Victimas o victimarios: un poco de todo

  • 02/12/2014
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Una reflexión posible sobre sucesos de violencia.

Abusos en los colegios, envenenamiento del profesor, golpiza a maestros, paros indiscriminados, alumnos que egresan y no acceden a conocimientos mínimos para continuar estudios, secundarios que habilitan casi exclusivamente para un trabajo en algún supermercado importante, o como vendedora…

Podríamos pensar que la escuela está en crisis, sin embargo, al dar un vistazo a otras instituciones,  o en la sociedad entera, este recorte resulta ser un reflejo de la crisis general en que nos hallamos como sociedad.

Al pensar en violencia, parece preocupante, la justificación implícita que existe entre la conducta del agresor con las características de las víctimas, es muy probable que haya una interrelación entre ambas partes, sea sostenida en la realidad o al menos en lo inconsciente, lo que resulta inadmisible –a mi modesto entender-  es la articulación directa entre uno y otro factor. Por ejemplo, si aparece una joven asesinada, surgen cuestiones sobre si estudiaba, trabajaba o si era de tal o cual forma respecto a su sexualidad, se rompe a hachazos, tal vez, el sujeto dejó mal estacionado el auto mucho tiempo, envenenan a un profesor es consecuencia que el mismo fuera abusador, si es abusador es porque, tal vez,  las chicas provocan situaciones….

Quedaría dicho, que es un momento en el que el modelo básico seria estimulo respuesta, la violencia como modalidad única de resolver la violencia, la concepción de remediar los temas por cuenta propia, seguramente por falta de confianza en las autoridades, en las leyes, o en quienes tengan que aplicarlas, confrontando al ser humano  desamparo y formas precarias de enfrentar conflictos.

Esta sociedad inestable, donde la acción parece anteceder muchas veces a la palabra, es producto de todos quienes la conformamos, y tal vez, todos, desde el lugar que estemos, con la actividad que desarrollamos, desde los roles que asumimos, tengamos mucho para hacer, para cuidar a nuestros niños, a nuestros jóvenes, a nuestros mayores, a nosotros mismos, escuchando, hablando, entendiendo, conteniendo el uno al uno, pero comprendiendo que los casos individuales, son emergentes del todo. Reconociendo y ayudando, quizás, podamos volver a confiar, proyectar un futuro mejor.

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