¨Niños¨ 2

  • 17/10/2014
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Todas las expectativas de querer ser yo una buena niñera en sustitución de Ana se vinieron abajo, había especulado mentalmente con la idea de cómo iba a afrontar en cada momento cada posible circunstancia a resolver, tenía que imponerme hacerme valer para que me respetaran y así poder controlarlos, a regañadientes apagaron el televisor y salimos de casa camino del cole, a mi me temblaban las piernas y un estúpido nerviosismo se había apoderado  de mi, íbamos los tres a  buen paso Jon con una mochila a la espalda que pesaba más que él, y Adrian ¨sorpresa¨ al mirarlo tenía dos velas de mocos  que le llegaban a la barbilla ,descargue a Jon de su pesada carga con la que cargué yo y saque un pañuelo y le limpie los moquitos a Adrian  , en estas los niños me tomaron de la mano uno a cada lado el suave contacto de nuestras cálidas palmas  hizo en un momento que toda la tensión se desvaneciera; mire a izquierda y derecha aquellas caritas luminosas de ojos dormilones  llenas de vida y expectativa me sonrieron y me preguntaron , sabes

Qué?............................Qué ?  Me sobrecogí yo- ahora tu eres nuestra mama, la serenidad me embargo y empecé a pensar que tal vez no había sido tan mala idea ceder ante mi hija.

Por espacio de tres días hubo de todo como en botica Adrian salió un mediodía con un chichón negro en la frente, porque un gitanito lo había agarrado de la bata y dado varias vueltas cogiendo velocidad para luego soltarlo, con lo cual dio a parar con su frente en un enchufe que estaba en el zócalo, compungido eso es lo que le pudimos sacar, me admiraba de Jon con solo siete años el cuidado y protección que brindaba a su hermano  que tenía tres ayudándolo en todo comprometido> coloreaba para el ranas que luego recortaba porque era capricho de Adrian prenderlas en su batín de cuadritos azules con un imperdible.

Para mi Jon ese tiempo fue mi guía como uno de esos perros lazarillo que guían a los ciegos me orientaba de los horarios de cada clase; de que había que llevar si la andereño lo solicitaba; donde estaba todo en casa para preparar desayunos y meriendas, fuimos cómplices casi sin mediar palabra y lo hacíamos todo en sincronía. Por su parte Adrian me ayudaba a preparar las ensaladas picando tomate; nos sentábamos los tres en el sofá y me di cuenta de que ya apenas prendían el televisor jugábamos con el balón, con una baraja española que sus padres tenían por allí y nos dábamos masajes mutuos en la espalda. Tuvimos todo tipo de obstáculos, madres chirrionas como una jauría de gorrionas en celo pujando siempre por competir en que sus hijos eran mejores en esto u en lo otro queriendo saber y malmeter entre los niños en un aparente y aceptable pero falso visto desde mi punto de vista  circulo social, menos mal que los niños vivían en su mundo y no tomaban nota de todo aquello ,  lo único que veía  yo es que promovían el desencuentro, y una malsana competitividad en cualquier caso acercarme al mundo de la infancia me devolvió frescura y darme cuenta de que quizá debamos tomar nota y cambiar ciertas actitudes si queremos que las próximas generaciones alcancen un poco de paz creo que eso hay que volver a retomarlo desde los hogares siendo los adultos los que tengan valores nada crece si no se intercambia y no se puede intercambiar nada si uno no es abierto y generoso .

La cuestión es que sobrevivimos y entre nosotros nació el amor; han pasado cinco años y cuando nos encontramos los tres seguimos siendo los tres mosqueteros.

 

 

 

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1 comentario

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papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat19 d octubre d 2014 a las 19:18 (UTC)
Muy bonita tu narración y observo que has mejorado mucho en cuanto a las tildes.

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