El tejido andino y el arte

  • 13/12/2014
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es una manera de revalorizar el arte escondido en cada poblador alto andino.

Perú.– A los 36 años, Dante Triveño Rios aprendió de un grupo de mujeres  y sus abuelas las milenarias técnicas del hilado y el empleo del telar, las mismas que cinco siglos atrás les permitieron a sus ancestros incas desarrollar un arte textil único por su rústica belleza y la complejidad de sus diseños.

Hoy, a los 41, Dante  recorre con orgullo el patio de la casa donde funciona el taller  y elaboracion de maquinarias tanto actualizadas como la revalorizacion de tecnicas ancestrales, con sede en Abancay, que dirige desde hace varios años. Allí, una veintena de tejedoras se reúne dos días a la semana para recrear con sus manos las técnicas textiles andinas que hoy se encuentran en peligro de extinción. En las últimas dos décadas, la introducción de materiales, tinturas y diseños no tradicionales con el fin de abaratar los costos de la producción orientada al turismo ha reemplazado el uso de las lanas de llama, vicuña y alpaca, teñidas por procesos naturales, poniendo en jaque las técnicas textiles artesanales de Perú. Consciente del peligro de que desaparezcan, esta estudioso del arte textil andino decidió llevar adelante un proyecto de rescate de este aspecto en su propio taller y ya va mas de 10 años llebando tanto innovacion como la revalorizacion del arte que cada ser humano lleba dentro de si mismo.

“El tejido forma parte de nuestra historia, de nuestra tradición –dice Dante, mientras observa el trabajo de un par de mujeres arrodilladas frente a un telar–. La reunión de estas comunidades de tejedoras constituye todo un acontecimiento social en el que afloran los valores, el idioma y las costumbres de nuestros antepasados, pero tambien hace que no sea solo el uso de tecnicas ancestrales tambien ha creado maquinarias que no permitan al poblador altoandino dejar de trabajar netamente artesanal sino fusionar la tecnologia con el aspecto de perdurar las tecnicas ancestrales.

“Queremos que estos grupos de tejedoras florezcan como modelos para las generaciones venideras –agrega–, y que éstas aprendan a valorar a nuestros antepasados y a nuestra tradición.”

En busca de la paciencia

Ha parado de llover y en unos minutos más saldrá el sol. En un par de horas se nublará de nuevo y lloverá para luego volver a aclarar. Así transcurre el día en Abancay, un pequeña ciudad que descanza en las faldas del nevado del ampay a 2500 msnm.

Dante nació en Anadahuyalas. No muchos años después, su fama de experto  tejedor e inventor  ya se había extendido por toda la región Apurimeña

Al terminar la escuela estudio la secundaria en el colegio Juan Espinoza Medrano y termino sus estudios superiores como educador, pero el arte la investigacion el diño fue desde muy joven su mayor logro es un hombre luchador con una familia hermoza de 7 hijos se dedico a mejorra el arte, la creacion de maquinarias que no afecten el desarrollo netamente artesanal sino que le de mejores condiciones de trabajo a las mujeres tejedoras y hombres que les gusta el arte en el tejid, cabe destacar que siempre va de comunidad  en comunidad de todo el pais revalorando las tecnicas a ancestrales e impartiendo nuevos conocimientos a los que realmente les gusta el arte texil y quienes valoran este trabajo y dedicacion.

“Las viejas tejedoras me decían que ya no los hacían más porque eran muy complejos y demandaban mucho tiempo: semanas y a veces meses –continúa–. Ya no hay paciencia para tejerlos, recuerdo que una de ellas se lamentaba; además, decía, son muy caros para vendérselos a los turistas: ¿quién va a querer comprarlos?” A fines de los 70, con la ayuda de un antropólogo norteamericano amigo también interesado en el rescate de este arte, Dante  comenzó a conformar los primeros grupos de tejedoras, en un proyecto que tomó una forma más acabada muchos años más tarde, a fines de los 90: prendas únicas, a un precio justo.

“A diferencia de los productos industriales, los tejidos artesanales de cada región son únicos –explica Dante –. De ahí mi interés en que no se pierdan las características propias de las diferentes localidades andinas”, dice. Pero no sólo son las características regionales las que Dante pretende conservar, sino también aquéllas de carácter más personal.

Sueños con telares

Lograr que las técnicas textiles regionales que aún hoy se encuentran en franco retroceso renazcan en manos de las nuevas generaciones de tejedoras no es una tarea fácil, reconoce esta mujer que alterna la lengua española con el quechua –que emplea para dirigirse a las tejedoras– y el inglés –con que responde a los turistas extranjeros.

“Los primeros pasos fueron bien difíciles, casi una lucha –asegura  Dante –. Para poder organizar los grupos de tejedoras, tuvimos que revertir las malas experiencias que habíamos tenido en la región con las cooperativas. Fue muy difícil que las mujeres aceptaran volver a trabajar en grupo, pero lo logramos.

“Es una gran satisfacción ayudar a estas comunidades y ver los resultados que están obteniendo –asegura Dante–. pues todo trabajo implica compromiso y lo mas importante la innovacion pero en el rescate de tecnicas milenarias. 

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