Argumentos para andar

Argumentos - Semilla de la narración

ARGUMENTOS EN “CUADERNO DE SEMILLAS”

Todos los argumentos vertidos en el blog “Cuaderno de Semillas”, de y por Raúl Alberto Ceruti.

(Ordenados de los más nuevos a los más viejos.)

 

Semillas que crecen en la distancia

Raúl Alberto Ceruti

I – Cuestiones

1. Hay distancia entre los verbos, como la hay entre los sustantivos?

2. Hay distancia entre las voces como la hay entre las palabras?

3. Hay distancia entre los sonidos, como la hay entre las imágenes?

4. Las distancias en la memoria ¿son equidistantes?

5. Las distancias de la memoria se alejan o se acercan del ya, del entonces, del ahora, o del siempre?

6. ¿Hay gravedad sin distancia?. ¿Hay distancia sin gravedad?

7. ¿Puede haber algo más lejano que el silencio?

8. Cuando tocamos, palpamos, damos un abrazo… Tocamos, palpamos, abrazamos la distancia?

9. ¿Hay otra distancia que la del tiempo y la del espacio?

II – Derivaciones

1. El camino acorta la distancia siendo la distancia. Luego la distancia acorta el camino.

2. Distancia es el tiempo que nos lleva recorrerla, abatirla, desandarla.

Si nada es más veloz que luz, luego la luz carece de distancia.

3. Hablamos de distancia sólo cuando llevamos la perspectiva de un encuentro. Sin encuentro presente, pasado o futuro, no hablamos de distancia sino de espacio.

III – Desafíos

1. Probar de contar un relato desde la distancia. No desde quien llega, ni de quien se va, sino desde la distancia. La distancia como sujeto, estirándose y estrechándose, ablandándose y endureciéndose. La distancia en tensión con otras distancias.

2. Realizar un experimento con dos o más personas aleatorias a las que se les pedirá que vayan acortando sus distancias de a un centímetro por día a las cuatro de la tarde. Comenzar con un metro y observar si ese acercamiento atrae otros acercamientos en la misma medida o proporción, o si aleja algunos otros en medida suficientemente relacionable.

3. Conducir a dos o más personas aleatorias, que no se conocen ni se ven entre sí, a través de pasajes, detalles, caminos, datos o apariciones en común. Provocar por ejemplo, a una en Catamarca y a otra en Buenos Aires, a la misma hora, el mismo estímulo sonoro, el mismo impacto visual, la misma secuencia de baldosas… Y esperar a que una palabra, un gesto, una indicación, los acerque.

 

Semillas que crecen en el círculo I

Raúl Alberto Ceruti

Ensayo para escribir una historia que pueda leerse a partir de cualquier episodio, y en cualquier dirección.

 

TRAZAS

(Relato Circular)

El silencio no sucede.

El silencio ha sucedido.

El silencio es la víspera, la latencia.

La huella que disipa el camino transitado.

La penumbra o la antepuerta.

 

El silencio no es presente

Es lo presentido.

Es el signo anterior a su significado.

 

Todos llevaban linternas en sus manos, para abrirse camino en la madrugada.

Stefan Koldon, bajito y encorvado, hilvanaba palabras ya que todos marchaban sin producir sonido. El suyo era un murmullo inagotable, inflexiones del viento entre los dientes y la lengua. Un sonido tan lejano e imperceptible que se hacía transparente con todos sus sentidos.

La marcha imponía el ritmo de la letanía. Pero su pensamiento y sus palabras podían derivarse a cualquier parte, tiempo o concepto, ya que al avanzar en la fila de soldados se había vuelto mecánico, despreocupado e indolente. A nadie, más allá de aquellos dos o tres que iban por delante, parecía importarles demasiado su destino.

Bruno, que iba atrás, lo veía sembrar palabras que sonaban antiguas en medio de esa agobiante actualidad de la inminencia. Le dijo:

“Algo abierto. Por allá” y señaló la espesura inextinguible. Ambos detuvieron el paso, sin acuerdo ni motivo previo. Observando sencillamente cómo el resto de sus compañeros se perdía en la oscuridad de todas las monotonías y cansancios, apagaron sus linternas, dirigiéndose a un punto de luz difusa y temblorosa.

No cruzaron mirada entre ellos, y quedaron inmóviles por un segundo: Habían escuchado de consuno un silencio que provenía del bosque.

Se separaron del resto de la tropa.

Sabían que los silencios llevaban mucho trabajo: Siglos de paciencia alrededor de un brote o de un camino. Una marca en la corteza de los árboles, una imperceptible torsión de las hojas… Una capa tras otra, para protegerlos y abrirlos, para honrarlos y contenerlos.

Doblaron sus capas, sostuvieron sus espadas, y se metieron al bosque con el máximo sigilo. A medida que se adentraban, la hojarasca que pisaban con sus botas crujían cada vez más lejos.

Lejos, los gritos de los soldados, las risas incrédulas y los cantos lentos y fogosos.

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Bruno Rústinov era joven. Había partido junto con su destacamento de la ciudad de Hóspites hacía ya veinticuatro jornadas. No sabían dónde, o más bien cuándo, iban a cruzarse al enemigo, del que no atisbaban rastro. A él le tocaba marchar junto a los últimos, por lo que era el eco de los ecos de los pasos, bártulos y forjas que lo precedían y que acompañaba. Allí, entre los rezagados, se sentía como una repetición, una añadidura, una redundancia.

Bruno retrasaba su camino sin seguir el ritmo cansado pero atento de los otros. Cada paso de la soldadesca era retenido en sus piernas, que sólo se movían un poco después, imperceptiblemente, pero siempre después. Hacía comenzar su movimiento dejando pasar un miserable instante desde el comienzo de los otros. Así se aseguraba cierta reserva, cierta soledad, cierto apartamiento.

Era de noche, y en poco tiempo se detendrían para intentar comer algo y descansar.

Detenía su mirada en el interior del bosque, donde ramas y raíces se perdían sin moverse. Su lentitud desacompasada le permitía atisbar sucesos propios del recuerdo, mezclados con los de la premonición. Así pudo vislumbrar entre las ramas, a un costado de la capilla del bosque, el lento movimiento de la hoja de la ventana de Isana abriéndose hacia él.

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Isana, envuelta y abrigada en los vapores de su cocina, agregaba sabores a la olla. Tomillo, pimienta, salvia, laurel. Los vapores defendían su pequeña cabaña del frío. Un frío metálico que por las noches tomaba formas puntiagudas.

Isana se mareaba entre las volutas de color, sabor y hervor que aspiraba entre dichosa y cansada. La bruma interior tejía telas intangibles, calores inmanentes, lugares que la recorrían y la penetraban. Cebollas, ajíes, tomates, papas, algo de hierbas de abundante aroma, un poco de semillas, y algunos huesos de carnero. Llenaban toda la cocina, la empapaban, la habitaban, la hacían dar vueltas alrededor de las ollas.

Mas, cuando los aromas comenzaron a marearla y los jugos, de volátiles tomaban formas anudadas y daban vueltas a su alrededor del mismo modo en que ella los hacía revolverse en la cocción que preparaba, abrió brevemente una ventana. Las hierbas se arremolinaron, y los cabellos de Isana, lánguidos y lacios, fueron enredados por un hilo de viento.

Por las hendijas de la ventana de Isana se introdujo un haz de luna, frío, que se asestó sobre los vahos deliciosos. Un reflejo cálido de nieve en la noche más cerrada del invierno, que extendió hasta su casa la alargada sombra del perfil de Ignacio en oración.

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Ignacio entró al templo como un penitente. Parecía estar por concluir un servicio. Se apartó del grupo de fieles que se amontonaba en la fila para comulgar y con la cabeza avanzó por la galería lateral a la que sólo llegaba el eco de los cánticos. Levantó los brazos y avanzó hasta la pequeña capilla mal iluminada.

Entonces cayó de rodillas y cerrando los ojos, recordó suavamente una plegaria. Con los brazos en alto y las rodillas en el suelo, se sentía desnudo y vulnerable.

El recuerdo era idéntico a las palabras, y el susurro ocupaba todos los rincones como un grito.

Sólo el sonido de su rezo era real. La única señal de que allí, presente, había alguien, aunque ningún otro pudiera escucharlo.

Olió el aroma de una vela encendida, sintió cómo rozaba su rostro antes de posarse ante la imagen religiosa y retuvo el calor de su llama en las sienes.

Un suave viento se coló por alguna hendija, haciendo temblar la débil llama y creando la ilusión del movimiento en su rostro.

La oración era lenta y repetitiva. Uno tras otro los verbos aprendidos y tradicionales, se iban desprendiendo y enredando, como en un tejido. Entraban y salían de su conciencia, con la misma rapidez con la que entraban y salían de su boca.

Fue entonces que la Luna lo delató, iluminándolo de una sola pincelada, cuando su mente divagaba sobre el cuerpo de ella.

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Del mismo punto desde donde emerge la Luna, una mujer hacía su recorrido matinal hacia el arroyo. Erbert Krabis debía fijar el sitio indicado donde iban a fijarse las aberturas. Todas las mañanas se afirmaba entre las rocas para verla llegar. Siempre desde un punto distinto. Levemente, muy levemente distinto.

Erbert Krabis fue moldeando el marco de la ventana de forma tal de poder seguirla. Día a día iba curvando la horizontal a fin de no dejar de verla. Esa ventana sería un modo de esperarla, de predecirla, de continuarla. Aunque hubiera que recalcular los materiales, los ángulos y las apoyaturas, fue  desviando el arco como un eco de ese trazo que ella dibujaba con su cuerpo.

Cada vez que ella iba hacia el cántaro con su vasija vacía, cada vez que ella volvía con su vasija llena, Erbert la acechaba. Conocía sus puestas y salidas, conocía sus elipsis y cansancios. Hacía tres paradas a la ida y cuatro a la vuelta. De allí la cantidad de bisagras entre las hojas de cristal.

Ella se llamaba Celan. Celan, sonaba como una hermosa campanada. Cada vez que ella se detenía, él agudizaba sus oídos para escucharla. De allí que esa nave lateral tuviera forma de gruta, y la gruta forma de conducto auditivo.

Primero fue la ventana, luego la catedral, cuyas piedras se fueron colocando a su alrededor. Primero la ventana, que dejaba proyectar la sombra de ella en su interior, iluminada por la tibia luz de una vela.

Un cántico entrecortado lo atravesó entonces, haciéndole perder la línea de sus cálculos. Sobre la que luego sería la nave principal, una fila de penitentes avanzaba, desacompasados por Teruk, y empujados por una antífona rota.

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Teruk había sido el Maestro del Coro durante nueve años en el Convento. Hasta que fuera descubierto en amoríos con la abadesa, la querida del senescal. Desde entonces, sin perder sus dotes musicales, ha vivido encantando palacios, templos, plazas y catedrales con un coro de las sombras, conformado por mendigos y malvivientes.

El coro entonaba a un pulso no secuenciado. Algunos comenzaban donde otros aún no terminaban, y otros detenían su canción abruptamente. Daba la impresión de una multiplicidad de ecos, resonando por las esquinas de las paredes. Pero ecos que eran recogidos y por los cantantes en sus gargantas.

Teruk, aparentemente, era el único que tenía conciencia intelegible de esa madeja de antífonas. Iba adelante y miraba notoriamente a todos, como intentando no ser descubierto. Arrastrando los pies a medida que la fila avanzaba, iba murmurando en extraño trabalenguas inaudible, una secuencia de exhalaciones muy llenas de consonantes, algo que quería parecerse a la versión en prosa desbrozada del cántico  que el resto de los caminantes aletargaba.

Los que se acercaban a él, apenas podían escucharlo. Pero de lejos, o entre el tumulto de la marcha, estaba claro que su voz pronunciaba el ruido de la hierba y la hojarasca, del viento entre las hojas, los grillos y los pasos al andar. Su voz era un mapa, que permitía a ciegos y videntes encontrar el camino a cualquier parte. Decía enseñar a mirar del mismo modo en que se escucha, sin párpados, oscuridades ni obstáculos.

Pero esa noche, mientras hilaban las notas, una tras otra en el camino abierto por entre esa enorme oscuridad, Salina bailó. Bailaba sus crudas y estáticas inflexiones y cadencias. Cada una de sus palabras, siseos y murmullos era interpretada como una parte de su cuerpo, que hacía una pequeña y grácil pirueta y se enlazaba a un nuevo movimiento. Teruk se vio obligado a sostener una lánguida nota cuando quedó largamente estirada sobre el suelo.

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Había sido tan herida por las palabras, que Salina sólo se expresaba con el cuerpo. Se defendía con el cuerpo. Hería con el cuerpo. Soñaba, exaltaba y quería con el cuerpo. Como si el aire fuera un fluido denso, sus movimientos eran pequeños y suaves. Iba y venía con el viento, con la bruma, con el ritmo de los versos. Danzaba las misas, las antífonas, los salmos.  Lógicamente fue expulsada de todos los templos, de forma tal que sólo iba tras Teruk y su cohorte de desafinados.

Ella detenía una nube en cielo, recostándose debajo de ella. Esa tarde levantó sus piernas, su torso, sus brazos, su mirada. Y en ese orden pudo vislumbrar la silueta de Genor abandonar el camino en la ladera de la montaña, metiéndose dentro de una nube allá en lo alto.

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Genor y sus compañeros de marcha, debían seguir por ese sendero durante toda la noche. A pesar de que la lluvia prometía descargarse a la mitad del camino. Una lluvia tan gruesa y vertical como una gruta de agua y viento, a través de la cual no se podría ver nada. De modo tal que procuraron marcar el recorrido para no extraviarse. Marcas en los árboles, en las piedras, en la tierra. Marcas que pudieran asirse, tocarse, contenerse. Marcas que pudieran navegarse, o a la que pudieran adherirse.

Iban cantando y golpeando con sus brazos el temblor de la montaña. Cada inflexión, cada golpe, cada nota, cada ritmo, coincidía con un sitio determinado. La melodía se desgranaba en filas, columnas y timbres. Comenzaba en el frente y al centro y continuaba por detrás y a los costados. Ola tras ola de sonidos se armonizaban, hasta llegar al centro, desde donde se empujaba hacia delante.

Cruzaron la nube, atravesándola, metiéndose dentro de ella. Una inmensa desnudez se tejió en el espacio. Troncos descortezados, rocas abiertas, sombras removidas… Todo estaba expuesto, la esperanza, la vergüenza y la derrota. Y un suave aroma de algas inundó el aire, al mismo tiempo que Bordan dibujaba las estrellas para la noche.

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Hasta allí sólo llegaban peregrinos. Lloraban junto a la roca, oraban junto a la roca, cantaban junto a la roca, pero luego se iban, dejando lugar a otros. Bordan, sin embargo, eligió quedarse.

De esa roca, de la que aún brotaba agua, se decía que era sobre la que había golpeado Moisés durante su éxodo interminable. Tanto fieles, como dudosos, infieles y extraños, abrían sus bocas o alzaban sus manos para recibir el contacto de esa agua inverosímil.

Bordan, sin embargo, no deseaba beberla. Prefería quedarse hasta que pudiera navegarla.

Bordan Nugris, el hombre del desierto, el que habitaba en medio de la huida, no veía signos en el agua, sino el agua, por lo que no tenía sed. No veía signos en el cielo, sino el cielo, por lo que no tenía distancia. No veía signos en los pasos, sino pasos, por lo que no tenía dirección. Se recogía en el silencio de las raíces, pero no tenía arraigo. No veía signos en su voz o en su conciencia, por lo que no tenía un yo, sino una lejana transparencia.

Quienes hablaban con él se convertían en él, con el paso de  los recuerdos. Del mismo modo en que las olas del mar conforman el mar.

Cuando Bordan vio el velero, allí debajo, abriéndose camino por el agua, comenzó a dibujar las estrellas, para no perderlo. El capitán Drobecz, que dirigía el timón, ni siquiera levantó la vista.

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Un día más en ese navío. Desde hacía ya dos años que sólo deambulaba en alta mar, una vez desembarcados los soldados. Sólo el alta mar, en cada sitio de sus ojos, como otra forma de la noche.

Todas las costas se hallaban lejos, por lo que sólo  podían orientarse con el recuerdo.

Drobecz no soportaba esa inasible continuidad de hallarse siempre en medio de todo, como un destino ebrio e insomne. En esa terrible inmensidad nada tenía sombra, forma ni contorno.

El paso indiferente de las noches y los días fue dando lugar a un sopor manifiesto, por lo que las rutinas habían comenzado a resentirse, a desarreglarse, a desprogramarse.

No el Sol, ni las estrellas, sino un camino abierto con linternas de dudoso pulso le daban descanso a su mirada horizontal.

Sólo si huyes de ti, puedes hallarte a ti mismo. Hallarte a ti mismo es no repetirte, sino aparecerte. Volver a hacer, a decir, a estar, apoltrona los movimientos, las palabras, los paisajes. Sólo en la huida alguien aparece. Por lo tanto, puedes aparecerte. Sólo en el desvío, el tiempo, del que realmente están hechas las amalgamas, sucede.

