¡Oh por Dios!, qué gran comedia

Una historia que tiene como principal característica, la risa. Carcajadas de principio a fin, en una narración que todos conocemos pero que pocos se atreven a tocar.

Llegué a Barranco. A ese distrito pintoresco, lleno de construcciones coloniales pero sobre todo mucho arte por la calles. Es viernes y lo puedo notar. La gente va y viene entre risas y muchas palabras. Camino y encuentro una entrada que dice “teatro Ensamble”. Ingreso y me presento a la señorita recepcionista y en cinco minutos ya estoy adentro. Varios asientos aún vacíos, un espacio amplio pero modesto vislumbran un ambiente sencillo pero acogedor.

LA ENTREVISTA

Manuel Gold

Sentado en el escenario, delante del telón me espera Manuel Gold. Nos saludamos y lo primero que le pregunto es por su personaje. “Cuéntame de qué trata”, le digo. Y me doy con la sorpresa de que su personaje engloba muchos otros más: “Todos hacemos muchos personajes. Cada uno interpreta a un actor que tiene una postura ante la religión católica. Mi personaje no cree en Dios, es totalmente ateo pero a pesar de eso tiene que cumplir la misión que le han encomendado, que es contar la biblia de la mejor manera posible”, me dice. Atrás, Guillermo Castañeda espera su turno y escucha con una sonrisa. Sigo con Manuel y le pido un motivo por el cual las personas deben venir a ver la obra, y me dice que deben hacerlo porque van a ver a tres actores durante una hora y media, haciendo 15 personajes cada uno y todo lo que se puedan imaginar.

Guillermo Contreras

Es el turno de Guillermo y no dejo pasar una pregunta un poco áspera pero necesaria: “¿Esta puesta en escena no podrá herir susceptibilidades?”. Con la misma sonrisa de hace un rato y que lo caracteriza, me responde: “Tocamos directamente el texto de la biblia. No es que analicemos la religión, ni las iglesias, ni nada. Incluso, al final de la obra terminamos con una canción que dice que no importa en que tú creas, sino que te diviertas. Si hay críticas pero son para otro lado”. Basta con verlo para darse cuenta de la emoción de estar a unos minutos de salir al escenario. “La gente tiene que venir porque es un proyecto personal. Mis compañeros, yo y Rocío Tovar, nos unimos para hacerlo y eso ya no es tan convencional. Ver gente que apuesta por hacer teatro, sin una productora que lo financie, ya no es usual. Hemos ensayado mucho e invertido también”, fue con lo que culminó el actor.

Franco Cabrera

Ya dentro de los camarines, entre risas, empiezo una conversación muy amable con Franco Cabrera, quien en la ficción es un hombre que estudió actuación y llevó una educación religiosa, como el actor que lo interpreta. Fraggati, en la obra, también cree en Dios, sin embargo cree más en él mismo. “Es ésta la diferencia del personaje conmigo”, me dice Franco. “Nosotros tres no vamos a trabajar nunca más en algo, esta va a ser la única oportunidad en que nos juntemos”, asegura entre risas.

Bajo la dirección de Rocío Tovar

Rocío, quien ya estaba ahí, interrumpe: “Parte mucho de cómo son ellos. A cada uno lo vas a ver en su rol, yo lo que hago es aprovechar lo que ellos son y lo potencio. Están jugando con ellos mismos”. Alrededor, hay gente de producción caminando de aquí para allá. Están ultimando los detalles, ya que sólo faltan diez minutos para que empiece el espectáculo. Y Tovar continúa, “Han chambeado mucho para que este proyecto salga. Conseguir esta química y este contraste por el tipo de ser de estos actores, es una combinación muy rica que difícilmente se repita”. No podía dejar de pedirle el motivo por el cual ella considera que hay gente que no debe dejar de venir, “Realmente es una comedia hecha hasta el mínimo detalle en niveles de actuación, en forma de contarte la biblia, siempre pensando en que el público no se desconecte. Se van a reír toda la obra, cada dos minutos. Sería una pena que se la pierdan”, finaliza.

Falta poco y las expectativas crecen cada vez más

Me despido de todos y les deseo mucha suerte, aunque creo que no la necesitan. Salgo de los camarines y me siento. Estoy ansiosa para que empiece la gran propuesta teatral de la que me habían hablado tan bien amigos, sus protagonistas y creadores. ¡Y que empiece la función!, lo demás es solo risas, se los aseguro.

 

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