Ángel magistral

  • 01/11/2014
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Ángel magistral

Es de noche y mis ojos nocturnos se encienden como vela, camino de largo, con manos delante, a ver si se digna el tropiezo a perecer, pero no... Piedra dura a la vista, cuando acordé me había ya destrozado mi columna vertebral en cachos minúsculos, y cuando ya ni el aliento doblaba, sentí una ala blanca, inmensa, acariciar mi frente pálida, las lágrimas que tenía de tremendo dolor, se iban danzando al ritmo de ellas, se movían con patrones matemáticos de difícil comprensión, un rostro... Me salvó las sienes, sí, las sienes de la pérdida de esperanza, me tomó por el lomo, dio un beso a mis labios y se hecho a volar, como ave fénix con esplendor mayor, cuando desperté mi lánguido cuerpo no era ya más, era una robusta criatura dispuesta a regresar al campo del luchar, con una integridad tan bella... Que se puso a llorar.

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