Drobecz se maravillaba siguiendo las suaves luminarias  consteladas en el agua temblorosa. En el reflejo del agua, que se había tragado todas las costas y dejado a la vista nada más el horizonte. Donde la vista y el tacto tenían el mismo alcance, ni siquiera.

Cuando Stefan Koldon apagó su linterna, Drobecz pudo recuperar una línea en el agua, que lo llevó a las venas en sus brazos, que le hicieron recuperar sus manos, otra vez afirmadas a la cuerda del navío.

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Semillas que crecen en el principio I

Raúl Ceruti

La idea es generar nuevas cosmogonías, vibrantes, sensibles, a la mano. Que puedan generar el mundo desde la habitación en la que se lo cuenta. Y que se meta cada una en el principio, paradójico principio de las cosas, derivado de la narración.   Va, como primer ensayo, el siguiente:

 

Verlo todo – iluminarlo todo

¿Se puede librar una guerra en el marco de una ventana?. Sólo bastaría que la ventana estuviera lo suficientemente alejada del campo de batalla, para configurar en sus extremos los contornos de la lucha. Una ventana sobre una montaña, en la ladera de la cumbre. O en medio del valle, o en el vértice en que descansen todos los afluentes del río.

El príncipe Dubaris quería esa ventana, para controlar todo el desarrollo de la contienda. Desde los avances de las tropas, hasta las distracciones de sus soldados. Pero esa ventana, desde la que se dominaba todos los enclaves de las tropas, todos los puntos de asalto y todos claros en que podían descansar, de forma tal que ningún árbol interrumpía el relato visual de los acontecimientos, pertenecía a una mujer, cuyos brebajes eran sospechosos de brujería.

Con tres ministros, dos consejeros y cuatro generales, se dirigió Dubaris a la casa de la supuesta bruja. Acamparon durante seis días en la orilla izquierda del marco superior de su ventana, y cada día un emisario anunciaba su comitiva y solicitaba su recepción, sin resultado alguno. En todo ese tiempo no la habían visto franquear la puerta en ninguna oportunidad, hasta que por fin, al séptimo día, la dueña de casa salió hacia afuera, y declaró: “Conozco vuestras pretensiones y respeto vuestro temor. Sabéis que desde mi ventana domino todo el horizonte, y cada uno de sus detalles. Sé, por ejemplo, que el mariscal de campo del lunar en el pómulo se escapa por la noches para encontrarse con una querida; que el general de la pierna vendada debe orinar cada cuatro horas; que el consejero del diente de oro le reza a tres distintos dioses por la mañana… Y otras cosas más que callo porque os avergonzaría. ¿A quién permitiréis conocer todo ello?. Quién de ustedes se sentará frente a mi ventana?.  En lugar de ello, os ofrezco estas cortinas, que descorreré de noche lenta pero regularmente, en ciclos de fertilidad humana. Así conocerán el ciclo y el detalle de los cuerpos celestes, y en algún momento, alcanzarán a dominarlos”.

Acordaron con ella todos los miembros de la comitiva, y la casa se elevó por encima de ellos. Así cuentan en Acervia acerbos las fases de la Luna.

 

Semillas que crecen en el calendario

 

I.

COMPLETAR LA HISTORIA

El paso del calendario juliano al gregoriano significó:

a) En los países de influencia católica, el salto del día jueves 4 de octubre de 1582 al día 15 de octubre de 1582;

b) En Francia y en el valle del Misisipi (en el actual territorio de los Estados Unidos), el salto del día jueves 4 de diciembre de 1582 al día viernes 15 de diciembre de 1582;

c) En ciertos territorios de los Países Bajos (Brabante, Zelanda y el Staten Generaal), el salto del día lunes 17 de diciembre de 1582 al día martes 28 de diciembre de 1582;

d) En el territorio actual de Bélgica, el salto del día jueves 20 de diciembre de 1582 al día viernes 31 de diciembre de 1582;

e) En ciertos otros territorios de los Países Bajos (Holanda, Flandes, Hanegan y algunas provincias del sur) el salto del viernes 21 de diciembre de 1582 al sábado 1° de enero de 1583;

f) En la zona de la actual Alemania, y en ciertos territorios de la actual Austria (Tirol, Salszburgo y Brescia) el salto del día sábado 5 de octubre de 1583 al día domingo 16 de octubre de 1583;

g) En ciertos otros territorios de la actual Austria (Carintia-Kärnten y Estiria-Steiermark), el salto del sábado 14 de diciembre de 1583 al domingo 25 de diciembre de 1583;

h) En ciertos otros territorios de los Países Bajos (Groninga) el salto del domingo 10 de febrero de 1583 al lunes 21 de febrero de 1583; y posteriormente, el salto del martes 31 de diciembre de 1700 al miércoles 12 de enero de 1701;

i) En los territorios de Bohemia, Moravia y Lusacia, el salto del  lunes 6 de enero de 1584 al martes 17 de enero de 1584.

j) En los cantones católicos de Suiza, el salto del sábado 11 de enero de 1584 al domingo 22 de enero de 1584;

k) En Slask, Silesia, el salto del domingo 12 de enero de 1584 al lunes 23 de enero de 1584;

l) En las posesiones españolas en América del Sur y Central, y en las Filipinas, el salto del viernes 4 de octubre  de 1583 al sábado 15 de octubre de 1583;

ll) En el territorio de la actual Hungría, el salto del sábado 21 de octubre de 1587 al domingo 1° de noviembre de 1587;

m) En la zona transilvana de Siebenbürgen-Ardeal-Erdély, el salto del lunes 14 de diciembre de 1590 al martes 25 de diciembre de 1590;

n) En la zona de Nueva Escocia (actual Canadá), el salto del miércoles 2 de septiembre de 1752 al jueves 14 de septiembre;

ñ) En la Prusia alemana, el salto del miércoles 22 de agosto de 1610 al jueves 2 de septiembre de 1610.

o) En la zona de Alemania protestante, Dinamarca y Noruega, el salto del domingo 18 de febrero de 1700 al lunes 1° de marzo de 1700;

p) En la zona de Güeldes-Delderland y la zona protestante holandesa, en los Países Bajos, el salto del domingo 30 de junio de 1700, al lunes 12 de julio de 1700;

q) En las zonas de Utrecht y Overijssel, también en los Países Bajos, el salto del sábado 30 de noviembre de 1700 al domingo 12 de diciembre de 1700;

r) En las zonas de Frisia y Groninga nuevamente (Países Bajos) de Berna, Basilea, Schaffhausen, Gent, Mühlhausen y Biel (Suiza), el salto del martes 31 de diciembre de 1700 al miércoles el miércoles 12 de enero de 1701;

s) En Drenthe (Países Bajos): el salto del miércoles 30 de abril de 1701 al jueves 12 de mayo de 1701;

t) En Inglaterra y sus colonias, el salto del miércoles 2 de septiembre de 1752 al jueves 14 de septiembre de 1752;

u) En Suecia y Finlandia, el salto del día miércoles 17 de febrero de 1753 al día jueves 1° de marzo de 1753;

v) En Bulgaria, el salto del día jueves 31 de marzo de 1916 al día viernes 14 de abril de 1916;

w) En Rusia y Estonia, el salto del miércoles 31 de enero de 1918 al 14 de febrero de 1918;x) En Rumania, el salto del día domingo 31 de marzo de 1919 al día lunes 14 de abril de 1919;

y) En Grecia, el salto del día miércoles 15 de febrero de 1923, al jueves 1° de marzo de 1923

En consecuencia, la historia no tiene nada que contarnos de lo sucedido durante los días que fueron saltados. Es por tanto un deber de la literatura llenar ese espacio con sendos cuentos o novelas históricas que den cuenta de los hechos acaecidos en esos días. Para ello, resulta necesario convocar a escritores, historiadores, cronistas y narradores de cada uno de dichos territorios a llevar a cabo el trabajo de indagación, investigación, rescate e invención de los posibles relatos que hubieran tenido lugar en tales fechas imposibles.

7OCT

Semillas que crecen en las tablas.

Raúl Alberto Ceruti

 

I

Desde y hasta todas partes.

Apenas se abre el telón, aparecen allí los personajes.

El escenario es un animal rendido, que aguarda paciente los movimientos. El escenario es la marioneta, cuyos hilos maneja cada uno de los actores.

El cine permite ver como si se fuera uno solo. Permite seguir la mirada de uno solo. Permite enfocarse en la mirada de uno solo.

En teatro, en cambio, puede apostarse a la multiplicación inmediata.

Cuando el telón se abra, los personajes deben estar allí.

Que cada uno de ellos disperse y multiplique el yo. Cada uno de ellos es un sentido, una orientación, un pedido.

Hasta que el yo quede aniquilado. Y sólo pueda darse realidad a los encuentros.

Los personajes, cuando están separados, pueden hablar en un idioma extraño, más o menos intelegible en virtud de una, dos o tres palabras disparadas por azar (encuentros también con nuestro propio código idiomático).

Sólo cuando se acerquen los personajes, sus palabras tendrán sentido. Podrán tejer una historia, una sucesión, un compromiso.

La promesa fundadora del género humano es la de volver a encontrarse. Lo demás es espera.

 

II

Forma del saludo.

Sobre el escenario habrá cinco mesas, con dos sillas a cada lado, cada una de ellas. En una mesa, una pareja se estará despidiendo. En otra mesa, la más inestable, una pareja estará conversando. En otra mesa, una mujer sola hace un soliloquio. En otra mesa, un hombre solo intenta retener al mozo. Y habrá una última mesa, vacía, en el centro de la luz. De a uno por vez, se invitará al público a ocupar esa mesa, y se le dará un menú cuyo contenido no podrá revelar.

Una vez que haya pasado una buena cantidad de personas, uno de los personajes solitarios finalmente se sentará junto al que se encuentre en la mesa central. Lo mirará a los ojos y le dirá:

“Usted no existe. Hasta que hable conmigo”.

 

III

Pasados apresurados y venturosos

No hay recuerdos sin encuentros.

Melancolía es la esperanza de un recuerdo. El ruego de un recuerdo.

Los recuerdos son intransferibles. Y aguardan en secretas habitaciones ser despertados o descubiertos. Habitaciones de mil puertas, con cerrojos de extrañas combinaciones.

El cine, la poesía, el teatro, son intentos de forjar sus llaves. De allí que las mejores obras no sólo nos devuelven a lugares, sensaciones o momentos ya vividos; sino que preparan los nombres, las palabras, los pasillos y las luces y ventanas, que aún no habremos dicho, recorrido, asomado o abierto.

Generar un recuerdo, como si nunca hubiera estado allí.

IV

Entonces Tres Diálogos

“¿Qué haces aquí y ahora, enfrente mío?

“Aquí y ahora, solamente te recuerdo.”

“Pero aquí estoy, nunca me he ido.

“Que las puertas no se cierren detrás tuyo no quiere decir que no las hayas atravesado.”

“¿Cómo supiste que estaría aquí?

“No lo sabía. Sólo arriesgué mi beso hacia donde estaba tu boca. Y ella aún seguía allí”

 

12SEP

Semillas que crecen en los laberintos

Raúl Alberto Ceruti

 

I

Un personaje que sólo vea las miradas, el brillo de las miradas, el flujo de las miradas, el ardor o la tibieza o el punzón de la mirada. Que guíe su camino a rafalazos de miradas. A fogonazos de miradas. Hasta que pueda descansar finalmente en la tuya.

 

II

Un animal, un vegetal, un mineral, que sólo habite en los silencios, y que vaya yendo de un silencio a otro, deslizándose entre matas, flujos, selvas, muros de ruido y de choque de distancias. Trazando un circuito interior a todo.

 

III

Un recuerdo, una decisión, una semilla, también son otros tantos laberintos.

Que crecen en las distantes y generosas alternativas.

 

IV

Alguien dibuja un rostro, Pero el rostro cambia cada vez que está a punto de darle el último trazo.

El último trazo ya no puede ser un dibujo.

Alguien camina por el sendero. Pero el sendero cambia cada vez que está a punto de darle el último paso.

El último paso ya no puede ser un sendero.

El secreto de la inmortalidad yace en los laberintos. No por evitar una salida, sino por multiplicarlas.

 

V

Contar tus cabellos es el modo más acompasado de enredarse. Extravío que consiste en siempre volver a empezar.

 

VI

Así el viento jugó con las hojas:

Confundiendo sus reflejos en mitad del mediodía.

Por lo que al caer, algunas cayeron en la sombra de otras.

 

VII

Los que van con un piolín a cruzar el laberinto no quieren cruzarlo en realidad, sino volverse.

Todo laberinto desplegado es un plano horizontal.

Por mi parte, elijo los laberintos en los que perderme.

Una voz, dos o tres notas de una melodía.

O nada más la lluvia.

11JUN

 

Semillas que crecen de espaldas

Raúl Alberto Ceruti

 

I.

Sin saber lo que ocurría a sus espaldas, caminó directo hacia el punto de impacto.

Inmediatamente fue impelido hacia atrás por la tremenda onda expansiva.

Hubiera muerto, si la pared detrás de él no hubiera estado frondosamente ocupada por una suave enredadera.

 

II.

Planeaban convertirlo en rey a sus espaldas.

Cada movimiento de sus festejantes era sospechado por Ferguson, quien temía ser ultimado en cualquier momento de su vida.

Finalmente, se escondió en un pozo, a fin de confundirlos a todos.

Pero todos lo estaban aguardando en el punto más oscuro del pozo, con la Misa de Coronación.

Amplios, enormes, imposibles lienzos rojos se extendían por el piso, el techo y las paredes de la cueva, en una inmensa oscuridad repleta de boato. Sólo la gema de la corona brillaba, la gema que todos debían seguir a fin de poder salir de ese lugar en cuanto la vibración de las trompetas comenzara a agrietarlo.

 

III.

Se notaba en ellos una ansiosa indiferencia. Como si estuvieran esperando que los llamaran para rechazar el llamado. Eran viejos en el barrio, y sin embargo, nadie se atrevía a conocerlos.

Siempre me torturó la idea de ese experimento de la clase de germinación que colocamos a sabiendas en la oscuridad del ropero. Crueldad innecesaria y desagradable, ya que al fin todos sabíamos lo que ocurriría, y la señorita hasta nos hacía oler el papel secante con la semilla dentro, podrida y desperdiciada.

¿Habrían nacido ellos también a las sombras?, ¿se habrían criado en un ambiente rústico y violento?.

Un día tocaron a su puerta. Una recorrida habitual de los bomberos voluntarios, o de la rifa anual de la Policía Federal. El más seco abrió, escuchó pacientemente la explicación y la propuesta. Entonces le sonrió con una enorme amabilidad, y le pidió que pasara dentro.

El desconocido ingresó, sin suponer que iba derecho a una trampa: Le hicieron repetir la explicación, vaso y galletitas de agua mediante, y la propuesta frente a cada uno de los miembros de la casa (nunca supimos cuántos habitaban realmente en ella, ya que rara vez salían todos). Luego de escucharla, ellos sonreían.

Pasado un tiempo, de nuevo el más seco se levantó de su silla y tomándolo de un brazo lo invitó a retirarse.

“¿No va a comprar ninguna?”

“No nos interesa comprar nada. Pero por favor, vuelva mañana”.

 

IV

Detrás de tí

alguien murmura tus palabras.

Y luego tú las dices o las piensas.

Detrás de tí alguien sabe

que eres un residuo

de aquello que te precede

Hasta que te dés la vuelta

y lo mires

desde todos los otros que serías

desde todos los que somos

desde lo que será.

11MAR

 

 

Semillas que crecen a oscuras.

Raúl Alberto Ceruti

I

El centinela probó el filo de la espada contra el fuego.

Zigzagueó un par de veces por encima y por adentro de la llama, sin esperar un grito, ni siquiera un crepitar.

Un par de cenizas se levantaron del suelo, pero sólo merced al viento que producía con ella.

Las cenizas se elevaban por poco tiempo en el aire. Chispeaban con un latido esforzado y luego volvían a caer.

Cualquiera de esas chispas era capaz de ulcerar un ojo, perforar las hojas, lacerar la piel.

 

II

La Luna burla los golpes del herrero contra el yunque del horizonte.

Ella está donde él la mira, pero él apenas la conoce.

Tan porosa, accidentada e imperfecta, sólo podía conocerse tocándola.

 

III

El centinela dejó descansar la espada colocándola delante de sus pies. La noche se desvanecía trazando suaves destellos en su hoja de acero.

Los destellos iluminaban tanto que no se podía ver. Era como hablar al interior de un grito. O como dar un salto mientras se está cayendo.

 

IV

Por fin, llegaba el enemigo. Y el enemigo era una herida sobre el horizonte. Una huella honda y continua que se prolongaba hasta sus pies, cruzados.

El suelo se quebraba bajo la mirada del centinela. La tierra se abría, buscándolo.

 

V

No hay forma de blandir la espada contra un surco. Ello haría más grande la agonía.

La espada no tenía raíz. Sólo empuñadura. Por lo que el centinela se aferró al árbol.

Para no desgarrarse como la última sombra.

