“Al atardecer”

  • 06/12/2014
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Una escena que tengo grabada en mi memoria por lo impactante, era la entrada de las yeguadas y rebaños en el pueblo .Acudían por todas partes a eso de las seis y media de la tarde cuando aflojaba la calor, a abrevar en las diferentes fuentes y pilones diseminados por todo el pueblo, yeguadas de corceles; potrancas y potrillos, barrocos: Alazanes pelirrojos, bayos amarillentos_ ruanos como un arcoíris,  y tordos. rebaños de cabras blancas con sus pequeños cabritillos, y los borreguitos casi como un algodón de azúcar ,piaras de guarros negros entrepelaos y lampiños. Como el suelo tenía un par de palmos de tierra, más bien de arena, algunas veces rojiza otras casi blanca, al entrar todos los rebaños, se levantaba una polvareda, como en las películas del oeste de Clin Easwood,. Eso en contraste con un cielo índigo ocupado por un gigante sol, y miríadas de azulinos vencejos y negras golondrinas, Chirriando, llevando en su pico diez o doce mosquitos, avispas chicharras abejas de los enjambres que colgaban en los alerones de casi cualquier casa o  de las nubes de ellos que  envolvían los rebaños <  digo yo…... La escena desconcertaba porque uno no sabía a cuál de las piezas de ese puzle llevar la atención..

Recuerdo una tarde estar de esa guisa en la fuente, con la cantara y la caña, con la tita, ella aclarando unos trapos en un agua heladísima y transparente, porque llegaba de la sierra, ahora han salinizado los pozos para vender agua embotellá dicen los ecologistas. .El negro zaíno del mármol y el oro reluciente de sus tres caños ,y yo apoyada aclarándome las manos,  cuando esta se agacho a recoger un trapo ; un leve chirriidillo se le escapó, yo no sabía muy bien porque , pero al darme la vuelta pude ver sus nacaradas nalgas ,y unas medias azules que llevaba ,y entonces la vi, una avispa gigantesca según mi observación rallada en negro y amarillo con unas llamativas antenas estaba incrustada con su culo en las nalgas de la tita, mi índice y mi meñique la extrajeron dejando esta sus pobres intestinos por el camino.-gracias niña, suspiro mi tita aliviada, y con mucho cuidado con la puntita de las uñas extraje el aguijon.

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1 comentario

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Félix Rodiño Vallugera11 d diciembre d 2014 a las 10:02 (UTC)
Querida Esperanza: ¡Qué gran habilidad tienes!. Otro relato de lo cotidiano, precioso y sencillo. Te envidio. Un gran abrazo.

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