Todo por ti

 

-...No te comprendo

 

-No hay mucho que comprender, solo, que si quieres venir muy lejos y dejarlo todo para estar conmigo.

 

 

Le miré, de manera asombrada, a sus ojos color caoba y me sentí un poco mareada, nunca puedo resistirme a su mirada de ángel seductor.

 

 

-Pero Juli... es que no puedo dejarlo todo así a la ligera. ¿Y que pasa con nuestros estudios...? ¿Y con nuestra familia?

 

-No te preocupes por ello Samy.-me comunicó con su dulce voz que tanto me embriagaba. ¿Que prefieres, estar con ellos o estar conmigo?

-Estar contigo-le contesté dubitativa.

 

-Pues ya está, vámonos... ¡hoy mismo!

 

-De acuerdo, pero, ¿a dónde nos vamos?

 

-A donde tu quieras Samy,-me dijo dándome uno de sus cálidos besos que me dejan siempre anonadada-a donde tu quieras.

 

 

-¿Qué tal a San Francisco?

 

-Vale, preparate la maleta, pero que no te vean tus padres, dejales una nota.

 

-Vale, ¿cuándo nos vamos?

 

-Esta noche estoy bajo tu ventana a medianoche.

 

-De acuerdo.-le respondí, dándole un beso como el que él me había dado, salvo que esta vez en los labios.-Nos vemos esta noche, mi Juli.

 

 

Era medianoche y miraba deseosa por la ventana, esperando ver esos ojos brillantes de mi novio, esperándome allí abajo, pero no había nadie.

 

 

Habían pasado dos horas y todavía no había llegado. Intenté llamarle, pero saltaba el contestador, le mandaba mensajes, pero no me contestaba. ¡Qué ocurría!

 

Con lágrimas en mis llorosos ojos me acosté, pensando que no iba a venir y que algo le tenía que haber pasado para no haber acudido como me prometió.

 

 

 

Las luces de las primeras horas de la mañana entraban a través de la ventana. Me levanté de la cama y me dirigí silenciosamente y con la cabeza gacha a la cocina.

 

 

-¿Qué te pasa hija?-me preguntó mi madre al verme llegar con esa cara.

 

Se lo tuve que contar todo, y ella con tono de tristeza en la voz me contó:

 

-Hija, nos hemos enterado esta mañana que tu novio Juli...,-se detuvo un momento- ha fallecido...

 

-¡QUÉ!¡No puede ser!¡Cómo y dónde ha ocurrido!-le solté todo de golpe antes de echarme a llorar y derrumbarme en el suelo.

 

Mi madre se me acercó y abrazándome me dijo:

 

-A tenido un accidente de moto en el puente que llevaba a Teeuton.

 

-¡NO! Por eso no vino anoche a mi ventana para fugarnos.

 

-Sí.

 

-Me voy a clase.-le dije secándome las lágrimas de los ojos.

 

-¿No vas a desayunar?

 

-No, no tengo hambre.

 

Le pasé una nota por debajo de la puerta nada más salir.

Cogí la bici y en vez de dirigirme al instituto, seguí el camino que llevaba hasta el puente.

 

 

Allí me encontraba, sin los zapatos, encima del bordillo del puente, preparada para tirarme y vivir con Juli para siempre.

 

 

Justo cuando iba a saltar, mis padres llegaron en su coche y se dirigieron hacia mi corriendo.

 

-¡No lo hagas Samantha!

 

-¡No puedo vivir sin él!¡Lo siento!-les grité y me precipité por el puente dándome la muerte inminente.

 

 

¡Por fin! Ya podría vivir para siempre con ÉL

 

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