 

VI

La Luna está llena de malezas, que acaricia la marea oscura.

En cada uno de sus pliegues se refugia la noche.

 

VII

Ella le dice al centinela:

¿Cómo confías en algo que no puedes abrazar?.

21FEB

 

 

Semillas que crecen en la arena II

Raúl Alberto Ceruti

 

La batalla de Terciopelo.

Acaso por el nombre, poco adscripto a las glorias viriles, acaso por la confusión alrededor del sitio en el que realmente tuvo lugar, acaso por las múltiples referencias de parte de uno y otro bando que participaron en ella, la batalla de Terciopelo continúa siendo un enigma.

Algunos manifiestan que el nombre obedece al tercio de un pelotón, otros, que rememora el tercio de un pelo, cuando “pelo” indicaba el cuarto mes después del solsticio de verano en Drumania, otros, que hace referencia al valle de Terciopelo, en Drangsk, actual República de Riesk, algunos otros, que tiene que ver con la tela que demandara una princesa traer de los talleres de confección de Plursk Troacaia, y otros más, que así fue bautizada por el poeta y soldado noremés Clarkj Drumasni, en homenaje a la suavidad conque se deslizaban las ballonetas por entre los juncos y pastizales.

Lo cierto es que nadie sabe aún quién se alzó con el triunfo, y desde el 14 de velo del siglo 3, se reúne el Consejo de Historiadores en la sede central de la Plaza del Terciopelo (antiguamente llamada Plaza Grande) a debatir las diferentes variables y a acercar los diferentes hallazgos relacionados con ese enfrentamiento.

Así, se examinan todas y cada una de las posibilidades que pudieran haber tenido incidencia en el desenvolvimiento de los hechos bélicos. Si las tropas habían avanzado desde el este, bajando por la montaña, si se habían encontrado con los pertrechos del Capitán Drosaska, si las comunicaciones con el frente marítimo se habían mantenido durante todo el día, si el alferez Pirenio había alcanzado la formación del grupo de cobrics, agentes de élite del ejército drul, si el Coronel Trundsk había desayunado, si había desayunado con huevos, si había ido por una taza de café en el minuto treinta y dos del inicio de las escaramuzas… En fin, cada dato era observado, desarrollado y expuesto para mejor gloria de una u otra parte en el resultado final.

Por cada variable que determina la victoria a unos o a otros, se otorga un punto. Hasta hoy, van 904 a 903, pero es probable que esa diferencia pueda cambiar el próximo año.

Si se consulta con la gente del pueblo, lo miran a uno con cierta picardía y desestimando cualquier elucubración, aseguran que nunca se libró una sola batalla con ese nombre, ni en ese lugar, ni con ese destacamento.

Qué bueno sería poder filmar una serie – documental, presentando en cada episodio una hipótesis distinta.

 

UN CAMINO VENTUROSO.

(Derrotero de un secreto sutil combatiendo a todas las poderosas distracciones explícitas)

Raúl Alberto Ceruti

Comienzo:

Del otro lado de la montaña, del lado de la montaña que no se ve sin salpicarse, los indecibles bajaban de la alta cumbre envuelta en nubes los indecibles con una carga frágil envuelta en cuarenta kilos de paños rojos.

Cuando llegaron al Valle Sonriente, desenvolvieron los paños con mucha y ansiosa suavidad, con mucho y atolondrado cuidado. A medida que los retiraban y desplegaban, los paños se disipaban ondulantes hasta confundirse con el nuevo atardecer. Hasta que dentro de la gota de cristal dentro del capullo de silencios, se vieron unas frescas pinceladas rojas y amarillas que solamente descansaban. Entonces, limpiando un tibio lugar debajo de una sombra boscosa, fueron levantando unas raíces largas cuyos hilos cada vez más finos y delicados se tejían hasta componer una sola y extensísima tela verde, con la que los indecibles volvieron a envolver las pinceladas.

Es muy difícil mantener en secreto los secretos coloridos. Necesitan de un cuidado y atención muy especiales. Cualquier gota de agua, espejo de sombra, ojo de pájaro perdido, pueden alcanzarlo y divulgarlo, extenderlo y astillarlo hasta que no pueda volver a encontrarse. Y construir otro es un trabajo enorme, de siglos y siglos de trabajo, de cultivo en la roca.

Uno de los indecibles se acercó a único que estaba de espaldas:

“Ya falta poco, capitán”.

El que estaba de espaldas, sin moverse, cerró los ojos y sonrió.

“Sólo hay que pasar esta noche. Una patrulla salió a calmar los ecos de la montaña. Otra se introdujo por las cuevas para evitar cualquier sorpresa. Otra se volcó en el río para que sólo repita su susurro. Tenemos apostado uno de los nuestros en los doce campanarios de la aldea. Y yo personalmente estoy encargado de mantener el flujo de los vientos.”

El capitán se sentó en cuclillas y tomó en su mano un poco de tierra. Preguntó:

“¿Duermen?”.

El oficial, bajando un poco la voz le respondió:

“Aún no.”

El capitán dejó caer la tierra de sus dedos,  y por primera vez en toda la noche, se dio vuelta:

“¿Aún no?. ¡Son las once de la noche!…”

Rápidamente, el oficial se disculpó:

“Hay luces, capitán. Muchas luces. Y un ritmo frenético de luces y ruidos parlanchines y constantes.”

23JUL

 

Semillas que crecen en el laúd

Raúl Alberto Ceruti

I

. Boato y procesión

-          Parousia, acércame las cintas y la enagua.

-          Señora, las cintas están sucias y la enagua humedecida.

-          Vamos, las sandalias, que los pies me arden sobre el suelo.

-          Señora, las tenéis, rotas en la suela, y camináis sobre las llagas.

-          Parousia, los collares y el anillo.

-          Señora, los tenéis, hendidos en la carne.

-          No me pongas otro adorno que esos cuatro velos de seda negra.

-          Señora, lo que mandéis.

-          El rosario, que rodee mis caderas. Que no golpee sobre el muslo.

-          Señora, como mandéis.

-          Ahora la corona, y la cruz  en este brazo.

-          Téngala con fuerza.  Permitidme arrodillaros para asirla a sus sienes.

-          Ahí tienes la cabeza. Y péiname con esas plumas. Con cuidado.

-          Sus cabellos siguen siendo lacios y maravillosos. Descienden como cristales encendidos, hasta la cintura.

Cuando los médicos del reino anunciaron la lepra de nuestra Señora, e indicaron su internación en el Hospicio de Mercedes, comenzaron los trabajos para la pompa de su entrada.

Ella iría adelante, en silencio. Una cruz al brazo y un rosario en la cintura. Detrás, a su derecha, la doncella del ajuar, con siete vestidos de fiesta y holgura. A su izquierda, un efebo, adornado con flores y ungido con aceites aromáticos.

Detrás, marchará el obispo, y cuatro hileras de monjes salmodiantes.

Detrás, cuarenta niños, con guirnaldas de colores, arrojándolas a cada lado.

Detrás, los veintinueve oficiales, con las armas al frente, destellantes.

Detrás. ochenta y ocho soldados, a paso de guerra, con los uniformes de atavío, con las señas del dragón y los escudos del reino.

Detrás, noventa danzarinas, desnudas en los pechos, portando cestas de incienso, o coloridas luminarias. Delicadas en los gestos, hermosas en los devaneos y sensuales en sus miradas.

Detrás, los príncipes extranjeros, con sus mejores galas.

Detrás, sus esclavos, transportando los regalos, telas, oro, perlas negras y azuladas, piedras rojas y brillantes.

Detrás, setenta magos y adivinos, doctos en la ciencia del curar y en la esperanza.

Detrás, sesenta muertos ilustres, en los cajones de solemnidad, con todos sus enseres y atributos.

Detrás, veintidós camellos con tesoros en la giba.

Detrás, cincuenta músicos, entonando el “Fastos de coronación”.

Detrás, el rey, su padre, con las vendas quitadas a ella en la mañana, como ofrenda para el fuego, en la pira consagrada.

Y detrás, el príncipe, su esposo, con agua y algodón, para aliviarla.

 

II. La reliquia inimitable

Entre las reliquias a cuyo hallazgo se cometieran las más violentas delicadezas, está la voz de un San Castor, profeta menor del siglo III.

Castoria, entonces Sórmida, su pueblo, era ignorado por los beneficios del reino. Hasta que una doncella confirmara haber oído la voz de San Castor sobre las mesetas de Geram, desgranándose entre los olivos. Entonces, un ejército de cruzados se lanzó al descubrimiento. Más tarde, por la misma época, un pastor la había escuchado descendiendo por el lomo de un camello. Y doce obispos marcharon al desierto a comprobarlo. Un enfermo la sintió por los costado de la herida. Siete sabios lo encerraron para asegurarla. Mas, resultaba inasible, escurridiza, imprevisible, victoriosa.

Era una tromba, un estruendo, un campanario;

un silencio labrador, un mar tallado.

Y era el hilo de la huella, el tono de los párpados;

el viento del temblor, el ruego condenado.

Era un incendio, una erupción, una cascada,

un vagido, un escozor,

y el ruedo del vestido sobre el pasto.

Era un cencerro, y el crujir

de leños cocinando

para el hambre de la noche.

Y eran las manos aferradas al cayado

y los verbos del mecer y el aroma del adobe.

Era un aullido, un albur, una ironía,

un destino desarmado, un rayo sobre el roble,

y era el olvido del rencor, y la alegría

de la franca intimidad de los insomnes.

Era un tropel, un alud, una estampida,

una nave en la tormenta, la verdad desguarnecida.

Y era el alivio del dolor cansado

y las resistencias de la desmesura.

Llegaron los cruzados, los obispos, sabios, peregrinos y piadosos y dudosos caballeros, que llenaron al pueblo de riquezas.

A diario se acumularon, por las calles y los templos, los ex votos, las ofrendas, y todas las celosas donaciones.

Allí donde la voz de San Castor se escucha por las noches del invierno,

junto al viento tibio que celebra

los bailes de doncellas, de pastores y de enfermos.

 

III. El origen del silencio.

Hubo un tiempo en el que aún no había música. Latían porque sí los corazones, y los pasos eran atrozmente desiguales.

La música, fue robada por Señel a la Diosa.

Ella se bañaba en leche de la noche, recogida por sus siervas.

Solamente el Unicornio estaba allí, para adorarla.

Mas, atravesando los desiertos de su palacio, los perdidos laberintos de sus habitaciones, las soledades de sus pasillos, las esperas de sus espejos, los consejos de criados y las advertencias de los guardadores, también Señel llegó hasta ella.

Ella, en cada movimiento de sus brazos, se despojaba de una túnica invisible. De sus caderas desprendía gotas que sonaban. De los vuelos de sus piernas, deslizábanse fragancias  y temblores. De sus pechos se escapaban suaves quejidos involuntarios. De su espalda descendían gritos de placer en hondonadas.  La leche que surtía el servidor, desgranaba en ella suaves, ríspidas y luctuosas oraciones. Desnuda, la Diosa se desnudaba. Y aquí y allá, abandonaba sus ropas más íntimas.

Señel, en secreto, las recogía, mientras seguía la danza con el cuerpo.

Algo, entonces, al fin lo delató. Un trueno cruzó en dos mitades la noche, y alertaron a los monstruos para que se lo llevaran.

Por suerte, Señel, en el centro del baño halló un pozo de agua. Y allí vertió la túnica inaprehensible y deshabitada.

Arrojando los enseres él también se hundió con ellos, y ahogado en el susurro de todas sus vituallas, enmudeció.

Luego, un pescador halló su cuerpo, envuelto por la espuma del mar sobre una orilla de caracolas.

Fue cuando cayó la lluvia sonora, truenos de metal, vientos de madera, relámpago de cuerdas. Agua de notas, gota a gota sobre rostro y esternón, ajustando los párpados a la lluvia, y dando el alma de los brotes a los huesos.

21MAR

 

Semillas que crecen sobre la mesa

Porque en un sólo pocillo de café no concluye ninguna conversación, van estos inicios argumentales para su comentario y desmenuzamiento en cualquier mesa de café de Buenos Aires o Rosario, por ejemplo.

Raúl Alberto Ceruti

 

I.

La final tenía que jugarse.

El campeonato había durado todo el año, y finalmente, los hinchas, los periodistas, los dirigentes, los jugadores, los aficionados, los curiosos, y el público en general, estaban muy ansiosos por saber el resultado final, la definición de tantas mañanas, tardes y noches de azares, hazañas, esfuerzo y compromiso. ¿Por qué el hecho de haber estallado la guerra civil, por motivos ajenos, espúreos y egoístas, iba a impedir que el partido se llevara a cabo?. ¿Y por qué iba a ser un nuevo impedimento la entrada en guerra con la República de Gloston?.

Así, ya fuera por la inercia, ya por el entusiasmo, se jugó la gran final entre Deportivo Gardifusa y el Ornitorrinco Sports. Y el partido, que debió ser suspendido por bombardeos a poco de empezado el primer tiempo, por reclutamiento, apenas se puso el Sol, por ocupación, por fusilamientos, por uso del estadio como hospital de campaña y como sede de tres cuarteles generales, duró algo así como 297 días, batiendo todos los records de memoria, registro o paciencia.

El partido, denominado también “El partido de las dos guerras” tuvo importantes consecuencias para el Derecho Internacional. Así por ejemplo, cláusulas como “El rebote de  pelota en tanque enemigo  sólo es  gol si el arquero contrario o la defensa correspondiente la tocan con cualquier parte de su cuerpo, excepto con las manos”; o “el fusilamiento del arquero por crímenes de guerra no permite su renovación, excepto por un héroe nacional”; o “sustituida la pelota por una bomba gana el partido el equipo que menos la toque”; o “bombardeo en línea defensiva vale penal”, se originan en estos hechos. Así también la libertad e inmunidad del aguatero, el carácter de territorio no beligerante de la zona media de la cancha, el salvoconducto presunto de los delanteros y el permiso a portar armas de fuego para los defensores.

 

II

La ruta imposible.

¿Nunca le pasó que le indicaban una dirección con la referencia de aquello que tenía que ver una vez traspasada esa dirección?. “Altlaguirre es la que viene dos cuadras antes de Beleciarte.” “Va a ver, apenas lo pase, un cartelito enorme  que dice “Fin del Mundo”. “Se tiene que bajar del ómnibus justo antes de que doble por Cincunaegui”.

Nos ponen de referencia orientativa un lugar, una calle, un sitio, al que sólo llegaremos si ya nos pasamos de donde queríamos ir. Mejor, más directamente imposible sería indicar la referencia de un sitio, con relación a los lugares que visitaremos si ya nos hemos perdido.

 

III.

El canto del gormujo.

¿Quién no escuchó sonidos extraños en la noche?. ¿Quién no ha visto insectos inclasificables?. ¿A quién no le habrá parecido ver cruzarse algo a través de la ventana?. Si todos esos fenómenos fueran estudiados con cierto método científico, nos percataríamos que suceden todos en determinada franja horaria, en determinadas situaciones, con determinados pensamientos. Por lo que podrían unificarse todas esas experiencias en una sola: La del canto del gormujo. Luego, el pasatiempo será intentar describirlo a este gormujo. Qué hace, qué come, cómo vive, qué piensa, qué aspecto tiene, qué aspecto deja, cómo nos seduce, hechiza y aterra. Y nos llama la atención dos o tres minutos antes de dormir.

 

IV

Suerte.

Los supersticiosos lo dejan todo librado a la suerte:

“Si el mozo me mira en diez segundos le pido el postre de manzana. Si no, la gelatina”.

“Si la señorita se sienta del lado del pasillo le hablo. Si no, no.”

“Si el café se vuelca para la izquierda, lo voto a Rapuntes”.

“Si abre la ventana para afuera, me voy sin pagar”.

“Si viene con el vestido verde, la invito al cine”.

Dependemos en verdad de esos pequeños gestos, azares, puntillosos, exactos, perfectos. Que van trazando nuestro destino, del mismo modo en que los antiguos augures retrasaban el comienzo de una guerra, observando el vuelo de las aves.

¿Pero el azar?. ¿De qué depende el azar?. ¿Es lo suelto libre indeterminado?. Por eso nos enamoran esas miradas caprichosas, voladoras, fugaces, que juegan con los jirones del alma con los que aún podemos amar.

13MAR

 

Semillas para el surco

Raúl Alberto Ceruti

CUENTOS DEL PASTOR DE ESTRELLAS

ÉPOCA BÍBLICA (ENTRE EL ANTIGUO Y EL NUEVO TESTAMENTO)

Personajes:

BALTAZAR: Niño Pastor de Estrellas. Habitante del Desierto.

AFÓZ: Mago del Desierto. Eremita.

DUMAR: Jefe de la tribu nómade del Desierto.

ENTROPOS: Fenómeno que “encaverna” la noche y sus estrellas”

FARA: Bailarina oculta. Dueña del Tiempo.

Historias de encuentros, lejanías y distancias.

  • · Historia de la estrella perdida.

