TELÉFONO ROJO, VOLAMOS HACIA MOSCÚ 1964

  • 29/12/2014
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Parodia Negra de la guerra fría

Teléfono rojo" constituye la única incursión del enigmático director Stanley Kubrick en el género de la comedia. El neoyorkino deconstruye la arquitectura clásica de la comedia, utilizando sentidos subyacentes en la elaboración de muchos de los gags de la película, que constituyen críticas ácidas y muy mordaces tanto de la relación clásica entre militarismo y capitalismo (según la clásica interpretación marxista), de la propia estrategia militar de la guerra fría, basada en la idea de disuasión mutua , como por ultimo de las implicaciones , que según la teoría psicoanalítica clásica , existen entre las dos pulsiones básicas de la psique- humana: el impulso del “eros” y la prevalencia de la idea de Thanathos (muerte).

De todo ello resulta una película, que podemos catalogar como una verdadera comedia negra, cuyos exponentes más claros en la historia del cine pueden ser títulos como los de “ Arsénico por compasión“ de Frank Capra, “American Beauty” de Sam Mendes o “El honor de los Prizzi” de John Houston. Lo verdaderamente notable en el caso de "Teléfono Rojo" es la traslación de dicho modelo narrativo, el de la comedia negra, al ámbito del cine bélico. Ciertamente en la historia del cine bélico anterior a “Teléfono rojo” predominan los títulos críticos con el militarismo (el propio Kubrick con su obra anterior “Senderos de Gloria”) como pueden ser “Sin novedad en el frente” de Lewis Mileston o “El gran desfile“ de King Vidor. Sin embargo la sátira militar, al menos la inteligente, no se he prodigado en demasía en la historia del cine. Junto a "Teléfono rojo" encontramos títulos sobresalientes como “Mash” de Robert Allman o la incomprendida e injustamente valorada obra satírica de ciencia ficción militar “Starship Troopers” de Paul Verhoeven.

 

La película nos cuenta la historia del general de la fuerza aérea de los EEUU Jack D Ripper, comandante de la base de Bulperson, quien convencido de que los comunistas están intentando apoderarse de las estructuras gubernamentales, a través de la fluorización del agua, decide por su cuenta y riesgo ordenar un ataque nuclear sobre la URSS que debe ser llevado a cabo por la flota de bombarderos B-52.

 

Para evitar que su plan resulte frustrado decide cerrar la base y cortar toda comunicación con los aviones en combate mediante el cifrado de una clave que sólo él conoce.. El Presidente de los Estados Unidos Merkin Muffley (Peter Sellers) es informado de la situación y, reunido a la Sala de la Gran Guerra con los máximos responsables políticos y militares del país, intenta encontrar una solución diplomática a un conflicto que puede provocar la destrucción del mundo.

 

Mientras tanto, el capitán de la RAF (Lionel Mandrake), también interpretado por Peter Sellers, una vez se da cuenta de lo disparatado del plan y de la demencia de su superior intentará encontrar la clave para comunicarse con los bombarderos y bloquear el ataque.

 

El presidente Muffin, en contra de las opinión de su jefe se estado mayor , el general Buck Turgidson (George C Scott,) se pone en contacto con el presidente de la URSS, Dimitri, para recabar su colaboración y evitar una escalada nuclear que extinga la vida sobre la Tierra. No obstante, el presidente americano descubre que los rusos tienen previsto un plan llamado "Dispositivo del Juicio Final", el cual se activaría automáticamente en caso de detectar un ataque nuclear sobre territorio de la Unión Soviética, destruyendo toda vida sobre la faz de la Tierra por contaminación radiactiva.

 

El Dr. Strangelove (Peter Sellers), ex científico nazi y asesor del presidente, explica al personal congregado en el salón de guerra del Pentágono cómo el dispositivo es una extensión natural de la estrategia de la Guerra Fría de la destrucción mutua asegurada, que opera como disuasor a un intercambio nuclear real. Es más, la máquina no puede desconectarse, pues esto disminuiría su valor disuasorio.

