No eres culpable

No eres culpable. No somos culpables. Repite conmigo: ¡No soy culpable! Repítelo en voz alta y difúndelo ¡No tenemos la culpa!

 

Parece que todo el mundo ya tiene interiorizado el adagio, repetido cual mantra, de que “nosotros hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Por favor, no les creas; nada más lejos de la realidad.

 

Desde el inicio de esta crisis, tanto el mundo financiero, como gran parte del económico (neoliberal) y el político, se han empeñado en intentar que nos culpabilicemos y nos “azotemos por los pecados cometidos” al confiar en el sistema económico-financiero que se montaron los de arriba, el 1% que posee al menos el 20% de la riqueza mundial. Y parece que lo han logrado. Y eso es lo que irrita aún más; no solo porque desplazan la responsabilidad hacia los más débiles, sino porque se aprovechan de nuestro sentimiento de culpa para tomar medidas de carácter ideológico que benefician a los mismos que nos llevaron al desastre; y que no somos ni tú, ni yo -disculpa, Alan Greenspan, expresidente de la Reserva Federal estadounidense, si estás leyendo esto; no te exculpo a ti-.

 

Lo anterior, como es lógico, debe sustentarse en algo. Por sí mismas, las palabras, salvo las de esos “pretendidos representantes profesionales” que a veces hacen ruedas de prensa en televisiones de plasma sin aceptar preguntas, no se sustentan. Normalmente deben justificarse, como lo hizo la Sra. María Dolores de Cospedal con la “indemnización en diferido en forma de simulación” de Bárcenas. En este caso les resumiré la historia, intentando que sea de exposición más clara que la de Cospedal.

 

Para empezar, sin pretender ser exhaustivos, podemos decir que el origen del desastre se encuentra en la desregulación del sector financiero, que se acompañó con la derogación en 1999 de la Ley Glass-Steagall (en Estados Unidos), la cual impedía la unión/confusión de la banca comercial (de depósitos) y de la banca de inversión (mercados financieros) tras la crisis de 1929; también fueron claves el desarrollo tecnológico y la consecuente ingeniería financiera que permitió.

 

La locura en el mundo financiero fue de espectáculo. El desarrollo tecnológico y la ingeniería financiera potenciaron la multiplicación de derivados financieros. Aquí es donde encontramos los famosos CDO (Collateralized debt obligation) u “Obligaciones de Deuda Colateral” y los CDS (Credit Default Swaps) o “Seguros de Impago de Deudas”, de los que hablaremos más adelante, entre otros productos. La confusión entre banca comercial tradicional y la banca de inversión hizo que se multiplicaran los riesgos y que se difundieran por todo el mundo entero, con la inestimable ayuda de la denominada globalización y de la libre circulación de capitales que la caracteriza.

 

Todo esto, sumado a la influencia política de los grandes capitales, a los intereses empresariales de la gran corporatocracia estadounidense y al gran sesgo intelectual de sus líderes (y de los líderes mundiales), produjo un combinado más destructor que el de cualquier exceso de “Cubalibre”. Tanto, que todavía hoy nos dura la resaca.

 

Pero veamos, de manera somera, qué ocurrió. Todo lo anterior motivó que se multiplicaran los préstamos denominados “subprime”. Estos son un tipo de préstamo que se caracteriza por un notable riesgo de impago, pero que ofrece a los prestamistas (aquéllos que prestan el dinero) un interés mucho más interesante que uno “normal”. Estos comenzaron a dar una mayor cantidad de estos préstamos porque, gracias a los derivados financieros, no tenían que esperar a que el deudor (quien pide prestado) se lo devolviera. Los prestamistas vendían sus derechos de cobro a los bancos de inversión y estos, utilizando el producto financiero CDO mencionado antes, agrupaban esos préstamos comprados, en lotes: incluyendo préstamos de riesgo alto y bajo. Estos CDO se vendían de nuevo a los inversores que quisieran comprarlos (o venderlos) tras ser “calificados” por las Agencias de “Rating” o de calificación (Moody's, Standard & Poor’s, Fitch). Parecía un buen sistema, salvo porque estas casi dependían de los grandes Bancos de Inversión (que emitían los CDO) y cuyos ingresos derivaban de la “calificación” o “nota” dada a los productos financieros (AAA o triple A era la máxima).

 

Pero falta un paso más. Una vez creado el CDO y calificado atendiendo a los “supuestos” riesgos inherentes al mismo, aparecían los CDS: los seguros ante el impago de los CDO. Estos seguros también podían comprarse y venderse para especular y apostar.

 

Con todo, si has llegado hasta aquí, podrás imaginarte por qué se dieron tantos préstamos “subprime” (muchos garantizados con hipotecas), y por qué el mundo entero se vio afectado por la crisis financiera y el pánico bancario. Los que daban el préstamo se despreocupaban de su cobro. Se habían montado tal tinglado que nadie podía fiarse de nadie.

 

Y entonces, ¿por qué no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades? Las posibilidades estaban, el sector financiero se encargó de ello. Para sus balances y sus resultados les venía de perlas. Para las bonificaciones de sus directivos aún más. No querían “parar la música” y aguar la fiesta. Pero pronto tuvieron que abrir los ojos. La tecnología y el aumento de la productividad (en forma de menos trabajadores para producir lo mismo), así como la deslocalización de empresas a China y a otros países con mano de obra barata, con la destrucción de empleo que supone (aumento del desempleo), y el excesivo nivel de precios de las viviendas, motivaron que estallara la burbuja inmobiliaria: los impagos comenzaron a llegar; el mercado inmobiliario se detuvo y los precios iniciaron su inesperado descenso.

 

Y señoras y señores, aquí estalló el sistema. Tras esto, entramos en la pendiente jabonosa que todos conocemos. Que no nos engañen. Tú, nosotros, no tenemos la culpa. Fueron sus “movidas” y sus “cagadas” las culpables. Lo que pasa es que era difícil explicarlo. ¡Difúndelo!

Denunciar contenido

1 comentario

Deja tu comentario
papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat28 d diciembre d 2014 a las 21:44 (UTC)
Te deseo toda la felicidad para el 2015.

¿Tienes algo que decir? Este es tu momento.

Si quieres recibir notificaciones de todos los nuevos comentarios, debes acceder a Beevoz con tu usuario. Para ello debes estar registrado.
He leído y acepto el Aviso Legal, la Política de Confidencialidad, y la Política de Cookies de Universia