Las caravanas han debido acampar en medio del desierto, habiendo descubierto que no se hallaban perdidos, sino que perdida estaba la estrella que los guiaba. Baltazar deberá guiar a la estrella hasta el mismo cenit donde se lleva a cabo un nacimiento.

  • · Historia de los enamorados.

No se conocen, pero miran la misma estrella. Baltazar trazará la distancia entre uno y el otro, remontando la estrella como un barrilete. Y acercándolos finalmente en medio del mar.

  • · Historia del estanque.

La estrella cayó en el estanque. Todo el que la mira también tropieza dentro. Baltazar mira fijamente a la niña que mira la estrella, arrobada y mareada, a punto de caer. Cuando él le limpia una lágrima arrojándola al aire, la estrella vuelve al cielo de la noche.

  • · Pueblos de las estrellas.

Los hombres se reúnen alrededor del fuego. Las estrellas lo hacen alrededor del silencio. Cuando empiezas a hablar, se disipan. Baltazar convoca a las estrellas en sus sueños. Y luego las derrama al despertar, confundidas con la luz.

  • · Mapas erráticos.

Hay constelaciones que dibujan mapas erráticos. Quien los siga no encontrará un sitio, sino una persona. Baltazar no sabe dónde quedan las ciudades. Pero conoce la dirección de un abrazo.

  • · Historia del pintor de cielos.

El pintor de cielos nocturnos veía cómo los dibujos de las estrellas repetían ciertas regularidades. Las pintó en unos inmensos paneles articulados, de forma tal de repetir sus movimientos. Así se podía adivinar la posición de las estrellas en cada momento. Hasta que una de ellas se escondió. Baltazar fue llamado para buscarla, y finalmente la encontró… detrás del lienzo.

 

  • · Historia del mensaje dormido.

Un mensaje se durmió en la arena. Y cualquiera que durmiera en ella lo escuchaba. Nadie sabía que era un mensaje dormido. Hasta que Baltazar lo despertó. Fue entonces cuando brotó la primera semilla de dátil.

 

  • · Historia del marino desterrado.

Un marino estaba  condenado a no volver. Por lo tanto, emborracharon a las constelaciones que lo guiaban. Baltazar, habiendo subido a la embarcación, miró las estrellas en el reflejo que de ellas hacía una tremenda marejada. Y así pudo reconstruir su dirección.

 

  • · Historia del viento bajo el manto.

Una estrella estaba quieta. Hasta que Baltazar descubre debajo de un delicadísimo manto de espuma entrelazada, al viento de arena que debía impulsarla. Era el recuerdo del mar, descuidado por un hombre de la caravana.

 

  • · Historia del reloj en el ombligo.

Esa bailarina marcaba las horas con su danza. Y Baltazar, por un momento reacomodó las estrellas para que coincidieran en el ritmo. No sabe si fue antes o después de que ella lo mirara y le sonriera.

28FEB

 

Semillas que crecen en la vida natural.

Raúl Alberto Ceruti

Extremófilos.

¿Oyeron hablar de los extremófilos?. Son bichos que viven precisamente en condiciones extremas. En temperaturas por debajo de los cero grados centígrados, o por encima del punto de ebullición. En medio de las corrientes más violentas, o en el vacío más intenso e inmóvil. Sería bueno juntarlos para una serie de dibujos animados. Cada bichito con su medio a cuestas. Pequeñas tragedias caminantes. Pequeñas exageraciones. Y la exploración de las posibilidades de la convivencia.

 

Adaptaciones.

Contar la historia del “bicho moneda de dos guita”, un insecto que habitando en los ámbitos domésticos del “homo sapiens” desarrolló el fenotipo de una moneda de dos pesos para sobrevivir, mediante un proceso de “selección natural”. Y de cómo otras imitaciones con otras monedas o instituciones financieras o bancarias no tuvieron el mismo resultado.

 

Rescate.

La terrible situación del “bicho pelotita”, al borde de la extinción, convoca a generar un programa de protección y rescate. Los principales peligros que enfrenta dicha especie son la patada y el lanzamiento. Por ello se realiza un llamamiento a los más grandes deportistas del mundo a fin de darle seguro cobijo, buena dirección y aterrizaje blando en cada una de las situaciones en que resultan víctimas de la agresión lúdica de los seres humanos.

 

Búsqueda.

El hijo del rey colecciona hormigas. Y una hormiga se le escapó. El ejército real se moviliza para encontrarla, en helicópteros, teniendo especial cuidado la población en no pisar ninguna.

 

 

 

 

Extremófilos II.

¿Qué tal un bicho que vive en la punta del cotonete cuando nos rascamos la oreja? ¿Y el que vive al borde de los desagotes, sólo el tiempo en que dura el breve remolino del agua? ¿Y el que se asienta en la pelusa de nuestro ombligo?. ¿Y el que sólo vive de la nostalgia?.

 

Desiertos.

Un bicho con forma de grano de arena, que sólo se mueve con el viento, y vive de ósmosis con sus congéneres, ¿cómo podría ser separado de los granos de arena?, ¿cómo podría distinguirse?. Con el bicho arena se soplan los vidrios manchados.

27FEB

 

Semillas que crecen en el viento IV

Raúl Alberto Ceruti

Quién es quiénes.

Un personaje se transforma en otros. Va transitando de uno a otro personaje a lo largo de todo el relato. Las transformaciones ocurren en aquellos momentos en los cuales el yo se deja trasvasar por la común humanidad, por la “nuda vida” detrás de todas las funciones y máscaras. Así, ocurrirá al comer, al defecar, al orinar, al reír, al llorar, al caerse y al gritar. Un mismo grito, un mismo llanto, un mismo sabor, un mismo orín, una misma defecación, transportan el yo de uno a otro cuerpo. Demostrando la dispersión / fragmentación del yo. Demostrando la imposibilidad de juzgar por lo que otro uno mismo hubiera hecho. Y la posibilidad de abrazar a otro que lo hizo.

 

El punto de reinicio.

Un puente separa decisiones. Para todos esos momentos en que hemos dudado de seguir una u otra dirección, postular la existencia de un puente que permita volver en su punto medio al punto inicial y tomar hacia el otro lado la dirección que no se hubiera seguido. Un personaje muy arrepentido de un hecho de su vida busca ese puente, pero cuando da finalmente con él, descubre que si bien su decisión pudo haber estado equivocada, ha dado lugar a una cantidad tan enorme de gratas consecuencias, para sí y para tantos, que ya no desea haber tomado la correcta.

 

Adecuaciones mínimas.

Alguien escribe sus memorias para mentir sobre su vida. Inventa lugares donde no estuvo, personas que no conoció, aventuras que nunca hubiera realizado. Pero para hacerlo, requiere informarse plenamente, a fin de hacerlas verosímiles. Y de ese modo va ocupando calladamente visitas, encuentros y aventuras de otros, desnudándolos, despojándolos de su gloria. Pero un pequeño detalle, una aceituna en el hueco de un plato, una astilla en la planta de un pie, una cereza en el fondo del frasco, lo delatan. Esa aceituna, esa astilla, esa cereza, lo obligan a revisar toda su historia, la que se acomoda asombrosamente a su propia vida.

Conjugación.

Un lingüista que no va en búsqueda de términos o expresiones antiguas, sino de significados nuevos. Así, se obsesiona con hallar un verbo nuevo, tan nuevo que pudiera apropiárselo. Tan suyo que pudiera repartirlo y entregarlo a quien quisiera. Un verbo que ninguna otra lengua, idioma o sistema de expresión hubiera hallado. Un verbo nuevo que pueda hacerlo dueño de una realidad totalmente suya y alcanzable. Al fin, descubre una acción única y propia, pero intrasladable, intraducible, impenetrable por el uso de las palabras, y perplejo sonríe viendo nacer entre sus manos, por primera vez, el fuego.

 

Semillas que crecen en las alternativas

Raúl Alberto Ceruti.

 

I.

Un terrible rey ordena a su más leal súbdito decirle siempre la verdad, bajo pena de muerte.

Inmediatamente, el súbdito:

a) se convierte en payaso.

b) se corta la lengua.

c) acepta, con la sola condición de que no le crea nunca.

d) depone al rey

e) Usa el conocido artilugio de decir como verdad la consecuencia de no decirla: Dice: “Usted me matará”, creando la consabida paradoja de no poder matarlo, porque habría dicho la verdad, y deber matarlo, porque de otra forma no la habría dicho.

f) La primera afirmación que realiza es: “Le mentiré, señor Rey Mio”, generando una paradoja similar a la anterior.

g) contrata un inmenso arsenal de recursos técnicos y humanos, a fin de poder tener la información más ambigua posible.

h) se vuelve repentinamente místico, anunciando “verdades” más allá de su posible constatación.

i) se ríe, tirándose al piso.

j) se ofende, indicando que siempre ha dicho la verdad, sin necesidad de amenaza alguna.

k) objeta, indicando que la verdad por amenaza deviene condicionada, y por tanto, mentirosa.

l) “somos una república” es lo primero que le confiesa.

ll) “La verdad no es lo que quieres escuchar” es lo primero que le dice.

m) acepta, a condición de que no pregunte.

n) “Tal vez”, responde a la propuesta.

La verdad siempre es ajena.

8OCT

 

Semillas que crecen en el celuloide IX

Raul Alberto Ceruti

 

LOS LIMITES

(Argumento para miniserie)

 

Los agios no protegían sus ciudades con murallas, ejércitos ni fronteras naturales. Les bastaba con sólo hacer circular historias.

Estas historias amenazaban con terribles suplicios, feroces angustias y violentos arrepentimientos, a todo aquel que se atreviera a cruzar sus demarcaciones.

Por esta razón, se conoce muy poco, o casi nada de los agios, ya que eran escasos los pueblos o los héroes que se atrevían a ingresar en su poblado. Así, una estela de basalto, del imperio de Sargón II, reza todavía: “No atravesarás el reino de los agios. No hay pueblo más triste, ni corazones más agobiados. No hay cantos más penosos que los que allí se entonan, ni caminos como los suyos más penosos u oprimentes.”

Se recuerda, por ejemplo, la incursión de Marmedón entre los agios, en oportunidad que tuvo que pedir su auxilio.

Llegó a la puerta de la última cantina abierta, y mostró su herida, y la de su caballo. Allí le ofrecieron alcohol, emplastos y unas vendas, pero le aconsejaron que se fuera de inmediato.

Marmedón juró retirarse en cuanto pudiera hacerlo, la herida y los aceites aplicados sobre ella le infirieron tanto dolor que cayó desmayado en el suelo.

Al otro día se encontró en una cama mohína, y lo despertó una muchacha hermosa, dándole a beber un café caliente.

“Ha estado mucho tiempo inconsciente”  – le dijo ella. “Ya lleva tres días con nosotros. Y antes que se cumpla el séptimo, tendrá que irse.”

Marmedón, admirado de la belleza de la joven, multiplicada para él seguramente, por su estado de salud recuperado, le contestó:

“Una vez que se ha visto vuestro rostro, ya no hay fuerza para al hombre que se precie de viril,  que pueda apartarlo de él.”

La muchacha calló durante un buen rato, y luego insistió, nerviosa:

“Debe irse. Al séptimo día ya no debe estar aquí. Es el límite.”

Marmedón le respondió con una sonrisa incrédula, casi burlona e inconscientemente seductora.

Cuando la muchacha se retiró, él se incorporó en la cama y miró a su alrededor. Estaba en una suerte de hospital. Otras tantas personas estaban acostadas allí. Algunas dormían, otras temblaban mirando hacia fuera, y otras se abrazaban a sí mismas, ateridas de frío.

Marmedón preguntó al que tenía más cerca, un hombre enjuto, seco y de huesos prominentes, con la mirada vacía enfrentada a la pared:

“¿Cuánto hace que está usted aquí?”

“Ya van con este siete días. No me he podido mover en todo este tiempo.” – le contestó, sin mirarlo.

“¿Le han dicho a usted también lo de los siete días? ¿qué debía irse?”

“Ah… Sí, sí… Yo soy de aquí. No es posible quedarse más de siete días.”

“Pero… ¿Qué pasa luego?. ¿Los incineran? ¿Los desaparecen? ¿Qué pasa con los enfermos de más tiempo?

“Siete días son el límite de la piedad. Transcurridos esos siete días, nos abandonan a nuestra suerte. Algunos sobreviven y hasta hay quienes se curan y vuelven a su vida anterior.”

“Pero ¿cómo sobreviven si no reciben ayuda?”

“Mientras usted dormía hubo aquí un feroz enfrentamiento. Un leproso, en su décimo día quiso robarle las ropas a una mujer que ya ni se movía. Alguien cercano a ella, en su noveno día, lo retuvo, alegando motivos de pudor. Luego se supo que noche a noche le quitaba parte de su anatomía para comerla, y no quería que nadie le disputara su cena. Fue espantoso. Otro hombre, herido por una bala de cañón, quiso retirarle el cuerpo de la muerta. Forcejearon. Entre los tres se llevó a cabo una golpiza, en la que no hubo quien pudiera considerarse victorioso. Si alguien lo hubiera sido, sería el sobreviviente. Mañana estaré en el lugar de ellos.”

Acabando de decir esto, el hombre calló y volvió a su postura rígida e inmutable.

Al cuarto día, Marmedón ya se sentía mucho mejor. Esperaba levantarse a la mañana siguiente. Durante toda la tarde oyó historias terribles de quienes habían superado la barrera de los siete días.

En esa noche Marmedón vió ingresar, empapada en sudores, víctima de una altísima fiebre, a la mujer que lo hubiera despertado. En homenaje a su belleza, se prometió aguardar los tres días que le restaban, para ver si ella mejoraba.

Pero no había mejora. La noche del sexto al séptimo día la pasó Marmedón en vela, imaginando el rescate de la muchacha. Evidentemente, tenía una dolencia que no iba a curarse en una semana, así que decidió llevársela antes que la libraran a su suerte transcurrido su plazo de piedad.

Era su mañana del séptimo día, y la muchacha se agravaba. A la fiebre se le habían agregado unas manchas en el rostro y unos temblores espantosos que le recorrían todo el cuerpo.

Marmedón preparó su caballo para él y la muchacha. Apenas disminuidas las luces del atardecer, se acercó a su cama y la levantó dulcemente, colocándola como pudo en el lomo de su montura.

Antes de trasponer la frontera, se les apareció el hombre enjuto y de huesos prominentes, que había hablado con él en la sala del hospital. Con la misma mirada vacía que fijaba en la pared desde su camastro, le señaló la muchacha a Marmedón.

“Esa mujer nos pertenece. Todavía puede curarse.” – le dijo.

“Ustedes la dejarán morir” – respondió Marmedón, desafiante, espoleando a su caballo.

“Usted no entiende nada” – alzó su brazo raquítico y deforme y unos cinco jinetes salieron detrás de los fugitivos.

Marmedón consiguió refugiarse en una gruta. La muchacha parecía querer hablarle, advertirle de algo que él desconocía. Movía su cabeza en signo negativo en forma resignadamente desesperada.

Marmedón le dio de comer y beber. Ella comenzó a sentir el frío de la noche y la distancia. Él la cubrió con todas sus mantas y le aseguró que volvería a la mañana siguiente, con medicinas de su pueblo.

“Buscan a una pareja a caballo. Echaré un bulto en las ancas y mañana mismo volveré a curarte. Aquí estarás segura y protegida” – le dijo

Ella respondió con una sonrisa apagada. Ese escape frenético y los golpes que sufrió sobre los huesos del caballo la habían desmejorado visiblemente.

A la mañana siguiente, Marmedón regresó a la gruta, con ungüentos, medicinas y otra montura para llevarse a la muchacha. Pero ella ya no estaba donde la había dejado.

Marmedón nunca supo si ella había muerto, o si tuvo que sufrir la agonía de los días que siguieron al séptimo… O si, como tratara de explicarle vanamente la muchacha, aquellas cosas que él había oído decir a todos en su pueblo, no eran más que historias, sólo historias para amedrentar a los extraños.

23JUL

 

 

Semillas que crecen en el campo de deportes

Raúl Alberto Ceruti

 

El método.

Todos hacemos movimientos anticipados mientras observamos un partido de fútbol. Parece que corriéramos junto a los jugadores, siguiéramos la pelota a lo largo del campo de juego, nos dolieran los golpes que les propinan y hacemos pequeños saltos en nuestras sillas para acceder a una pelota de cabeza, al mismo tiempo que nuestro delantero preferido.

¡Cuántas veces nos hemos levantado con el medio grito de gol en la boca y luego debemos reprimirlo ante un amague, una atajada o un “posición adelantada” que nos vuelve a sentar.

Hay espectadores más lúcidos que otros, más completos que otros, más apasionados que otros… Pero también hay espectadores más exactos que otros, que prevén la jugada aún cuando no ha ocurrido, que se anticipan con pequeñas señales de su cuerpo, a las acciones que tendrán lugar milésimas de segundo, centésimas de segundo y hasta segundos y segundos más tarde.

