Cortésmente, y encima de la torre, alado

  • 13/10/2014
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Cortésmente, y encima de la torre, alado.

Bendecidos por ti siempre regresan los días
a los ricos y los pobres, a todas las almas,
las húmedas azules y a las resecas cotas.

Con tu mirada dulce unidos van los cariños
y aquí puedo decirte que no les temo amor
así que ya lo sabes no escatimes palabras.

Ni suprimas sarmientos, piensa que igual retoñan,
los vi florecer sin raíz y estaban cortados
desde hacía ya mucho, compréndeme de nuevo.

Sin apenas querer la breve apuesta que falta
muchas cosas llevaron a poner el limón
al final de la lista de las frutas amables.

Confeccionando tierras destaca como el fuego
quizá el crisol de la patata roja acabara
la última de la lista de las –diré– hortalizas.

Sentimientos de dentro son muy buenos por fuera,
la vela panorámica se decide en ruedo,
con la paciencia encajan los brocales al pozo.

Y en la medida parte con la resignación
que devuelve la alegría a la pena y tristeza
nunca se ha asegurado el consejo y la mentira.

El paréntesis de los reproches no lo tengo
en cuenta aun enfadada me encantaría verte
en la delicadeza de la vida calmada.

No estoy triste, puedo pensar, y pienso, con ello
averiguo enseguida que te quiero muchísimo
esto envía el acento más directo a tu pecho.

No puede ser que se disipe como el aroma
que dejan tus besitos cuadros acurrucados
junto a los míos que no entiendo esta paparrucha.

Con la toalla y manta no es compleja ni Australia
ni la tintorería de la percha del traje
horrible y arrugado en las equivocaciones.

Por el lazo invisible donde empieza la vida
declarada y por las bendiciones recibidas
quiero decirte que te tengo donde te quiero.

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