¿Y ahora qué?

Lanzado al vacío… que en su interminable obscuridad, tiene más oídos que el mejor psicólogo.

Hoy me topé con esa caja, dueña de vidas pasadas, guardián de testigos y recuerdos.

¿Por qué volví, me dices? --Porque pude, porque quise, porque lo necesité.  Porque tuve tiempo, --Sí, así es, aunque me hagas esa cara de incrédulo, tuve tiempo. Me hice tiempo.

Mi intención era cargar las pilas, creo que se me han descargado por completo, la brújula y el compás se me voltearon y gritan una huelga ¿y ahora? ¿Ahora que he recordado, ahora qué?

--¿Qué replantee, dices? Podría hacerlo, empezar de cero ¿no?, sopesar errores y fracasos, recalcular tiempos de lanzamiento y ahorro. Suena bien, romper la hoja y volver a empezar es a veces lo único que hacer.

Tenía todo planeado, presupuesto de vida autorizado, medidas de felicidad diaria y los ocasionales días de nostalgia, que sientan bien con un vinito.

Claro, habría que dejar lugar para la crisis, una vez al mes, al reloj de las hormonas estaba permitido.

Y así, planificando y argumentando que ese era el camino, me fui perdiendo en minutos medidos, horas contadas y en la espera del mañana; ¡Ah!, que cuando llegara ese mañana, todo habría valido la pena, y el pasado… ya ni para mirarlo.

Pues hoy, en esta tarde, rompí mi regla, no me preguntes porque, falta de chocolate o sobra de tiempo… lo hice, me sumergí en la caja del pasado y decidí echarme de clavado. Aunque al final fue poco a poco, quedito y como si no estuviera pasando me topé contigo… te sonríes ya veo. ¿Te causa gracia? ¿Estas halagado? “Hasta que se me hace un poco de justicia”-te escuche decir debajo de mis venas.

Me declaro valiente, y juzgo a los cobardes, aquí estoy, cual torero de frente y con talante… ataca tu primero que pienso maniobrar mi capote de tal manera que salga bien librada, me conoces.

Te sostengo la mirada y me planto como siempre, total, ¿Qué hay que perder? Si ya las cartas se han echado. El juego ha terminado.

Di algo por favor, que tu mirada me quema si no hablas. ¿Empiezo yo? Empiezo yo.

Me gusta verte, contento y entero, diferente, con ese misticismo con que se mantienen los recuerdos vivos en la mente, vivos en el alma. Pero tú no eh, que quede claro, solo estas en esta caja, que hoy me he permitido visitar.

Te noto en paz. Será porque ya todo quedo atrás. Como te hice trizas, sin quererlo ni buscarlo, la vida nos llevó de calle y ahí fuimos tú y yo como dos chiquillos, bien confiados… bien ingenuos.

Pero que bien la pasamos al principio, todo era cama de rosas, risas y peleas de esas que solo son el comienzo de algo bueno… y luego vas tu a hacerlo serio, a ponerle nombre, a cortarnos las alas y enterrarnos las espuelas. ¿Pero qué necesidad? ¿Por qué querías atarme? ¿Qué ganabas? Los dos perdimos.

 

Déjame prender un cigarro… si, no lo he dejado. Una de las muchas metas a las que no he llegado. Pensé que eso cambiaba con tu partida. Me tracé tantos caminos, y me dije, “ahora libre, lo consigo”, ¡Ah!, ¿más risas? Ya veo, tal vez me conoces mejor de lo que me conozco yo.

Ríe agusto, mientras yo calo este vicio mortal, que ni me llena ni me sobra, pero me entretiene.

Entonces empezó el estira y afloja, ¿no? Yo tratando de definir lo indefinible, poniendo las cosas en claro las borré del pizarrón y como gotitas de agua fueron cayendo los golpes, uno a uno… primero pequeños, luego seguidos y constantes, como ese dolor de cabeza que no se va, que medicado solo se duerme… así empezó el final.

Si hoy tuviera que declarar ante notario cuales fueron las razones, no sabría qué decir, tendrías que venir y declarar tú, yo firmaría sin protestar tu testimonio, porque hoy por hoy… sin culpa o con saña, no lo sé, así como no sé nada.

La idea era definir ¿no?, pues no lo he conseguido. No he salido de este fango que me vuelve yo, este fango que me escurre por la cara y que por más que trato de secar, consigue brotar una vez seco.

¿Qué si me arrepiento? – Como saberlo. No, no me arrepiento. Así fue, como tenía que haber sido, ni más ni menos. Tú saliste de esta vorágine… la extrañas, ya lo sé. Pero has podido definir como todos los cabales lo que tienes por delante y lo que dejaste por detrás; has podido darle nombre a esto que yo… sigo sin nombrar.

Denunciar contenido

1 comentario

Deja tu comentario
papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat25 d noviembre d 2014 a las 12:48 (UTC)
La eterna pregunta: ¿Que habría sido de mi o de nosotros, si...?
¿Faltó la sonrisa; la palabra; el silencio...?
Creo que tienes unas cualidades que tu misma desconoces, tanto para escribir como para la vida misma, según se desprende de esta magnifica narración por la que entras, sales, y te paseas como si fueses una simple espectadora de tu propia vida.
Excelente relato.

¿Tienes algo que decir? Este es tu momento.

Si quieres recibir notificaciones de todos los nuevos comentarios, debes acceder a Beevoz con tu usuario. Para ello debes estar registrado.
He leído y acepto el Aviso Legal, la Política de Confidencialidad, y la Política de Cookies de Universia