Carlitos José Carlos Gardifusa nunca jugó en “Deportibo Yuniors”. Sin embargo, era indispensable en el banco de suplentes. Se sentaba en su extremo izquierdo, siempre al borde de la caída, y desde allí indicaba mediante leves insinuaciones de sus dedos, orejas, nariz y garganta, las jugadas preparadas y los movimientos estratégicos que permitían al equipo salir siempre victorioso, anticipándose en cada caso, a veces con distancia de cuatro minutos, a lo que iba a suceder.

Sólo Carlitos José Carlos Gardifusa, por ejemplo, parecía saber hacia dónde tenía que tirarse el arquero en los penales, y se lo hacía saber mediante contracciones de su notable abdomen, hacia un lado o hacia el otro, marcando incluso el ángulo y la velocidad de arrojo. Manejaba la defensa como nadie, ubicando a los jugadores en los lugares exactos donde segundos después se producía el pase, permitiendo la intercepción de numerosas jugadas, con la posibilidad del consecuente contraataque.

Era el verdadero Director Técnico de “Deportibo Yuniors”, a pesar de que en el contrato figurara como “jugador”. Todo se le consultaba, desde la comida de la noche anterior, hasta el modo de atarse las zapatillas. Para todo tenía respuesta. Para todo tenía entendimiento.

Pero sucedió que un día, lesionados o expulsados el resto de los titulares, debió salir a la cancha. Le costaba correr, moverse, avanzar, sin embargo de lo cual sus pases y direcciones, en el medio de la escena, continuaban marcando el juego.

La mala suerte hizo que le cobraran un penal. Y que sus compañeros decidieran que merecía la oportunidad del gol propio, por lo que se alejaron del punto de tiro, dejándolo solo frente a la pelota.

Carlitos José Carlos Gardifusa, pródigo en secretos, insinuaciones, seguridades y milagros, miró al arquero y no pudo evitar avisarle involuntariamente hacia dónde iba a dirigirse la pelota. Casi parecía indicarle: “A la derecha, abajo, de puntín”. Cuando pateó ya era tarde. El arquero se arrojó en forma exacta, matemática, un segundo antes que saliera el disparo.

El método de Gardifusa era infalible. Pero involuntario.

 

Balonpié.

Eduardo Recidivo, un inolvidable, mítico gambeteador, acróbata, jugó en Deportibo Yuniors en la década del cuarenta. Le pegaba a la pelota con las rodillas, la cabeza, el mentón, las nalgas, el pecho, las pantorrillas y los gemelos. Nunca le pegaba con los piés, por lo que se suscitó toda una polémica acerca de si podía llamársele “jugador de football”, si podían sancionar al club, e inclusive si podían anular todos los goles, pases y jugadas (incluso las que perjudicaban a su equipo como goles en contra, por ejemplo) del “hombre de goma” como le decían en la popular.

Finalmente, y como una solución de compromiso,la Asociaciónde Fútbol le pidió al Club que le pidiera a Recidivo que en alguno de los próximos tres partidos, aunque sea le pegara alguna vez con el pie a la pelota. De lo contrario, podía terminar su carrera en ese deporte.

Así se le pidió, así se comprometió, pero durante el primer partido, el Deportibo Yuniors jugó realmente muy mal y apenas si la pudo tocar de rebote con la canilla; durante el segundo tuvo una segura oportunidad, frente al arco, pero apenas la pateó le levantaron la bandera de “posición adelantada”.

Sólo quedaba un último partido para que Eduardo Recidivo le pegara a la pelota con el pie. Toda la hinchada estaba expectante de ese momento.

Fue un partido increíble. Eduardo estaba inspirado. Metió dos goles de cabeza y uno de pechito. Había interceptado treinta veces a los jugadores contrarios de Deportivo Milanesa, rechazando sus disparos con la sien, con el codo y con la pierna

Faltando dos minutos, el Director Técnico tuvo una inspiración: Lo puso a Recidivo en el arco. Faltando un minuto, el árbitro cobró un penal a favor de Milanesa.

Recidivo atajó con el pie.

 

26ABR

Semillas que crecen en las pantallas

Raúl Alberto Ceruti

Existe la cotidianidad de la imagen. La cotidianidad de la imagen en movimiento en el breve rectángulo de un televisor o de una computadora. Uno mismo aparece como real si deviene filmado y visto dentro del marco de dichos aparatos.

 

I.

Reencarnaciones.

¿Nunca oyeron a los expertos en vidas pasadas?. De acuerdo con ellos se reencarna siempre por oleadas, por “quantos”. Es decir que siempre son el mismo contingente de personas las que conviven.

Sin embargo, las situaciones a las que accede cada uno de nosotros, en las sucesivas vidas que nos toca experimentar, son siempre distintas.

Imaginemos una “sit com” que reúna a diferentes reencarnaciones de la historia (Hitler, María Antonieta, Stalin, Napoleón, Nerón, Pilatos, Cleopatra…) en el contexto trivial de una oficina.

Por cada capítulo una nueva oleada de reencarnados.

Por supuesto, sólo el televidente tendrá acceso al conocimiento de quién es la reencarnación de quién. Los personajes entre sí se tolerarán o enemistarán sin saberlo.

Se trataría de una sit-com (comedia de situaciones) en la que sólo se mantuviera la estructura, y un par de personajes que son simplemente reencarnaciones de gente de lo más ordinaria, y por ende, sensata; y cuyo universo visitante son el resto de los reencarnados anónimamente famosos.

 

II

Encuentros.

Puede comenzar en cualquier bar de la ciudad. Anunciado por algún medio más o menos masivo.

Allí tiene lugar una escena determinada entre un par de personajes, cuya historia continúe relatándose en internet.

En la primera ocasión, puede ser que se trate de una despedida, de una ruptura de relación. Y en internet se va contando todo lo que rodea al hecho y prepara e l próximo encuentro, más o menos fortuito.

Y por internet se indicará el lugar donde se realizará dicho nuevo encuentro. A fin de que los lectores – seguidores de la trama puedan asistir a verlo.

Y repetir los encuentros cada vez que resulte necesario, a fin de que más gente pueda seguir la historia por internet.

Lo público en lo privado, lo privado en lo público. Lo íntimo en exposición, el secreto a puertas abiertas.

 

III.

Companía.

La televisión en buena medida es una de las industrias de la soledad. Así que no estaría mal un programa ( e incluso un canal) que sencillamente haga companía. Con un actor que converse banalmente de personas que no importa si el otro conoce o no conoce… (De todas formas a lo largo de la programación los va a ir conociendo), que juegue a las cartas y que alternativamente gane o pierda contra un supuesto jugador que es el televidente, que le confiese secretos íntimos, que inclusive le recrimine faltas o abusos… Que tenga sus propios amigos y familiares, que haga pasar como propios de quien lo mira, su propio país, problemas y manías, sus propias persecuciones… E incluso poder enfrentar dos o más televisores para que hablen entre sí en ocasiones especiales.

 

IV.

Contest

Un programa de entretenimientos donde todo (religión, principios éticos, vida, muerte, cirugía, extirpación, revoluciones) se decida a modo de concursos de todo tipo (preguntas y respuestas, pasos de baile, dígalo con mímica… etc.)

 

R

Semillas que crecen al costado del camino.

Raúl Alberto Ceruti

 

Hay ráfagas de viento y aromas de frescura. El regadío recomendado es la mejor de las suertes.

 

Trama de probabilidades.

Una serie de experimentos acerca de qué conducta seguirá cada personaje, a partir de determinado conocimiento de la trama general de la historia, o de los presupuestos de los otros personajes.

Cruzar dichas probabilidades, en el entendimiento que todos saben la trama general, todos saben determinado aspecto de la trama general, nadie sabe nada de la trama general… tratando de hacer compatibles, integradas y coherentes, las conductas probables de cada uno.

Nos daría como resultado una cantidad de cuentos imposibles. Tan imposibles como un cruce de miradas

 

Tomando lugar

Referir la historia de unos mercenarios medievales que pelean por el sueldo y el renombre. Se separan para servir a dos ejércitos en pugna. En medio de  la guerra, un grupo de mercenarios es maltratado por el ejército “A”, por lo que declaran el cese de colaboración y huelga de brazos caídos. El grupo de mercenarios que está sirviendo en el éjército “B”, en solidaridad decide declararse en huelga. Sin soldados no hay guerra, sin guerra no hay sueldo, gloria ni botines.

Los dos grupos de soldados mercenarios que son la mayoría de cada ejército, y los más preparados para la guerra, se instalan en el campo de batalla, requiriéndoles los generales y patricios que continúen en la pelea.

Finalmente, los mercenarios fundan en ese campo de batalla, en el que comienzan a compartir vivencias y canciones, la ciudad de Victoria.

 

Tres divertimentos literales.

I

Albinson llegó con sobrados motivos, para decirle todo lo que tenía que decirle.

Entonces, nos incomodamos todos, no encontrando lugar donde resistir, parados entre todos los motivos que habían ingresado con él.

¡Qué desvergüenza! ¡Haberse dejado abrumar de motivos para venir a verla!…

¡Y no tener una valija, una bolsa de las compras, un changuito, para acomodarlos!…

Indignados, le pedimos que se retirara.

Que teníamos motivos de sobra que hacían imposible que continuara allí.

 

II

“¡Pongámonos de acuerdo!” – pidió Jovelín.

“Siempre que sepamos a qué posición te referís” – objetó Durban: “Puedo ponerme de pie, de cúbito frontal o dorsal, de blanco, de negro, de puntillas, de rodilla, de frente, de perfil… No sé cómo ponerme de acuerdo.”

“Así” – dijo Salvedri, poniéndose a levitar entre los dos.

 

III

-“Usted ha llegado a exasperarme”

-“Perdón, pero no me he movido desde hace años.

-“Precisamente por eso. Hace más de nueve días que quiero pasar por aquí, ¿no se ha dado cuenta?”

-“¿Qué quiere que haga? La falta de transporte… ¿Dónde dijo que había llegado?.

6MAR

 

 

Semillas que crecen en el viento  III

Raúl Alberto Ceruti

 

Sugiero la posibilidad de una máquina del tiempo, que no sirva para viajar ni al pasado ni al futuro. Cuya utilidad estribe precisamente en dirigirnos al “ahora mismo” en cualquier lugar de la Tierra.

Alguna de las utilidades de esta máquina serían las siguientes:

1. Por primera vez podríamos poner a prueba situaciones de sincronicidad, a fin de determinar si no es que debido a que en Kuala Lumpur alguien lanzó al  aire un vaso de agua, en Moenjo Daro alguien recibió una gota en la cabeza.

2. Se podría establecer estadísticamente de qué modo se mantiene el equilibrio emocional del planeta, midiendo en un mismo momento cuántos signos de dolor y de alegría conviven a la vez.

3. Se podrían contar historias que involucren personas que nunca se cruzarán, precisamente posibles porque no se cruzarán. Como la sospecha de aquellos “dobles” de cada uno que no deben encontrarse entre sí, so pena de que uno perezca.

4. Se podrían contar los reflejos de una acción determinada, y sopesar cuál es su intensidad emotiva, de acuerdo a su onda expansiva.

5. Por fin saldrían a la luz los gestos tímidos, velados, vedados, secundarios o reprimidos, ante cualquier expresión supuestamente “principal”.

6. Podría ejecutarse la coreografía simultánea de un querer, un decir, un mover, un comenzar… O percibirla espontáneamente realizada por cantidades de personas sin previo acuerdo.

7. Podría verte besándome.

11FEB

 

 

SEMILLAS QUE CRECEN AHÍ.

Raúl Alberto Ceruti

 

Puntos.

Podrá hacerse la disección del átomo,

La proliferación de las partículas subatómicas,

El desmenuzamiento de las células,

La ablación del sapo.

Con la tranquilidad de saber que

Llegar a la piel ya es desnudez,

Y que el lunar es irreductible.

 

Deícticos.

Hablar con las cosas mismas:

A te llevaría al borde de la playa en un día cálido, y la brisa hablaría por él.

Luego, B podría indicar una ola, un punto del horizonte, o un caracol, o un sector de la playa, o un pez, o un puñado de arena… Y por ejemplo, arrojártelo a la cara.

O esperar que sucedan las cosas que queramos decir. Aguardar la estrella fugaz, señalarla y mirarte.

Si pudiéramos viajar sin palabras, hablando con las cosas mismas, podría decirte:

“Este volcán”, y podrías responderme: “Esta catarata”, yendo sin solución de continuidad de un lado a otro y enseñándonos uno a otro los fenómenos – palabras.

 

Ensayos.

Probar a construir relatos sencillamente mostrando un objeto tras otro. O un hecho tras otro, como si fueran cosas:

Quizás nuestro planeta, y hasta nuestro Universo es sólo una palabra en el lenguaje ostensible de los dioses.

Probar a construir una historia sin lugar, sin lugares, sin puntos de referencia. Ni aquí ni allá, ni entonces ni ahora, ni dentro ni fuera, ni cerca ni lejos. Una historia que sea su propia contención, su propio escenario. Cuyos personajes puedan mezclarse, yuxtaponerse, introducirse, estar uno en el otro y los dos en alguien más… No haber nadie “en sí” sino esparcido entre los otros. Y que se vaya formando el relato, sugerentemente a partir de las constantes transformaciones de los cuerpos como espacios, los espacios como tiempo, y del tiempo como piel.

 

Cercanías.

Construir una historia en la que las resoluciones de cada planteo, inconveniente, problema o drama atravesado por sus protagonistas, estén a la mano. En que los medios de alcanzar el equilibrio en cada oportunidad de tensión, estén muy cerca, muy fáciles, y sin embargo, no se eche mano de ellos. La llave de la puerta puede estar a dos centímetros de la mano, pero se elegirá la ventana; el oasis puede estar a dos pasos del sediento, pero éste elegirá perderse tras el espejismo de una caravana.

Hasta que sea la muerte inevitable, a dos segundos de la agonía o de la desesperación, y entonces también se la evada, por mera rebeldía de la voluntad, por obtuso empecinamiento de una pequeña alegría.

 

Cuadros.

Contar una historia mediante la descripción del mismo lugar en distintos momentos. Comenzar cada párrafo, por ejemplo, desde el ángulo superior izquierdo y continuar relatando apenas lo que se ve, sólo lo que se ve, hasta el ángulo inferior derecho. Cada párrafo estaría estructurado del mismo modo, comenzaría en el mismo lugar y terminaría en el mismo punto que los anteriores y los posteriores. Y sólo cambiaría la mención de aquellos objetos / cuerpos / signos que aparecen en cada sector de esa cuadrícula descripta.

Por contraste entre las escenas, el lector deberá formarse la idea de la sucesión de cuadros, del mismo modo que el cine es posible merced a la ilusión de la sustitución de cuadro por cuadro a lo largo del tiempo.

Luego, se podría subdividir el cuadro en cuatro partes iguales, y hacer lo mismo a su respecto; o ampliar el cuadro entendiéndolo como la cuarta parte de otro mayor. Y repetir estos procedimientos al infinito.

 

Precisamente Ahí.

Hacer el relato de un objeto o persona buscados, respecto de los cuales sólo tenemos la imprecisa, genial y absurda referencia, de que “están ahí”. ¿Dónde es Ahí?. ¿Cómo constituirlo, acercarse, sobreponerse?. ¿Basta con estirar un brazo para alcanzarlo?. ¡Cuántas veces hemos perdido objetos o personas que dejamos justamente Ahí?. ¿Con qué elementos, materiales, herramientas, previsiones, puede marcharse a su descubrimiento?. ¿Con qué garantías o dinámicas se puede explorar ese enigmático sitio?. A lo largo de la crónica se precisaría la aventura de salir al encuentro de esa geografía escurridiza, a través de las distancias del “Allá” y del “Tampoco”.

Debería hacerse, quizás, desde el punto de vista del objeto o persona que están precisa, inexorable y definitivamente Ahí.

 

Equilibrio.

Hay sitios que son realmente inestables, no porque uno deba caerse merced a las irrevocables leyes de la gravedad, sino porque no permanecen precisamente en sus lugares.

Por ejemplo, tu boca. Apenas la beso, ya deja de estar donde vuelvo a contactarla. O tu risa. Apenas la oigo ya no puedo habitar en ella.

¿Cuántos nos hemos perdido por no poder regresar a un momento?

Los sitios inestables son los que hacen necesario el tiempo.

Un relato en el que todo estuviera en el lugar en que lo dejamos en las primeras oraciones, sería mera taxidermia.

En lugar de ello, corresponde relatar el modo en que cada uno va recogiendo sus partes, disperso, expandido y recobrado de entre los demás.

El relato de un encuentro como una construcción, sin coordenadas. Una invitación al lugar adonde estamos ahora, para que podamos vernos.

13ENE

 

 

Semillas que crecen en secreto.

Raúl Alberto Ceruti

 

Cada estrella es un secreto en la inmensidad de la noche. Un secreto a cielo abierto, expuesto y luminoso.

Cada persona es un secreto en la intimidad de su cuerpo. Un secreto que puede desnudarse, generoso.

De allì el pudor común en señalar tanto a una estrella como a otro ser humano.

Es como haberlos descubierto sin estar autorizados.

El secreto sólo se devela por invitación.

