Espectros de Marx

  • 22/05/2015
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Vivimos un tiempo donde la política ha dejado de ser una opción por la gestión de lo común y se ha convertido en un obsceno ejercicio de consumismo electoral.

" Espectros de Marx" es la obra, de la última época de Derrida, donde éste asume la tarea inaplazable ( después de la caída del muro y el fin de la utopía comunista) de deconstruir la tradición marxista. Derrida clama contra todos aquellos que buscan priorizar la fidelidad a la voluntad originaria del intelectual, sobre la inexcusable tarea de salvar al marxismo de su espiral onanista, de continua reformulación interna de sus propias verdades, de depuración de impurezas y contaminaciones que "desvirtúan " la verdadera voluntad de Marx. No se trata tanto de ver en qué acertó o se equivocó Marx, cuanto de analizar si el marxismo es una ideología que nos permite liberarnos de la metafísica de la presencia, de la esclavitud de la verdad como correspondencia. El maestro Derrida concluye que el marxismo está vigente en la medida en que todos necesitamos una utopía de la salvación. No en vano, la idea de la salvación es una constante en el pensamiento moderno, desde que Lutero concluyó que sólo por la fe somos salvados, con independencia de mediaciones institucionales. El marxismo es liberador en la medida en que sirve para mantener la esperanza de la salvación viva. Quizás esa sea la razón por la cual, todavía el pensamiento de izquierdas sigue cautivando a generaciones enteras, con independencia de experiencias históricas más o menos afortunadas. En el mundo posmoderno nos sentimos menos seguros, más frágiles y más alienados que nunca. Ni las tradiciones, ni las estructuras económicas del tardo capitalismo, ni las religiones al uso parecen otorgarnos esperanza alguna. O nos abandonamos al nihilismo del pensamiento posmoderno y nos convertimos en discípulos de la sospecha, como Nietzsche, o volvemos a la utopía socialista. Al final Marx no estaba tan lejos de los Fourier y compañía, todos aquellos socialistas no científicos, a los que con tanto desdén miraba el germano. El marxismo como mera esperanza de salvación , razón de su éxito y al mismo tiempo de su continua crisis y reformulación presente. Una tentación de la izquierda puede consistir en sustituir esa idea regulativa del fin de las alienaciones por la confortabilidad del poder inmediato, de convertirse en una “idea más” dentro del “mercado electoral”. Renunciar a la utopía , por la dictadura de las urnas. La democracia como gobierno del demos, sustituida por la dictadura demoscópica, de las encuestas, los sondeos de opinión y las perspectivas electorales

Las campañas electorales, dentro de la tónica posmodernista en la que estamos instalados, se han convertido en un reflejo de la sociedad de consumo en la que estamos instalados, en esa sociedad del espectáculo que denunciaba Debord. Ya no se trata de cambiar la sociedad sino de entrar en la dinámica de la “ compra “ del voto, de la promesa del mejor producto.......A algunos políticos ya sólo les falta incluir el comodín por antonomasia del consumismo, “ Si no queda satisfecho de la devolvemos el dinero”. Otro fenómeno frecuente en las campañas electorales es el de la sustitución del debate y al confrontación de ideas por el recurso fácil a la descalificación global y gratuita del adversario. El debate político sustituye las referencias obligadas a los clásicos como Lenin, Marx, Althusser, Laclau, Hobbes, Locke o Constant , por las soflamas baratas y el lenguaje tabernario. Cada vez son más intelectualmente inanes, más caras y sirven para menos cosas.

Otra tendencia preocupante en nuestra cada vez más caduca y agonizante democracia ( si es que alguna vez la hubo, visto el fraude del 78) es la tendencia de ciertos partidos, en este caso el PP, a presentar un escenario apocalíptico caso de no resultar ganadores. Angustiar al electorado con la amenaza del fin de la democracia, caso de Esperanza Aguirre, es un chantaje intolerable, más propio de sectas instaladas en el fanatismo más absoluto que en formaciones políticas, que buscan persuadir y convencer de las bondades de sus políticas. El PP ha sustituido el discurso ( si alguna vez lo tuvo) por el chantaje, la propuesta por la descalificación ad hominem.

Tampoco ciertas formaciones políticas jóvenes se han caracterizado por contribuir demasiado a cambiar esa inercias. Algunas, como C's, se presentan como el cambio sensato, ¿ Es que alguien piensa que los ciudadanos ( los de verdad) no son sensatos cuando deciden dar su voto a otra opción política de cambio?. Ese eslogan recuerda demasiado al de la UCD cuando en 1977 se presentaba como la opción segura hacia la democracia, en un ejercicio de cínico paternalismo del que nos ha costado casi cuarenta años librarnos. La otra formación emergente, Podemos, ha cambiado su discurso “radical” por un refrito de socialdemocracia pasado por el tamiz del eslogan de absorción rápida, quizás esperando que los ciudadanos ( no los televidentes) en un ejercicio de pereza intelectual queden seducidos por ese ejercicio de barriosesamismo político. Si algo han demandado los ciudadanos, los que salieron en tromba a las calles el famoso 15-M, es su derecho a ser tratados como adultos, a no renunciar a su derecho a establecer un nuevo reparto de lo sensible que diría Rancière, entendido como un nuevo espacio para la política, sin caciquismos pero tampoco dominado por los paternalismos. Cuarenta años de paternalismo Franquista y otros casi cuarenta de engaño masivo han terminado por convencer a la ciudadanía.

Quizás se me acuse de utopismo y de negar la evidencia de que en las sociedades demo-liberales acceder al poder a través del mecanismo electoral al uso es la única forma viable de cambiar las cosas. No se me malinterprete, no va por ahí mi reflexión. Acudir a las citas electorales y pretender ganarlas es el objetivo fundamental de toda formación política. Otra cosa distinta es determinar la manera de hacer política, sin incurrir en el electoralismo, el conformismo y el seguidismo de lo que todos hacen. Sin asumir que estamos delante de ciudadanos maduros y no ante clientes-electores no se puede aspirar a cambiar nada.

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