Violencia en el fútbol

  • 10/12/2014
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Solo con educación se puede desterrar a la gentuza del fútbol

Gracias a la generosidad de mi buen amigo Javier, desde hace seis años acudo cada quincena al Santiago Bernabéu a acompañar a mi hijo —muy a mi pesar he de decir, pues el muy bribón desoye mis doctos consejos y se hace seguidor del equipo blanco en lugar del equipo de mis amores, el Real Racing Club de Santander—. En este tiempo jamás hemos tenido ningún incidente, y ni siquiera hemos sentido el más mínimo sentimiento de peligrosidad por acudir al fútbol, al contrario, lo vivimos como un momento entrañable y divertido. Y eso que hemos vivido los partidos-guerrilla con Mourinho en el banquillo merengue. Aún recuerdo la vergüenza que me daba presenciar semejante espectáculo. Afortunadamente, emplee ese tiempo en enseñar a mi hijo precisamente lo que NO se debe hacer.

Tras el asesinato de Francisco Javier Romero, alias Jimmy el pasado domingo en una reyerta entre aficionados —o quizá deberíamos decir descerebrados seguidores— del Atlético de Madrid y del Deportivo de La Coruña, han sido muchas las voces reclamando el fin de la violencia en el fútbol —incluso del propio fútbol de la sociedad—. No olviden que quienes organizan encuentros para pegarse son unos delincuentes que se escudan en el fútbol, y si no, observen los historiales delictivos de estos sujetos. No creo que nadie en su sano juicio pueda enfrentarse con otra persona por el mero hecho de ser de otro equipo. La Liga de Fútbol Profesional (LFP), el Consejo Superior de Deportes (CSD) y la Federación Española de Fútbol (RFEF) mantuvieron una reunión en la que acordaron cerrar gradas, perder puntos e incluso descender de categoría a los clubes que colaboren directa o indirectamente con los ultras.

Es cierto que en el fútbol sobra mucha gente, pero no solo vándalos disfrazados de seguidores, sino jugadores, directivos, periodistas forofos, etc. Todo sería más sencillo si la gente tuviera esa cosa tan extraña que se llama EDUCACIÓN. Educación que empezaría por los propios protagonistas. Es inaceptable que los jugadores finjan para engañar al arbitro, o que incluso agredan subrepticia, o descaradamente incluso, al adversario. O que los directivos apoyen a estos grupos violentos para perpetuarse en la poltrona, o que faciliten entradas o viajes a gentuza que se escuda en el fútbol para desbocar su frustración. Educación es que las declaraciones, los análisis y la moviola pospartido de los periodistas-forofos no incluyan descalificaciones. También es impedir que en los cánticos de los aficionados se insulte gravísimamente al rival o se imiten sonidos simiescos cuando es un jugador negro quien tiene el balón. En resumen, educación es ir al fútbol a disfrutar. Como hago yo y como hacemos la mayoría de las personas que vamos al estadio. Incluir a todos en el mismo saco es una injusticia. Y si alguno, se llame como se llame, no cumple las normas se le echa a la calle, pero claro ¿quién es el valiente que se atreve a quitar el circo a esta sociedad?

Piensen.Sean buenos.

Siguiendo el consejo musical de Bagatela, la canción regalo de hoy es Fever, fiebre, que concentra la idea de cuando la pasión se convierte en algo enfermizo. Con todos ustedes: The Black Keys.

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