El secreto más preciado es transparente.

 

I.

Ansiedad.

Cada vez que alguien compra esas pequeñas cajitas adornadas, lo que espera es poder guardar en ellas un secreto.

 

II.

Sutiles desaveniencias.

¿Qué objeto tiene un diario íntimo más que la generación de secretos?. Más allá del interés de sus palabras, el diario íntimo es intenso simplemente porque nos es vedada su consulta, porque se escribe en soledad y en el silencio, mayormente nocturno. Y luego sus palabras apenas murmurarían, como la suave brisa que sopla por la ventana. Tan sutiles y frágiles, que apenas pronunciadas se disiparían. ¿Y si alguna vez hollamos el secreto, abrimos el candado, abrimos  el diario de Ella, y encontramos nuestro nombre?. Correríamos el riesgo de desvanecernos apenas lo hubiéramos leído.

 

III.

Un secreto dentro de otro, y otro dentro de éste. Pero que el secreto sea cada vez más grande, más presente, más a flor de piel. Hasta que se confunda con el abrazo.

 

IV.

Comparativo.

El secreto, si está escondido, es meramente un tesoro. En cambio, a la vista de todos, en pie, mirándonos, es una invitación.

(La historia de un excavador que tras años de pelear con las entrañas de la tierra, a fuerza de cavar y cavar, cada vez más profundamente,  llega a su propia casa, fulgurantemente iluminada a ras del Sol.)

 

V.

Desarrollo.

No hay secreto si no es para alguien.

El secreto es la cara interior de un deseo.

Un secreto abandonado es un desprecio por la condición humana.

 

VI.

Nadie más que yo.

Jaime tenía el secreto para atarse los cordones sin que se le salieran durante todo el partido. Durante toda la tarde del jardín.

Se los ataba en el baño, detrás de la puerta, y lo veíamos salir radiante con el moño firme y brillante.

Decían que su padre era marinero, que los cordones eran super-elastizados, que el nudo se añadía a las zapatillas y no al revés, que tenía una aguja enorme “de colchonero” con la que hacía entrar y salir los cordones por los ojales de la zapatilla, que metía cada una de las puntas en un aparatito que las anudaba, que antes de anudar los cordones se anudaba los dedos, que tenía un dedo dado vuelta…

Lo mejor de guardar un secreto es que da lugar a su multiplicación.

Una vez, lo arrinconamos y le preguntamos:

“¿Cómo hacés, Jaime?

“Me agacho hasta los pies.” – contestó muy compungido por su revelación. Él, que creía que agacharse era el secreto.

 

VII.

Duda sistémica

A cuenta un mismo secreto a B y a C.

B se lo olvida.

Si C se lo cuenta, ¿rompe el secreto?

 

VIII.

Entre piratas.

Dónde está el tesoro, es un dato.

Quiénes lo obtuvieron, es una información.

Para quién es el anillo de rubíes es un secreto.

 

IX

Tradición.

Otra vez, A cuenta un mismo secreto a B y a C.

Pero B y C no se ponen de acuerdo acerca de si el secreto era rojo o amarillo.

A nadie se le ocurre preguntarle a A.

El secreto, una vez confiado, le pertenece al otro.

27DIC

 

 

Semillas que crecen en el silencio

Raúl Alberto Ceruti

 

Música

Los silencios no son iguales. Eustaquius Tímpanos, un músico profesional de la alta Edad Media, llegó a identificar treinta y tres tipos distintos de silencios, entre  terrestres, sociales, filosóficos y teologales. Asimismo, fue el primero y, de acuerdo a mis noticias, único compositor en escribir una obra basándose estrictamente en una sucesión de diferentes silencios. El público debía moverse desde el interior de una caverna a orillas del mar (silencio terrestre) hacia una taberna inmediatamente después de cerrada (silencio social), hacia las ruinas de un antiguo foro romano (silencio filosófico) y hacia las nave lateral de una capilla en las afueras. Dejó escrito un Tratado de las Armonías del Silencio, algunos de cuyos pasajes se reproducen a continuación:

a)      Los silencios no se repelen. Actúan uno sobre el otro, ayudándose a interactuar, acomodándose uno en el otro, como en un acto amatorio. Se penetran y reconocen, hasta confundirse, replegarse y expandirse, como la noche en medio de la noche, los cabellos en mitad de los cabellos, la mirada en el medio de tus ojos.

b)      Habrá algún día estudios tan preclaros acerca del silencio, que podrán llevarse y sustraerse de aquí para allá, provocando silencios donde no los haya y desvaneciéndolos donde aparezcan demasiado prolongados. Poder detonar un silencio en mitad de una batalla, o estallar los desiertos en proclamas vastísimas.

c)      Como tarea del compositor, recomiendo la escritura de los silencios cotidianos. Llevar la cuenta y el relato de todos los silencios del día. Llevando registro también de sus gestos y resonancias, de sus ecos y reverberaciones.

d)     Como tarea de predicadores, recomiendo la acentuación de los silencios, el impacto de los silencios entre los feligreses. La distribución del silencio entre sus butacas, y la siembra de silencios en sus reflexiones.

e)      Callar por callar, callar antes de pegar un grito, callar antes de besar, callar antes de la batalla.

f)       La marquesa de Treville, por ejemplo, tiene unos silencios estridentes y malsanos. Debe excluírsela de todos los coros. Así también, el marqués de Grenonville, posee unos silencios ambiguos, que provocará en todo lugar una serie de disonancias irresolubles.

g)      Es muy difícil la afinación del silencio. Supone una concordancia mayor y más prolongada entre los miembros del grupo.

 

Sin trucos.

Hay un mago en el desierto de Kolpir, que no hace aparecer conejos, ni palomas ni flores ni varitas. Ante el asombro de todos, enmudecidos y cansados por las horas y distancias, les hace surgir una palabra.

 

Todo hallazgo es un regreso.

Se dice de un tal Cosme, que olvidaba sus regalos por las calles y las plazas. Envueltos y dedicados, con moño y tarjetita. Iban dirigidos “A quien lo encuentre”. Quienes tenían acceso a ellos, luego de vencer el pudor original de abrir un presente que no es propio, encontraban objetos que habían perdido en su infancia o juventud.

 

La debilidad del poder.

En el Palacio de Um nadie podía pronunciar palabra. Ni siquiera el soberano. Las órdenes se impartían mediante el movimiento. Cuando el rey quería que alguien pasara un trapo, pasaba un trapo; cuando quería que alguien cocinara, cocinaba; cuando quería que alguien limpiara la mesa, la limpiaba. La dificultad se presentó cuando precisó de ayuda para levantarse.

 

Secretos a la luz del día.

Pitágoras sostenía que las esferas celestes, que el Universo vibraba y su entonación era una música exquisita. El problema es que en cuanto vivimos en ella, no la tomamos en cuenta y la dejamos de oír. Si ello es así, el silencio está habitado.

 

 

Decisión.

Si se suprimiera la última nota de todas las músicas, estaríamos perdidos irremediablemente. Inestables, caeríamos unos en los otros, sin poder hallar descanso. Hasta no tener más remedio que entonarla.

 

Artificios.

Hay situaciones para las que el lenguaje se encuentra hipercodificado, en las que resulta ocioso detallar todo su desenvolvimiento, debido a su mecanización. Así, muchas charlas, presentaciones, intercambios, son anulados o anulables en su sentido propio comunicacional. Es que la palabra surgió al mismo tiempo que la sorpresa.

Protestas.

Como señal de rebeldía, apagar los televisores. Bajar el volumen de las radios. Susurrar en las canchas. Enmudecer a los poderosos. Escuchar la respiración de quien tenemos al lado.

30OCT

 

Semillas que crecen en la ausencia

Raúl Alberto Ceruti

Existen lugares imposibles, a los que se puede llegar.

Las presencias son más notorias, curiosas y ubicuas que las meras existencias.

 

La huida.

Un personaje huye de una habitación a otra. Paredes y paredes lo recorren y atraviesan. No puede salir de un infinito de habitaciones. Hasta que arranca una puerta, y la da vuelta. Para quedar del lado de afuera, de ambos lados.

 

Notorio

Contar un suceso que nunca existió, pero cuyas consecuencias aún sean detectables.

Hacer aparecer un personaje en un sitio, lugar, historia, hecho, noticia, en el que no participó, y que lo transformó por completo.

Contar consecuencias aún no previstas de sucesos palmariamente triviales.

Relatar la navegación de un río de arena, la caminata por el mar, el arrastrarse a ras del cielo.

Dar testimonio de no haber estado allí, de no haber hecho aquello, de no saber, de no haber visto, de no haber oído. Y que resulte que sólo habiendo oído, habiendo visto, habiendo sabido, habiendo hecho aquello, sea posible que no hubiera estado allí.

Consejos.

Alguien da consejos a alguien. Le indica cómo atravesar un desfiladero, combatir con las alimañas de la ladera, evitar las lluvias de fuego, obtener el salvoconducto de la reina, desviar a las tropas enemigas, ocultar el mensaje real y alcanzárselo en un determinado lugar en un determinado momento. Y que ése sea el lugar y ése sea el momento.

 

Olvidos necesarios.

Alguien se olvida algo. Vuelve a buscarlo. A su regreso, olvida otra cosa. Sólo podrá volver a buscarla cuando haya recuperado la primera. Si ésta no aparece, quedará encerrado en esa indagación.

La memoria sólo es buena cuando genera movimiento.

 

Cámaras

Alguien coloca una cámara que vigile su cuarto cuando no está. Para monitorearlo desde cualquier punto donde se encuentre. Pero su cuarto no es su cuarto cuando él no está. Es una colina, un desierto, un lago, una colmena… Nadie ingresa a su cuarto, pero su cuarto no está quieto. Hasta que un día él mismo se aparece, mirando en la pantalla ser mirado por él mismo. Estar solo es no estar allí.

 

Deducciones

Atribuirle al silencio significados que no tiene. O a las ausencias. O a las faltas. O a los hechos que no puedan ocurrir.

Y sacar deducciones de ellos. De las que surja, clara, nítida, rotundamente, que debamos estar aquí, ahora, leyendo esto.

 

15SEP

Semillas que crecen en el plano III

Raúl Ceruti

 

Ayudas.

Contar una historia desde sus extremos. No desde el principio o el final, sino desde sus extremos. Las consecuencias necesarias de lo que ocurra. Las consecuencias laterales de las acciones que tomen lugar desde su inicio. Los personajes laterales que participaron de las acciones de sus protagonistas.

Una historia que demuestre que no hay héroes para los otros, sino con los otros.

 

Aire en movimiento

Contar una historia desde la perspectiva del viento.

Un viento que recorra rostros, lugares, gestos, personas, hechos y palabras en forma de soplido.

Convertir al tiempo en espacio, a la acción en recorrido.

Para recoger la agonía de un beso, y medir la resistencia de los muros.

 

Agua quieta

Contar la historia de los peces enterrados, congelados, detenidos.

Su recuerdo de los tiempos en que todo temblaba. En que ellos se trasladaban en las diversas corrientes discontinuas.

Y hacer el relato de su esfuerzo para generar de nuevo gota a gota un curso, una dirección, un movimiento.

 

Necesidades.

Antes que llegaras, no existía tu partida.

Antes que me hablaras, no existía tu silencio.

Antes que el secreto, no existían las revelaciones.

Antes de la ruta, no existía el destino.

Antes que las caricias, no existía la piel.

Antes que el deseo, no existía el destino.

Antes que el pecado, no existía el Paraíso.

(Llevar a cabo la historia del modo en que se construyen las necesidades. Antes que el vaso, contar la sed. Antes que el pozo, contar el pasadizo al que te lleva. Antes que la palabra, contar la voz.)

 

Dar

¿Cómo sería una civilización sin manos?. ¿qué objetos habría construido? ¿Para qué sentidos? ¿Para qué miradas?.

Y cómo sería un relato sin encuentros?

O un milagro razonable?

Los signos del dar son profundamente humanos.

 

Comunicaciones.

Pensar sistemas, códigos, lenguajes, señas, signos de comunicaciones que ocurran todo el tiempo entre nosotros. Involuntariamente. El sonido de un tren, un paso en falso, un tropiezo, un estornudo, llevarnos el dedo a la frente, a la boca, a la nariz, una hoja que se cae, un color, un gato, un silbido, una brisa, un perro… Y narrar un relato en base a estas comunicaciones, a lo que dicen y desdicen, en una ciudad sitiada.

 

Distancias.

Ruzaiyán puede ser un mago de las estepas rusas. Un mago extraordinario que puede vaticinar qué te ocurrirá a tí en Buenos Aires dentro de unas horas, digamos tres horas.

Pero el viaje de las estepas de  Rubaiyán a Buenos Aires, lleva más de doce horas. Y el acceso a cualquier teléfono del centro del poblado más cercano a sus meditaciones, está a más de cinco horas. Y el recuerdo de lo que te ocurrirá se pierde en una hora.

A medida que te acerques, su poder de adivinación respecto de tí irá menguando. Hasta que al fin , cuando estés frente a él, sólo pueda anticiparse a tu saludo:

“Hola. Buen día”.

 

Trazos.

En base a una figura geométrica determinada (el icosaedro, por ejemplo), llevar a cabo operaciones narrativas:

Colocar sucesos o conclusiones en los bordes, personajes en las aristas, contextos generales en las caras y personajes en los ángulos.

Mover el icosaedro y empezar a marcar los trazos que las luces y sombras le dibujen.

 

Detectar.

Hay una grieta, le dicen a cada hormiga en el hormiguero.

Las hormigas van  y vienen sin hablarse durante todo el día, intentando tapar la grieta que alguien, en su mayestática potencia, dijo haber hallado.

Contar historias de las historias que no desean contarse. Y de las historias que deben contarse para no tener que contarlas.

 

Breve

Todo es fatal,

hasta el leve sesgo de milagro

que desmaya con la rosa.

Todo es precioso

hasta el pobre y triste barro

en que el pétalo se posa.

 

9ABR

SEMILLAS QUE CRECEN EN LOS PALACIOS

Raúl Alberto Ceruti

1. Un rumor en las Cortes podía acabar con un reinado, declarar una guerra o decidir una alianza. ¿Por qué no contar una historia en la que el reinado, la guerra o la alianza sean el rumor, que provoque un beso, un desencuentro, una promesa?

2. Los mensajeros del reino debían recorrer grandes distancias a fin de llevar las novedades a las cortes. En medio de las batallas, debían informar al rey o a la reina respecto de los avances y retrocesos de las tropas propias y de las enemigas. Pero el tiempo, que siempre fue inevitable, hacía que el estado de cosas relatado por el mensajero, arribado a las puertas del palacio quizás cuatro, cinco o siete días después de sucedidos,  hubiera cambiado. En ese caso puede ocurrir:

  • · Que se tomen las noticias allegadas por los mensajeros como noticias actuales y se decida en consecuencia. Las órdenes impartidas entonces, estarían basadas en estados de cosas ya superados, que siempre resultarán incómodas para darles cumplimiento.
  • · Que existan en palacio unos “actualizadores de estados de cosas” que efectúen la proyección de los hechos hasta el momento presente e incluso más allá, tomando en consideración algunas perspectivas, proyecciones y profecías. Estos “actualizadores” serían colgados de la lengua en el supuesto de que cuatro, cinco o siete días después de efectuadas sus descripciones, llegara un mensajero con una noticia que las falsee. Se puede hacer el relato de un debate de “actualizadores de estado de cosas”, profesionales del paso del tiempo, acerca de si el reino ha sido vencido o resultado victorioso.
  • · Que exista una sucesión de mensajeros, a uno por día o por cada doce horas, que vayan sucediéndose de forma tal de mantener claras las tendencias en las disyuntivas del enfrentamiento. Aquí podría contarse la historia de un mensajero que llegó antes que los otros, con una noticia posterior.
  • · Que se prescinda directamente de mensajeros, y se consulte con adivinos, astrólogos y magos, respecto de los avatares de la inmediata realidad. Aquí hasta podría prescindirse de las batallas, las cuales podrían ser reemplazadas por congresos internacionales de profetas.
  • · Que el cuerpo de mensajeros sea la más heroica, fiel y disciplinada de las tropas reales, y que la verdadera batalla tenga lugar entre ellos y no entre los soldados destinados a pelear en el frente.
  • · Que el cuerpo de mensajeros tenga su propio control de calidad y el mensaje deba pasar por diversos filtros de forma y boato a fin de ser verdaderamente digno de ser dirigido frente al rey. Y que estas formas y boatos impidan la traslación del mensaje.
  • · Que en palacio nadie haga caso de los mensajeros, ya que siempre acuden con noticias de hechos superados, y sólo son un mero entretenimiento real. Las audiencias que se les conceden a fin de que se explayen en sus viejas novedades.
  • · Que en todos los casos, y para evitar distorsiones, se envíen dos mensajeros, uno con la buena noticia y otro con la mala. Y las decisiones se tomen en función de cuál de los dos llegue primero.
  • · Que el reino haya sucumbido antes de que el mensajero llegue.

