoyada,llamémosla doña Pilar,porque tiene cara de ese nombre, contempla la escena con una sonrisa en los labios.Va peinada de peluquería,vestida de marca y a todo detalle.Quizás-pienso-también se va de fiesta,pero con amigas de su estilo,claro está.Si en estos momentos apareciera un ladronzuelo de esos que lleva el radar encendido para detectar oro y objetos de valor,estaría en su día de suerte-me digo.

El tiempo de espera se me está haciendo eterno.Quedan aún dos minutos.Suena un móvil insistentemente.Doña Pilar,con toda parsimonia abre el bolso,toma el aparato y contesta.Suponía bien porque es una amiga que la espera y se está impacientando.La calma diciéndole que en diez minutos estará en la cita,que se tome algo a su salud mientras espera.No sé cómo le  le habrá parecido a la otra el plan,pero bueno.

Me siento a su lado,no sé para qué porque ya no falta ni un minuto para que montemos en el metro.Las dos observamos el paisaje y el paisanaje sin decir ni una sola palabra.

Por fin,el traqueteo de los vagones anuncia el final de la espera.Nos levantamos como por resorte y después de dejar salir,entramos en busca de asiento.Tengo la suerte de encontrar sitio al lado de la ventana Estoy sola!Qué suerte!

Ésta no dura mucho porque en la siguiente parada tres personas ocupan los lugares vacíos.Una pareja joven,bueno,les echaría unos treinta años,se coloca frente a mí.

Él tiene unos ojos grandes y azules impactantes,de esos de los que te es imposible apartar la vista porque enamoran. Viste ropa deportiva  y se nota que se machaca en un gimnasio.Vamos que está, como vulgarmente se dice,cachas.Mentalmente le pongo de nombre Carlos porque le va al pelo.Ella  es una muchacha delgada de esas que pasan desapercibidas, con un vaquero azul  y una camiseta blanca,cara lavada,es decir,sin maquillar,cejas sin depilar y aspecto poco cuidado en comparación con el maromo que llevaba al lado.De todas las maneras,él está embelesado con ella.Le echa unas miradas que bien quisiera yo para mí.Vamos que se nota que anda coladito por los huesos de Tere,vamos a llamarla así.Los observo detenidamente,cuando de repente se levantan y se bajan en la siguiente estación.

Nuevas caras: un matrimonio hispanoamericano de unos cuarenta años con una niña que puede rondar los diez.Magui ,que es el nombre que pienso nada más verla,es una mujer gruesa, pero atractiva,de grandes ojos negros rasgados,pelo rubio bastante mal teñido,camiseta gris metálica,leggins negros y bolso de cuero negro bastante desgastado.Su voz cálida contrasta con la de su marido Norman,un tiarrón de pelo castaño recien cortado y ojos marrones profundos con pantalones vaqueros tipo bermudas,camiseta deportiva y bambas de color crema.Magui no para de mandar mensajes por el móvil y comenta con su marido lo que le contestan.Mientras tanto,Nina,la niña,con sus pantaloncitos vaqueros amarillos,camiseta de Disney a juego y bolsito bandolera muy cuco, juega con otro móvil de mayor tamaño que el de su progenitora.

La complicidad entre la pareja es muy grande.La mirada de ella es la de una mujer enamorada que admira a su chico.El,a su vez,observa a sus dos luceros,su mujer y su hija y sonríe feliz a la par que toma cariñosamente la mano de Magui.La verdad es que da gusto verlos.

Me siento genial ,quizá con un poco de envidia sana y vagando en mis recuerdos,cuando al llegar a la siguiente parada,se levantan y desaparen ante mis ojos.

Casí he llegado a mi destino y ni me he dado cuenta.Vuelvo a la realidad y cuando llego mi parada,bajo contenta.

Loli,Susana,Doña Pilar,Carlos,Tere,Magui,Norman y Nina me han alegrado mientras han estado cerca de mí.¿Qué importa cómo se llamen en realidad?

Quizá no los vuelva a ver nunca más,pero,sin ellos saberlo,en sólo unos minutos,me han dejado una bonita sensación en el cuerpo.Les doy las gracias mentalmente y me encamino hacia la salida de la estación a seguir con mi vida como ellos.

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