 

El título de la película,en su traducción al español como “Teléfono rojo”, responde más fielmente a la idea original en la que se basa la novela que sirve de base a la película (“Red Alert” de Peter George). La idea de la novela de Peter Green es reflejar una distopía donde un general agonizante y paranoico ordena un ataque suicida nuclear sobre la URSS, obligando a los presidentes de USA y su homólogo soviético a luchar contrarreloj para evitar una hecatombe nuclear. Para ello tienen que hacer uso del denominado “teléfono rojo”, mecanismo de comunicación directa ente dos países estratégicamente enfrentados por la dominación del planeta. La idea inicial de Kubrick era la de respetar este tono dramático que predomina en el best-seller de Green. Sin embargo, Kubrick , influido por la lectura de una obra paródica de la era nuclear (“Cuna de Gato” de Kurt Vonnegut) y por las sugerencias del guionista de la película Terry Southern, opta por un tratamiento paródico. Esta voluntad satírica está presente en elementos extra-diegéticos como ciertos carteles o la propia banda sonora, especialmente la canción final de Vera Lynn “We'll meet again" mientras observamos la sucesión escénica de múltiples hongos nucleares que asolan el planeta.

 

"Teléfono rojo" es una comedia donde el análisis de los personajes resulta esencial para la cabal compresión de la película. Constituye todo un alarde interpretativo de Peter Sellers, que ya había trabajado con Kubrick en "Lolita" y que encarna nada menos que tres personajes .

 

Por un lado Sellers es el capitan de la RAF Lionel Mandrake que personifica toda la flema, la prudencia y el common sense con la que se asocia al típico oficial británico, que contrasta con la paranoia esquizoide de su superior, el general Jack D Ripper, interpretado por el actor Sterlyn Hayden, que trabajó en atraco perfecto con Kubrick.

 

El personaje de Ripper es un homosexual que rechaza su condición, de hecho atribuye su falta de vigor sexual a la fluorización comunista del agua. Es también un anticomunista furibundo que está obsesionado con un complot soviético para adueñarse de los EEUU. En dicho personaje hay una clara personificación del McCarthysmo.

 

Por otro lado, Sellers interpreta al lacónico presidente Muffley, que se ve sobrepasado por los mandos militares del Pentágono que conrtocircuitan cualquier posibilidad del poder civil de meter en cintura a los militares, siempre dispuestos a ensayar nuevos protocolos de defensa, por absurdos e increíbles que parezcan. Aquí estamos ante la sátira de un situación que ya había denunciado Frankenheimer en su película “Siete días de mayo": la proliferación de agencias y protocolos miiitares que permanecían ocultos al presidente Kennedy.

 

Finalmente Sellers interpreta al personaje del Dr Strangelove, una actuación basada en buena medida en la improvisación. El Dr Strangelove, ex científico nazi y asesor del presidente, explica al personal congregado en el salón de guerra del Pentágono cómo el dispositivo del juicio final es una extensión natural de la estrategia de la Guerra Fría de la destrucción mutua asegurada, que opera como disuasor en caso de producirse un intercambio nuclear real. Es más, la máquina no puede desconectarse, pues esto disminuiría su valor disuasorio. En el discurso final de este personaje, vemos la clara unión entre Tanatos y Eros, de la que hablaba Freud, en ese alegato final que hace el antiguo nazi en favor de una repoblación del planeta por superhombres, que previamente seleccionados según sus dotes genéticas, y escondidos de los peligros de la radicación, se dedicarían tanto a la satisfacción de todos sus oscuros deseos sexuales (en una proporción de 10 mujeres por hombre), como a la creación de una nueva humanidad. Este discurso, plagado de tics hitlerianos, constituye una auténtica parodia del ideal nazi, tomado del ubermensch nietzscheano.

 

También es muy destacable la actuación de George C Scott, en el papel del general Turgidson. El histrionismo del general Scott enfatiza mucho el carácter absolutamente desapegado de la realidad de los mandos militares, más interesados en la defensa de sus intereses corporativos que en el más puro sentido común. Por ultimo, hay que hablar del cowboy TJ King Kong, interpretado por el actor de westerns de serie B Slim Pickens, quien tiene una escena memorable al final de la película mientras cabalga cual cowboy sobre un misil. Escena que sin duda constituye una carga de profundidad contra el western clásico de Hollywood, cuyo arquetipo más clásico quizás sea el fordiano, en el que muchos críticos han creído ver una exaltación de los valores castrenses del imperalismo americano.