Una observación sociológica sobre mensajeros y reinos: Si bien los mensajes siempre son susceptibles de alteración, valoración o cambios, las órdenes siempre se respetan tal como habían sido escritas con la firma y el sello real.

3. Las intrigas palaciegas, con sus dimes y diretes, rumores, amoríos, secretos de baño y de alcoba, entendidos, sobreentendidos, malentendidos, formas y protocolos, constituyen algo así como una inmensa coreografía. ¿Qué tal entonces, si todas ellas ocurrieran en una sala de baile?. Una suerte de congreso de las naciones danzante, en donde cada paso pueda tener un contenido de política internacional.

4. Si cada palabra proferida por el rey o por la reina es de efectivo e inmediato cumplimiento, el rey o la reina no pueden mentir por definición. Eso los aleja del género humano, de toda civilización posible y de toda posibilidad de juego. ¿Qué ocurriría con un rey o una reina humilde o anarquista, que no se sintiera autorizado o autorizada a imperar sobre la vida de nadie?. Lamentablemente, correría el riesgo de ser obedecida u obedecido en su única orden: No ser obedecido.

5. El estado de vacancia en el trono ¿puede perpetuarse?. Imaginar una historia en la que los candidatos al trono uno a uno van pereciendo o abdicando, marchándose a otro país o volviéndose locos. Finalmente, el reino no tendrá más opción que constituirse en república.

6. Llega un punto en la complejísima trama de las conspiraciones, en que ya nadie sabe contra quién está conspirando. Un relato de “enredos” bien podría construirse sobre las cartas circulantes entre los conspiradores, que vayan dando cuenta de esta complejidad y que necesite cada tanto de gráficos explicativos a fin de no perderse en ninguna de sus prolongaciones. Al modo de una novela epistolar, propia del romanticismo, no debería exceder de unas 220 páginas a fin de preservar la percepción de la realidad de sus lectores.

7. Un día se descubre una desconocida y olvidada habitación del palacio. Ingresando por ella, se descubre todo un palacio dentro del palacio. Con otros reyes, otro reino, otra historia.

¿Podrán coexistir ambos reinos en el mismo palacio?

Sólo si se vuelve a cerrar la puerta de la habitación.

14MAR

 

 

Semillas que crecen en el plano II

Raúl Alberto Ceruti

 

Cinco minutos en media hora

Contar en 5 minutos la historia de un personaje en un lugar público muy concurrido, y su contacto / cruzamiento con otros personajes (al menos 5). Ejemplo: Alguien en un Shopping pide una comida y luego no encuentra lugar para sentarse cómodamente a comerla, por lo que se cruza con un señor que dice esperar a alguien que prontamente ocupará una silla vacía; una pareja que en medio de su discusión no entiende que quiere sentarse justo en un espacio que se encuentra detrás de ellos, un mozo que no acaba de limpiar una mesa, y una señora que ingresa al patio de comidas. Finalmente, puede darse el caso de que encuentre una entrada al teatro (la chica de la pareja que discutía se lo arroja en la cara al chico) y pueda ir a comer allí.

Luego, contar en 5 minutos, la historia de cada uno de los personajes, que aclara y desarrolla la situación en la que se encontraban en el momento en que el primero los cruzara. Cada historia debe comenzar y terminar en el mismo momento cronológico.

 

Metahistoria.

El relato del personaje A indica por qué motivo ese árbol se plantó en W.

El relato del personaje B indica por qué motivo a X le gustan las hojas del árbol de la calle H.

El relato del personaje C indica por qué motivo Y debe pasar por H.

El relato del personaje D indica por qué motivo Z rompe una rama del árbol

El relato del personaje D indica por qué motivo Y se cruza con X.

Todos esos relatos permiten entender por qué motivo X se encuentra con Y en el preciso momento en que éste levanta la hoja del suelo, y al verla esperarla, se la da en su mano.

 

 

 

 

El libro de los otros.

Relatar la historia de A a través de las historias de todos los personajes que tienen relación con él, sin nombrarlo en ningún momento. Sólo aludiendo a él a través del pronombre “tú”, como si se tratara del lector.

 

Historia viciosa.

El viaje de A indica por qué Y llegará tarde a un determinado lugar.

La tardanza de Y indica por qué Z aún estaba allí.

La historia de la demora de Y indica por qué H tuvo que salir.

La historia de la salida de H indica por qué A tuvo que viajar.

 

Cuentos demostrativos.

Dos personajes llevan a cabo una disputa verbal encarnecida. Ambos comienzan a aducir tremendas generalidades y leyes implacables del comportamiento (todos… todas… siempre… nunca… ). Puede narrarse una discusión y hacer intervenir cuentos tendientes a explicitar afirmaciones dichas al pasar en el pleno fervor (“de cómo todos… siempre…”; “de cómo todas… nunca…” “de cómo nadie…” “de cómo sólo vos…” “de cómo siempre que… entonces…”), de forma tal que al mismo tiempo demuestren su incoherencia, inaplicabilidad o absurdo. Se sustrae a los discutidores del lugar en el que se encuentran litigando, y se les hace leer las narraciones demostrativas relativas a sus afirmaciones. En fin, se demuestra que cada uno de los intervinientes en la discusión no le está hablando al otro sino a sí mismo. Cuando se regresa a los discutidores a su pelea inicial, no pueden más que reírse.

 

La misión histórica.

Un personaje recibe la misión de llevar una historia a otros personajes en particular. Descubrirá que todos los personajes portan historias para otros. La única dificultad es poder entregarla, ya que en esa entrega está la entrega de cada uno.

8MAR

 

 

SEMILLAS QUE CRECEN EN EL PLANO

Raúl Alberto Ceruti

A veces se necesitan ciertos soportes para que las semillas puedan volar lo suficiente como para alcanzar su nido, o para protegerse de los ataques de las aves, los vegetarianos y los insectos.

Lo que sigue son una serie de planteos de estructura para su articulación.

 

UNO.

Escribir la historia de un personaje, mostrando su lado más amable.

Escribir la historia de un personaje, mostrando su lado más fastidioso.

Escribir la historia de un personaje, mostrando su lado más vil.

Escribir la historia de un personaje, mostrando su lado más diáfano.

Escribir la historia de un personaje, mostrando su lado más duro.

Escribir la historia de un personaje, mostrando su lado más tierno.

Finalmente, escribir el momento en que ese personaje (develando que es el mismo personaje en todas las historias) debe actuar en una situación particular, tomando una decisión que lo afirmará en uno de sus lados. Se recomienda que se defina por uno de sus lados más dignos.

 

DOS.

Escribir un encuentro desde el punto de vista de cada uno de los personajes que se acercan a él. Uno deberá poder leerse de izquierda a derecha y el otro de derecha a izquierda. Uno, empezando desde la primera página y el otro desde la última. Finalmente, se hallarán en la hoja del medio, cuyo texto será igual en las dos faces.

 

TRES.

Narrar la historia de un personaje A, dejando algunas perplejidades sin resolver respecto de situaciones y sucesos que deba atravesar.

Narrar la historia de un personaje B, dejando algunas perplejidades sin resolver respecto de situaciones y sucesos que deba atravesar.

Finalmente, unir las historias de A y B mediante el relato de la historia de un personaje C, en sí trivial y secundaria, pero que da sentido a las otras dos.

 

CUATRO.

Alguna vez escribí que el Universo no podría estar conformado de acuerdo con cuatro elementos, sean cuales fueren, ya que ello lo haría un objeto intrínsecamente estático, sino a partir de cuatro principios, fuerzas o direcciones. E indiqué que esos principios bien podrían señalarse como el Principio Cómico -representado estáticamente por el agua-(de tergiversación, curvatura, intervenciones azarosas o disparatadas, caprichosas o volubles), el Principio Trágico -representado estáticamente por el aire- (de culminación, rutura, intervenciones ineluctables o funestas,  indiferentes o implacables), el Principio Romántico – representado estáticamente por el fuego- (de desarrollo, armazón, intervenciones necesarias o vibrantes, deliciosas o entrañables), y el Principio Épico – representado estáticamente por la tierra- (de consumación, impulso, intervenciones venturosas o esforzadas, heroicas o geniales).

No propongo contar la misma historia desde cada uno de los principios, sino contarla desde el juego de los cuatro principios, confluyentes en los sucesos del relato.

 

CINCO

¿Es posible contar una historia con recortes informativos?

¿Puede el estilo de los copetes del periodismo gráfico reunir en su secuenciación toda la complejidad de una narrativa?

Contar una historia desde los titulares de un periódico. Sólo con titulares de un periódico. Una biografía podría llevar desde el suplemento infantil, pasando por el de propuestas adolescentes, continuando por el de pólítica, deportes o espectáculos, pasando por el policial o el internacionales, participando del interés general y terminando en obituarios.

Acaso sea divertido contar la misma historia desde cinco periódicos divergentes en su mirada.

 

SEIS

En el juego de los super villanos y los super héroes, pueden darse infinitas combinaciones.

  1. ¿Puede haber medios poderes? Un poder tal de romper medianamente los objetos, o de semiderretirlos, o de alzar medianamente el vuelo, o de leer la mitad de los pensamientos ajenos, o de ver la mitad del interior de alguna casa.  Y en ese caso, ¿podría otro super héroe colaborar con los otros medios poderes necesarios? ¿Lucharían contra villanos completos o contra parejas en mitades de super villanos (cada uno de ellos con el poder sufienciente para adueñarse de medio planeta)?. Concebir un relato en que deba salvarse sólo medio mundo, rescatar media princesa, resolver medio enigma, dehacer media amenaza.
  2. El punto débil de un super héroe puede ser tremendamente fácil de afectar. Supongamos no una afección contra minerales extraterrestres o puntos específicos y más o menos estrechos del cuerpo, o secretos de difícil acceso, sino una taza de te, una palabra común, una brisa pequeña… Lo que convertiría  al más poderoso de los hombres al mismo tiempo en el más temeroso y contrito.
  3. Un super héroe A tiene el poder que derrote a un supervillano B, que tiene el poder de derrotar a un super héroe C, que tiene el poder de derrotar a un supervillano D, que tiene el poder de derrotar a un super héroe A. Los super héroes confían su enfrentamiento a un matemático.
  4. Un super héroe no siempre elige su personalidad secreta, aquella con la cual aparece frente a los hombres. Supongamos que un determinado super héroe, por una serie de azares en su vida, tenga como personalidad secreta la de un temible dictador, a cuyo original ha vencido, y ocupado su lugar a fin de no colocarse en evidencia.
  5. Supongamos un personaje habitual, un vendedor de diarios callejero, por ejemplo, o un empleado de oficina, sea la personalidad secreta de un super héroe. Pero que todo el mundo sepa que ese vendedor o empleado es al mismo tiempo el super héroe, sin que éste sepa que todo el mundo lo sabe. ¿Cómo ser famoso y no saberlo?
  6. Postular la aparición de un par de super héroes (pueden llamarse, por ejemplo, los “hermanos Mancuso”, cuyo único y exclusivo poder sea el de hacer de los “malos”, “buenos”. Finalmente, los super héroes comunes podrían dedicarse a reparar los daños de huracanes y terremotos, atender a los accidentados en el momento oportuno, investigar la cura de padecimientos reales, y bregar por un mundo mejor, sin perder el tiempo empecinándose en la lucha contra otros absurdos empecinados.

 

SIETE

Pensar en una tira televisiva en la que la historia de sus tres o cuatro personajes centrales se desenvuelva en un mundo más complejo, donde se pueda completar cada una de sus pequeñas aberturas y miradas, a través de una publicación diaria (¿suplemento del periódico?) que la complemente. Se trataría de una verdadera novela “multimedia”.

Ejemplo: El personaje central A se encuentra con su novia/o B en un restaurante. Cruzando la avenida, un vendedor de diarios lo saluda con cierto asombro, preocupación o enfado. En la tira televisiva se muestra posteriormente el encuentro con la/el novia/o B. Por su parte, en la publicación gráfica, se explica quién es ese vendedor de diarios, qué hacía en ese momento en ese lugar y por qué el saludo fue realizado con asombro, preocupación o enfado.

22FEB

 

SEMILLAS QUE CRECEN EN EL VIENTO. (II)

Raúl Alberto Ceruti

Queremos que las cosas se muevan.

Queremos que el mundo tenga movimiento.

Aquí van algunas notas para movilizar la narrativa. También podríamos llamarles “disparadores argumentales”. Espero arraiguen aún sin darse cuenta, en alguna otra idea, dicho, palabra, ocurrencia, enunciada al pasar:

 

Ciencia Ficción:

  • · Mientras los entornos naturales son destruidos impidiendo la proliferación y diversificación de las especies cuyos hábitats no pueden adaptarse a los nuevos espacios urbanos y suburbanos, las cucarachas se multiplican y diversifican generando nuevas y poderosas especies, adaptadas a las condiciones artificiales creadas por el ser humano. De este modo, una especie superior de cucarachas cuidará de todos los hombres, a fin de preservar el sostenimiento de su ecosistema, favorecer la acumulación de grasa adherida a los azulejos, comida cocida en los zócalos, queso fundido en las alcantarillas, goma y azúcar en las superficies de los aparadores. Así, las cucarachas crearán una fuerza de control, contención y protección del género humano, protagonistas de una saga aventurera y exigida.
  • · Es probable que exista una raza alienígena para la que todos los seres humanos, rubios, gordos, flacos, hombre, mujer, niño, niña, bajos, altos, hermosos y afeados, resultan todos iguales. A uno de ellos le encargan el seguimiento pormenorizado de una persona en particular. Lo que dará es una reseña de todas las personas con las que trató. La secuencia espacial convertida en secuencia temporal. La yuxtaposición convertida en continuidad. La diversidad convertida en una unidad que intenta ser coherente y sistemática. El sujeto aparece y desaparece. Entra a un local y sale por el otro. Espera a alguien y es el esperado. Entrega un papel en una esquina, lee el papel y lo arroja al piso. Trae a alguien de la mano. Se suelta. Patea una pelota contra un arco en la vereda. La repele con una patada hacia lo lejos. Corre. Se agarra de la camisa. Al mismo tiempo que se cae alcanza a darle a la pelota de puntín. Se arroja al costado derecho del arco. Se le escapa la pelota entre las manos. Putea. Grita el gol. La cosa puede complicarse cuando le piden que secuestre al sujeto, al que ve por todas partes, adentro y afuera del sitio donde cree apresarlo. O peor aún, cuando le piden que confraternice con él, modificando su conducta y apariencias cada vez que entra en contacto con alguien.

 

Comedia:

  • · A los fines del siglo XVIII, una pequeña aldea europea, brutalmente romántica, es habitada íntegramente por personajes para los cuales no existe el término medio, la templanza, la ductilidad ni la moderación. Todos tienen ímpetus desbordados, corazones arrojados, infinitos exaltados o maltrechos, manías feroces u obsesiones alarmantes. A esta aldea, que todo lo escinde y clasifica de Este Lado o de Este Otro, llegará un burro cansado, incapaz de secundar como brioso corcel las aventuras de los caballeros, o de acompañar como un asno cabizbajo las cavilaciones en la gruta de la melancolía. La imposibilidad de adaptación de este burro a las necesidades siempre exageradas de los aldeanos, les arrancará la primera risa.
  • · Un barco de guerra desembarca en una isla, posesión del enemigo. Pero esa isla es eminentemente turística y sus pobladores no son naturales sino casi todos extranjeros, y las posesiones son hosterías, dedicadas a lograr la mejor estadía de todos sus visitantes. Luego de algunas peripecias, el barco acaba encallado en una enorme piscina, convertido en un casino.
  • · Un grupo de marineros, en avanzada sobre la costa enemiga, espera la orden de ataque. Pero la orden de ataque no llega nunca. Pasan los años y las estaciones, y los marinos aún aguardan, en su precarísima vida a bordo, detenida frente a la costa, que se dicte la bendita orden que les permita atacar. Sin embargo, ello no ocurre, convirtiéndose en el hazmerreír de los niños y pescadores, que les arrojan piedras, algas y pescados. Finalmente, el Estado del que provienen realizará un homenaje en ese lugar “a los caídos en cumplimiento del olvido”.
  • · Un cuento en el que relatar morosamente, con lujo de detalles impeditivos y molestos las escenas de mayor acción directa; y de forma rápida y sumaria respecto de las escenas más significativas. Con multitud de incidentes y relatos respecto de situaciones pasajeras, y con el menor marco de referencia para aquellas situaciones que implican cambios profundos en la trama principal (los personajes mueren, por ejemplo y ello simplemente es mencionado como en una cita al pie, pero pierden un cordón y ese asunto puede ser trabajado durante una veintena de párrafos), podría demostrarse que lo trascendente está determinado por lo “insignificante”.
  • · “Foto de familia”. Un relato acerca de todas las historias implícitas en una foto de familia. Habitualmente se indica quiénes y por qué están reunidos en un determinado lugar. En este cuento se extremarían estas referencias indicando cómo llegó esa botella a las manos de ese personaje, ese traje a vestirse por aquel otro, ese cuadro, ese cuchillo con el que rebanan la torta, ese reloj de pared… Cada cosa ha llegado hasta ese momento, desde años atrás, continentes atrás, anécdotas atrás. Para alcanzar a fundarlo.

