Entradas disponibles Playa el Arenal Burriana 2015 ( desde 40,00 € )

ARENAL SOUND 2015

as_cartelDespués de cinco ediciones, se puede decir que el festival de Burriana está plenamente consolidado, batiendo todos los récords de asistencia (cincuenta mil abonos despachados), así que el futuro de la cita castellonense no puede ser más brillante y su combinación de conciertos indie de tarde/noche con DJ's y fiesta electrónica de madrugada ha demostrado funcionar de maravilla. Por si fuera poco, Arenal Sound is in da house. Dos de los artistas que se erigieron en grandes triunfadores del festival tuvieron el rap como ingrediente principal de su menú. Por un lado, la huracanada Azealia Banks. Por otro, los siniestros freaks de Die Antwoord. En ambos casos, un DJ y unas bailarinas fueron suficientes para que MC's de arrolladora personalidad y contundente presencia escénica se llevaran de calle al personal. Tanto la neoyorquina como los sudafricanos son puro presente, el tiempo en el que parece querer instalarse el Arenal Sound. No es que las guitarras quedaran desterradas del cartel, ni mucho menos, pero la tendencia se agradece, teniendo en cuenta la sobredosis rockera de la mayoría de citas estivales españolas. Para variar, en Burriana los protagonistas fueron los platos de los disc jockeys y los sintetizadores de bandas como Bastille (con demasiada inclinación al pastiche teenager) o el dúo Matt & Kim, una auténtica revolución sobre el escenario, y seguramente los triunfadores oficiosos de esta edición. El programa responde a las exigencias de fiesta de un público mayoritariamente adolescente al que le importa poco la tradición pop británica que encarna un Miles Kane ante el que no se llenó el escenario principal (aunque ofreció un excelente concierto), pero que se divierte de lo lindo saltando al son del trillado electro de FM Belfast o del pop someramente fashion de The Royal Concept. Y después, a la playa, donde hay instalado un escenario en el que durante la tarde se suceden los grupos sin que les preste atención casi nadie, pero a partir de las tres o cuatro de la madrugada se congregan decenas de miles de sounders para bailar como si no hubiera mañana. Que lo hay, porque de hecho llega mientras siguen dale que te pego. Tres fueron los grandes bastiones rock del festival. Biffy Clyro tiraron del rock maquillado que les ha granjeado un importante número de seguidores, pero que en directo no es más que estruendo hueco. Placebo contribuyeron el sábado a la elevada venta de entradas de día, al congregar público algo más talludito que visitó Burriana puntualmente para asistir a un show muy correcto en el que defendieron su último álbum. Mando Diao sepultaron el poco crédito que podía quedarles con un espectáculo esperpéntico que, de ocurrir en Glastonbury (o en un foro de similar importancia), habría terminado con su carrera, aunque para ser justos hay que dejar constancia de que el final de su actuación levantó a una audiencia que había ido a verlos para escuchar su par de hits bailables. De entre las bandas emergentes del cartel no resulta demasiado arriesgado augurar un futuro prometedor a Circa Waves y a Peace, jóvenes aunque sobradamente preparados. Ambos convencieron a base de empuje hormonal y conocimiento del material sonoro que manejan, aunque en ningún caso comporte riesgos ni novedades. Sus pases fueron más estimulantes que los de unos The Wombats correctos, pero sin mucho fuelle (ya sacaron el conejo de la chistera hace tiempo) o unos Crystal Fighters que repitieron una vez más la ceremonia del peyote que llevan paseando por los escenarios españoles desde hace meses. En el apartado nacional, el Arenal Sound echó mano del catálogo primavera-verano de los grandes almacenes del indie al por mayor. No faltó el pasacalles de Love Of Lesbian, la verbena de La Pegatina, las hechuras de cantante melódico de Iván Ferreiro (con Ricky Falkner y Pablo Novoa en la banda), la seductora languidez de Russian Red, la atronadora descarga de Triángulo de Amor Bizarro, el mal rollo consciente de El Columpio Asesino, la exquisitez de Mishima, el pop cada vez más estandarizado de Sidonie, la vetustez de bajo perfil de Izal, el cachondeo con fundamento de Pony Bravo, el enésimo desmelene de Abraham Boba al frente de León Benavente y hasta el regreso de Shuarma al frente de unos irrelevantes Elefantes. El lector disculpará que los metamos a todos de manera indiscriminada en el mismo párrafo, cuando es evidente que la propuesta musical de unos es bastante más interesante que la de otros, pero creemos que su presencia recurrente en salas y festivales del país (y ya se ve el Sonorama en el horizonte) hace innecesario insistir de nuevo en las virtudes y defectos de cada uno de ellos. Habría que preguntar a los residentes en el camping por las condiciones (objeto de polémica en ediciones anteriores) en que han convivido durante la semana que dura el festival, pero a tenor de su grado de excitación nocturno parece que la oferta del Arenal Sound cumple con sus expectativas. Y si hay un objetivo que debe tener claro un festival es saber el público al que se dirige. En Burriana no tienen dudas al respecto, y las cifras les dan la razón. Que siga la fiesta.

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