No a la violencia

Nuestras sociedades viven inmersas en la violencia y hechos como el acontecido el pasado domingo entre ultras de dos equipos solo ponen de manifiesto este hecho.

He dejado pasar un tiempo prudencial para poder escribir algo que no me saliese solo de la entrañas y de la repugnancia que hechos como el acontecido el domingo en las inmediaciones del Calderón influyese más de lo necesario.
Ciertamente es repugnante y nauseabundo el que grupos de personas organicen premeditadamente un encuentro con el fin de agredirse, incluso hasta poder segar la vida de alguno de ellos, como ha sido el caso.El foco se dirige hacia el mundo del fútbol ya que estos grupos se organizan -también- alrededor de clubes como falsos aficionados. Y ciertamente el que haya clubes de fútbol que por miedo o interés hayan apoyado en el pasado a este tipo de grupos y, en el presente, sigan haciéndolo con su permisividad, debe hacer reaccionar a los aficionados al deporte.
Si un club y sus dirigentes no son capaces o no quieren acabar con esa lacra, y las federaciones y asociaciones no ponen los medios y/o sanciones al respecto necesarias, es el mismo aficionado y el socio quien debe hacerlo. Como siempre, es fácil hablar y acusar, pero llevar a cabo acciones concretas es otra cosa que no solemos hacer. ¿Es el aficionado capaz de no asistir al estadio hasta que en los fondos de algunos clubes deje de haber grupos de ultras? ¿Es el socio capaz de hacerlo poniéndose de acuerdo en masa para comunicar a su club que no renovarán su abono a menos que se de una solución a este enorme problema?La respuesta todos la sabéis.
Sin embargo, y más allá del fútbol, la violencia está instaurada en cualquier parte de la sociedad. Violencia de padres contra hijos y viceversa, de hombres contra mujeres y, aunque en menor medida, también en sentido opuesto. Violencia de grupos (muchas veces los mismos que llenan los fondos de los estadios) contra emigrantes, contra policías en manifestaciones en las que se cuelan (o dejamos que se cuelen), contra gentes de otras razas, religiones, ideologías políticas... Violencia en la conducción, en debates televisivos, en el mismo trabajo. Violencia de todo tipo que empapa nuestras sociedades. Videojuegos, cine, música... que utilizan y ensalzan la violencia. Violencia, en última instancia, que suelen ejercer también los gobiernos y poderes fácticos en mayor o menor grado sobre los ciudadanos.
No hace mucho había un spot televisivo donde se veía como los niños tienden a acabar comportándose como sus padres. Cada generación nace viendo a la anterior gritando en el coche a otro conductor que hace una maniobra mal, a su padre el sábado en la banda del campo de fútbol del colegio o en el estadio de su club de fútbol, o a veces frente al televisor, insultando al rival o al arbitro. Viendo peleas en televisión, ira, guerra, enfrentamientos entre grupos, entre familias, entre padres.
La violencia es parte del hilo conductor de nuestras vidas. Y en una sociedad que ocurre esto hay algo que no funciona bien y hay que analizar las causas y erradicarlo. Porque no es la violencia algo que ayude al desarrollo de las personas ni de las sociedades sino todo lo contrario.Vivimos en una sociedad donde la violencia de todo tipo está arraigada en mayor o menor medida. Y las medidas externas a tomar son un paso.
Pero la solución parte de la base de la educación y de la asunción de un cambio de paradigma de las relaciones entre las personas y las sociedades. En comprender que el respecto, la tolerancia, la colaboración, el apoyo, la negociación, el diálogo son la base de la evolución social de las personas y las sociedades.De lo contrario, erradicaremos la manifestación de la violencia, en parte, pero no su esencia ni el sinsentido y la atrofia social que esta representa. Y aquí todos tenemos nuestra parte y nuestro reto. Día a día y empezando por nosotros y nuestro entorno.

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