Juegos.

Se puede postular un juego en el que se seleccionen por azar algunas situaciones de los personajes participantes, que bien podrían ser miembros de una misma familia. A cada personaje tocado en suerte el jugador le asigna una personalidad en base a una serie de normas generales de comportamiento. A partir de la selección de la situación específica a atravesar, cada jugador aplica las normas generales en una suerte de normas particulares, que determinarán el modo de actuar de su personaje durante su desenvolvimiento. Ninguna de las normas pueden referirse a los demás, ni a otras normas ni a sí mismo. Son secretas, deben ser objetivas y directas, de cumplimiento efectivo y constante. De esta forma, se va formulando la historia de cada uno de ellos en esa situación particular.

Luego, puede repetirse la situación, intercambiando los personajes las normas de los otros, a fin de ponerse “en su lugar”, o cambiando las situaciones sin cambiar de normas, a fin de probar su ductilidad o habitabilidad en un mundo en movimiento.

 

Romance:

  • · Relojes carnales (pieza para el teatro musical de cámara):

Que el tiempo transcurra y se mida conforme las oscilaciones que dibuja en el aire la danza de una bailarina. Puede tratarse del tiempo en general o del tiempo particular de un personaje.

Un solo movimiento de ombligo, y el tiempo continuaría, para bien (p.e., en las postrimerías de un beso) o no (ante el puñal de un enemigo). A fin de detener el tiempo, una bailarina debe bailar la exacta coreografía inversa de la que baila la otra, comenzando desde el último movimiento de la serie y continuando hasta el primero.

Estas dos bailarinas pueden tener intereses encontrados, que sólo coincidan en detener el tiempo en determinados momentos.

El tiempo real, luego, será el tiempo marcado por las oscilaciones de las bailarinas.

 

15FEB

 

 

Semillas que crecen en el viento (I)

Raúl Alberto Ceruti

Queremos que las cosas se muevan.

Queremos que el mundo tenga movimiento.

Aquí van algunas notas para movilizar la narrativa. También podríamos llamarles “disparadores argumentales”. Espero arraiguen aún sin darse cuenta, en alguna otra idea, dicho, palabra, ocurrencia, enunciada al pasar:

 

Comedia:

  • · Puede ocurrir que en un universo literario, los personajes produzcan palabras en lugar de objetos y artefactos. Los pobladores de este universo no habitan en una casa, sino en la palabra “casa” (a cada cual la suya). En este universo, los fabricantes de sustantivos son los más festejados y los más denostados, según el éxito de sus inventos. El éxito se mide en función de las aclamaciones o burlas de los fabricantes de adjetivos.  Todo andará bien en esta aldea de palabras, hasta que un determinado personaje, X, invente un nuevo verbo.
  • · Narrar las aventuras de “Owner Selfmade”, un héroe del management en un universo preapocalíptico. Con las recetas, indicaciones y bendiciones de los “evangelios empresariales”, pretenderá obtener los “resultados extraordinarios” requeridos en cada episodio por quienes se acercan a consultarlo, o a los que él se acerca a aconsejar. Así, casi nunca dará con la solución apropiada a aquellos a quienes ayuda, pero siempre él entenderá que sí. Puede tener otros amigos superhéroes cuyos poderes sean, por ejemplo, detectar ofertas en los supermercados; prever mercados innecesarios; proyectar visualizaciones “positivas”; etc.
  • · En una costa peligrosa, donde ocurren numerosas catástrofes marítimas, en el siglo XV, alguien organiza un Hospedaje para Náufragos. Un lugar donde iniciar una nueva vida. Hasta que llega un oficial de la inquisición, que se rehúsa a desconocer su procedencia, y la procedencia de sus vecinos, que indagará hasta obtenerla. Una vez descubiertos los pecados, felonías, traiciones, crímenes y vergüenzas de sus vecinos, se dará cuenta que todo ello no le sirve para nada, sin un verdugo ejecutor, o un tribunal que lo escuche.  Intentará abandonar la costa en una nave, con la tripulación de los que ha logrado convencer a fuerza de arrepentimientos y contricciones, a fin de llevarlos a una ciudad donde los condenen, pero a fuerza del desánimo y la tristeza de ellos, no logran salir más allá de unos pocos kilómetros.  Náufragos en su propio barco, acaban por constituirse en gobierno. Para los costeros, sin embargo, ese barco sólo es parte del paisaje, y a diario les llevan raciones y cartas de sus amigos y vecinos.
  • · En un palacio respetabilísimo, el famoso e infalible detective de Lord Bekhind, acaba de exponer argumentalmente todos los lazos abductivos que lo llevaron a entender el caso y dar con el responsable de un crimen. Otro detective, retirado, encuentra otras tantas narrativas coherentes, precisas, sólidas e integradas, en las que los sucesos ocurrieron de otras distintas maneras. El mismo suceso se explica una y otra vez de manera distinta, sólo suponiendo que los personajes de la historia no sean o no se comporten como quienes dicen ser. Así, si la Sra. del Conde no es fiel, si el mayordomo no es reservado, si Lord Bekhind no es inglés, si el perro de Bekhind no es listo… Minando uno a uno los supuestos que por supuestos pasan ignorados. Y así, hasta llegar a hipótesis como: Si Inglaterra no es un reino, si la nobleza no es legítima, si las posesiones en las colonias merecen ser libres… Hasta concluir que el tal horribilísimo  crimen (la rotura de la tetera de la Sra. Windsor) acaso no lo sea.

 

Comedia Trágica:

  • · Las autoridades municipales quieren desalojar a los pobladores de un asentamiento ilegal en una zona de alto poder adquisitivo en la ciudad. Al mismo tiempo, otros pobladores se asientan en el solar del cementerio más tradicional. De a poco, merced a las medidas de bloqueo, impedimento y arrasamiento, el asentamiento se va transformando en un cementerio; y merced a la vida, el movimiento y la gestión de sus nuevos pobladores, el cementerio se va transformando en un lugar habitable.  Sobre los mausoleos de los grandes próceres se tienden los calzoncillos. Y buena parte de los perseguidos del asentamiento, van al cementerio como único lugar razonable para continuar con vida.

 

 

Comedia Melodramática.

  • · Las hadas están apenadamente arrugadas y famélicas. Los árboles mágicos están doblados sobre sus enormes troncos, y una especie de algodón seco sangran los animales fantásticos cuando se hieren con las hierbas puntiagudas. Un duende será el encargado de restaurar este universo, dirigiéndose a la casa del anciano que de niño los soñara, y que ahora los tiene abandonados. Una y otra vez insistirá en que narre un cuento, al sólo efecto de revivir su mundo. Pero una y otra vez deberá lidiar contra su ansia de dormir, de beber, de mirar televisión o de enfermarse. Hasta que, finalmente, la historia se haga necesaria.

 

Ciencia ficción:

  • · Puede ocurrir en un futuro lejano, que las condenas por crímenes graves sustituyan la pena de muerte por la anulación de la memoria, familia, personalidad y caracteres del hallado culpable.  Y puede ocurrir que por razones de estricta necesidad política frente a los que aún insistían en las viejas prácticas patibularias, sólo pueda hacerse uso de esta sustitución hasta tres veces. Y puede plantearse la historia de un hombre que sabe que está utilizando su tercera personalidad, y debe averiguar quién fue en las otras dos, antes de caer en la sentencia definitiva. El cuento, novela, película, de ciencia ficción es el relato de esta búsqueda.
  • · Un empleado administrativo modifica un dato en la Supercomputadora Central. La fecha de su cumpleaños o la de algún familiar conocido. Las consecuencias de ese acto provocan una crisis en red, cayendo las bolsas de la organización galáctica que dependían precisamente de ese dato, por una cantidad de consecuencias encadenadas en las que una inversión depende de otra, y esta de otra, y esta de otra, y todas al fin, de ese cumpleaños. Muchos operadores económicos y políticos se dan cuenta de esto, gracias a sus poderosas computadoras, pero la vergüenza en señalar ese detalle hace que provoquen nuevas y flagrantes crisis, y que se comience a sospechar de un pacto de silencio sobre algún crimen tremendo. La sospecha crece de tal modo, alimentada por los propios involucrados, que cuando uno de ellos declara la verdad, nadie lo puede tomar en serio.

9FEB

 

SEMILLAS QUE CRECEN EN GRAVEDAD CERO

Raúl Alberto Ceruti

 

I

La verdadera ciencia ficción: La obra de divulgación de un científico de otro planeta o sociedad. Una suma del conocimiento teórico, técnico, social y especulativo de un mundo ficcional o de una época inexistente. Podría estar escrito en forma impersonal y narraría la historia de los ensayos y errores en el descubrimiento de las leyes que rigen su naturaleza.

Pensar un sistema natural lo más completo y misterioso (desde el punto de vista de una intriga de suspenso) posible.

 

II

La curvatura del espacio supone el tiempo. ¿Por qué la velocidad de la luz es de 300.000 kilómetros por segundo?. Es la velocidad de la esfera. Así, las velocidades definen ángulos de curvatura.

 

III

Un futuro donde cada uno, por su propia iniciativa o voluntad, así como en la actualidad puede decidir una cirugía estética, pueda pedir una intervención genética, y así, tener alas, agallas, trompa. Cola, etc…., para cumplir con los sueños, ambiciones, deseos, curiosidades, inquietudes o deberes de cada uno.

 

IV

Atesorar cuentos, como mundos posibles; órdenes en sí, simples y perfectos; contra la multiplicación de desarrollos inabarcables, de cualquier suerte de ley, forma o estructura universal. Tales los relatos de la ciencia. Construcciones que oculte la desesperación en el sosiego de alguna certidumbre.

 

V

El ciclo de la materia, el flujo de la energía, el régimen de un ecosistema, las variables económicas, la distancia de los catetos, el idioma etrusco, son todas historias de búsqueda de consuelo. Se estudia no para comprender el mudo, sino para hacerlo habitable. Reducir al infinito en las pequeñas parcelas del relato, para pulverizarlo, angostarlo, atomizarlo en sí. Enmarcar su reproducción en los límites del sentido.

Orden es sentido.

 

VI

En tanto los bebés tienen una percepción compleja del mundo, no mediada ni reducida por su sistematización, esto es, recibiendo información de todos los estímulos al mismo tiempo; el arte es el método adulto de regresar a  ese modo de percibir a través de todos los sentidos: Percepción al mismo tiempo directa y compleja.

 

VII

La imprecisión como principio natural. Cada cosa es todas las cosas en potencia. Todas las cosas son cada cosa en acto.

Confluencias, no causas.

¿Pueden haber flores, piedras, plantas, aguas monstruosas? ¡Puede la aturaleza no ser natural?

Características de la Naturaleza:

Dinámica

Fluyente o temporal (irreversibilidad de los procesos).

Impulsora e impulsiva

Integra

Narrativa.

Sin espacios vacíos.

Abierta (Modelo espiral).

Entregada y Recibida (Modelo del abrazo)

Modelo del abrazo: Colocando una mano del derecho y estrechando la otra dada vuelta, se unen los horizontes del Universo. (Instrucciones para unir los extremos del Universo)

 

VIII

La nieve es espera. Cuando se acerca el Sol, desaparece. Luego, el Sol oculta la nieve.

 

IX

Necesidad de las contingencias (es necesario que las piedras choquen para moverse cada una hacia su lado. Es necesario coincidir en un momento y lugar determinados, para vivir una historia en común).

 

FEB

Semillas que crecen en la arena

Raúl Alberto Ceruti

 

 

ESTRATAGEMAS DEL PRÍNCIPE DUBARIS

El acercamiento de la voz “pérdida” al significado de la palabra “derrota” debe su definitiva asimilación a los trabajos de un brillante, aunque demasiado feliz, príncipe Dubaris, el cual nunca pudo acceder al trono, y que había acuñado el concepto de que la victoria definitiva no sólo no debía costar vidas de los ejércitos propios, sino que debía importar al mismo tiempo, la menor posibilidad de enfrentamiento posible, llegando a indicar como ejemplo de victoria absoluta, el obtener un desvío tan cierto de las acciones y propósitos del  ejército enemigo, que todas sus tropas, así como sus generales y jerarcas, resultaran extraviados, absortos, perdidos. De allí también surgió la asociación entre los términos “derrota” y “derrotero”.

El príncipe Dubaris no tuvo a su cargo, que se conozca, ninguna misión militar. Sin embargo, dejó una serie de anotaciones sobre posibles formas de vencer al enemigo, que llegaron a ser muy famosas en el siglo XVI, reunidas bajo el rótulo común de  “Cuaderno de Estratagemas”, serie de consejos, ideas y apuntes para obtener la “pérdida del enemigo, su consternación o impulsión al derrotero”, algunas de cuyas páginas (todas acompañadas de viñetas muy interesantes) se reproducen aquí:

Algunas estratagemas ilustradas:

  • · Cambiar de lugar los brazos de los soldados para desorientar al enemigo respecto de la izquierda y la derecha, y hasta respecto de su propia ubicación en el campo de batalla.
  • · Poner a sus soldados a desayunar permanentemente, a fin de que el enemigo pierda de vista el momento del día en que se encuentra y no pueda proyectar estrategias en su transcurso.
  • · Hacer circular anuncios, leyendas e historias acerca de quienes atravesaron cierta llanura, se atrevieron a cierto valle, atacaron por cierta colina, todos los cuales pertenecen o llevan a la ciudad que se pretende defender, a fin de inhibir dichos pasos, permitiendo sólo el avance por un desfiladero.
  • · Modificar el curso de un río a fin de desviar la avanzada del ejército enemigo.
  • · Obligar al enemigo a la realización de tareas inacabables, como contar los granos de arena de una vasija, o establecer la cantidad de nudos de un tejido, como claves secretas de sus instalaciones y disposiciones.
  • · Pintar los árboles, las piedras y montañas de negro a fin de que durante las noches choquen contra ellos y no puedan avanzar.
  • · Utilizar espadas que posean un repicador, a fin de que por cada golpe se escuchen dos.
  • · Afinar las campanas en el mismo tono en que estuvieran afinados los cascos de los enemigos, a fin de hacerles vibrar las cabezas cada vez con mayor violencia a medida que se acerquen a la fortaleza.
  • · Multiplicar los pretendientes al trono enemigo mediante falsas genealogías, oráculos y predestinaciones.
  • · Ubicar a los soldados de forma tal de colocar uno de uniforme amarillo cada diez de uniforme rojo,  a fin de hacer perder la cuenta a los adversarios, simplemente cambiando de lugar a los amarillos.
  • · Colocar arcos de triunfo en las salidas de la ciudad, a fin de que se lancen a través de ellos y se vayan.
  • · Utilizar uniformes extraños y fingir que se está atacando la ciudad al mismo tiempo en que se espera que el enemigo la acometa, a fin de confundirlo y hacerlo desistir de avanzar sobre una ciudad parcial o totalmente saqueada.
  • · Aguardar el ataque con un comité de recepción y fiestas de despedida, consternando los ímpetus bélicos, y obligándolos moralmente a retirarse.
  • · Desarmar todos los accesos, puentes, puertas, rutas y caminos hacia la ciudad, en piezas de difíciles rompecabezas, a fin de retardar el avance de las filas enemigas.
  • · Colocar pequeñas hendijas de aire en las espadas,  de forma tal que hagan más ruido al blandirlas.
  • · Llevar bolsas con sangre de vaca en lugares expuestos de las armaduras, con el fin de hacer creer que el golpe de espada ha sido certero, y dar la posibilidad al golpeado de contrraatacar con mayor dureza.
  • · Llevar la pelea al cementerio, de forma tal de confundir los cadáveres preexistentes con las víctimas de propios y extraños, agudizando la necesidad de terminar con el ataque por evidencia de desmesura.
  • · Esparcir por el campo de batalla hierbas, frutos y granos tan deliciosos, frescos y delicados que inhiban a los soldados enemigos a  violentarlas, midiendo por ello cada uno de sus movimientos, haciéndolos pesados y previsibles.
  • · Colocar exactamente el mismo diseño de cúpula en varios edificios de la ciudad, a lo largo de todo su perímetro, de forma tal de hacer creer al que se guía por ellas, que se encuentra caminando en círculos, obligándolo a cambiar la marcha.
  • · Llevar la batalla a la sala de baile, obligando a los soldados a mantener el ritmo y seguir el paso de acuerdo a lo que toque la orquesta, formada por los mejores estrategas del reino.
  • · Llevar monedas en lugar de botones en las chaquetas militares, de  modo que se tenga más interés en su preservación que en la muerte de quien los porta, y ante la eventual caída de una de ellas en un choque frontal, obligar a los enemigos a recorgerlas, perdiendo en ello un tiempo valioso y bajando la guardia durante el tiempo necesario para ser contraatacados.

No faltan historiadores medianamente serios que han indicado reconocer alguna de estas ideas en el desarrollo de grandes episodios militares de la antigüedad, e incluso de la modernidad. La discusión a su respecto, merece otra intervención.

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