 

Se pensó en John Wayne para el papel, pero, como se pueden imaginar, sus convicciones profundamente republicanas y su sentido de reverencial respeto a las fuerzas armadas, le llevaron a rechazar tan osada propuesta.

 

En la película destaca el carácter realista de los escenarios (la base, el bombardero, la sala de guerra del Pentágono) reconstruidos a partir de fotografís y en el caso del avión inspirándose parcialmente en el bombardero antecesor, el famoso B-17, pues en aquella época el B-52 era un avión muy avanzado y su configuración interna constituía un secreto militar.

No obstante, el contraste lumínico a la hora de presentar a ciertos personajes, como el doctor Strangelove o ciertas forma geométricas de la sala de guerra o los paneles de mando donde se sitúa la flota de aviones, tienen, para algunos críticos, caracteres expresionistas o caligaristas. También destaca la composición fija de estas escenas interiores que alejan a Kubrick de la idea de la cámara liquida o composición variable de escenas, propias del cine de Ophuls que tanto había influido en sus primeros trabajos.

 

Esta ambientación realista de situaciones y escenarios (es muy lograda la escena bélica de la toma de la base de Bulperson, rodada por Kubrick con un marcado carácter documentalista, cámara en mano y con luz natural, anticipando dicho uso en “Barry Lyndon”, contrasta con el carácter paródico y rayano en lo hilarante de la presentación y relaciones de los personajes

 

Ejemplos de estos hay muchos en la película, como cuando en la sala de guerra, el embajador ruso Sadesky y el general Turgidson se pelean cuando éste último descubre que el embajador está haciendo espionaje de secretos militares con una micro cámara y el presidente Muffley les recrimina comportarse de esa manera en un “lugar como ese”(la sala de guerra) o la famosa escena de la Coca-cola cuando el capitán Mandrake se ve obligado a disparar a una máquina expendedora de refrescos para obtener monedas con las que ponerse en contacto telefónico con el Pentágono y es advertido por un oficial americano, que previamente ha tomado la base, del riesgo de ser objeto de una demanda por la compañía Coca-Cola por ello.

 

Hay, a mi juicio, por último, dos temas que no son demasiado analizados cuando se habla de esta película. Por un lado está el hecho de la elección de la fluorización del agua, como mecanismo de invasión que lleva al paranoico general Jack D Ripper a su desproporcionada medida. Esta elección en el guión no es aleatoria y obedece a una lógica psicoanalítica, que ya mencionábamos antes. El flúor es un elemento químico que tiene la aplicación terapéutica de proteger el esmalte dental, mineral hidroxiapatita, que puede resultar afectado por los ácidos que generan ciertas bacterias responsables de las caries en sus procesos de metabolización de los azúcares. El ion fluoruro tiene la propiedad de evitar este deterioro transformando la hidroxiapatita en la apatita fluorada más resistente a los ácidos generados por las bacterias. Básicamente y en términos más coloquiales, evita la pérdida de tejido dental. Para la teoria psicoanalítica los sueños relativos a la pérdida dental se asocian al miedo a la maduración , a la vejez y sobre todo a la pérdida de la inocencia. El freudo-marxismo denuncia la pérdida de la inociencia original que lleva aparejada el capitalismo, donde el hombre se cosifica y se mercantiliza y su psique se ve alienada por la lógica de la mercantilización de la vida. Los comunistas, en la “ilógica-lógica” del general Ripper, buscarían con la fluorizacion del agua revertir dicho proceso y acabar con los fundamentos capitalistas de la sociedad americana..

 

Por último, el final de la película es tributario de una concepción esencialmente pesimista de la condición humana. Observamos , como una vez que ya todo está perdido, y la solución final del Dr Strangelove deberá ser puesta en práctica, el embajador ruso continúa haciendo fotos de secretos militares para una vez recobrada la humanidad iniciar una nueva lucha por la supremacía. Este hecho junto con el simbolismo de las imágenes que se suceden de hongos nucleares en continua deflagración nos remite a una concepción circular de la condición humana que la lleva a repetir una y otra vez, como si de un bucle se tratara, una lógica militarista que siempre resulta en una ilógica consecuencia: la destrucción de la propia especie.

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