El precio de la sangre

Me confieso de aquellos cuyos primeros 50 minutos en la oficina no son productivos..., víctima del café, caliento los motores leyendo los periódicos. y en un tiempo de ocio y enojo surgieron estas notas..

Siempre le he tenido miedo a las agujas, mi madre lo justifica diciendo que lo he heredado de papá; cuando él, imponente de naturaleza, valiente entre los valientes tiembla y pierde color en las mejillas cada vez que es el momento de ir a donar sangre.Yo he tratado de hacerlo, corrijo, me he propuesto hacerlo, me parece una acción noble, que con un simple momento de „soportable‟ sufrimiento, puede ayudar de manera considerable a otro ser humano.
La única vez que realmente llevé a término aquel acto de bravura; recuerdo estar esperando en la sala del hospital, buscando excusas en mi mente para pararme y salir corriendo, viendo como la gente llegaba, a donar, a esperar, a llorar, a enfrentar... Vaya despliegue de emociones es un hospital ¡Qué poder tiene la sangre! ese liquidito rojizo y denso, ¡menuda tontería!, que hace que funcionemos.

Justo en la mesita de hospital que tiene todas esas revistas pasadas de moda y totalmente inútiles, tome una haciendo un acto de esperanza literaria, y buscando de sobremanera distraerme antes de enfrentar el corte a la epidermis efectuado por, lo que seguramente y con mi suerte, sería una enfermera inexperta y nerviosita. Encontré un artículo, que gracias al morbo que todos cargamos y callamos, llamó mi atención. “Personal de banco sanguíneo detenido por compra/venta de sangre”, ¿Quién podría resistirse a tal encabezado?, -Aunque sucedió en una ciudad perdida de Dios y probablemente cuando Salinas manejaba el presupuesto; tenía que leerlo. Gente iba a vender su sangre, sacaba unos pesos y podía llegar a la quincena y en la otra esquina familiares desesperados compraban sangre del desconocido para mantener palpitando corazones de sus seres queridos.

Después de terminar el artículo, un poco escandalizada, y confieso, entretenida, me llamó la atención: nadie mencionó el precio de la sangre. ¿En cuánto se vende un litro de sangre? ¿Cuánto cuesta la sangre?Si hiciéramos un estudio amateur y totalmente imaginativo, haciendo un análisis cuantitativo, probablemente nos enfrentaríamos a que de oferta, hay mucha. Tomemos como muestra Estados Unidos, ¿Por qué no?, con una población aproximada de 360,500,000 (*Fuente: PopulationMatters), cada uno en promedio, y hablando en estimados y números guangos, ya que depende del peso, y esos gringos manejan exceso en „pounds‟ que podrían dominar el mercado de la sangre sin problema (como manejan todos los mercados ya).Hablemos de 6 litros promedio. Hacen un total de 2,163,000,000 litros de fluido vital. Agregándole el factor de la importancia que tiene y lo que es capaz degenerar cada litro, a entendidas que no soy ningún analista económico, digamos que le asignamos unos $420.00 dólares el litro. Y esto, hablando de sangre gringa; mucha globalización, pero apuesto a que la variación de precio por litro sería escandalosa dependiendo la ubicación geográfica.

¿Qué precio podríamos asignarle a la sangre Iraquí? ¿Qué precio habríamos de ofrecer por cobrar unos cuantos litros de sangre de aquellos fundamentalistas del Califato?¡Vaya precio que tuvo la sangre de aquel mártir y estandarte del frente judío, Guilad Schalit! Recuerdo haber leído que después de años de negociaciones fue intercambiado por aproximadamente 477 presos palestinos, vaya depreciación de sangre palestina que tuvo tal trueque.¿Y qué tipo de cambio le podríamos asignar a la sangre de todos esos kurdos desplazados? ¿O los 80 hombres yazidies asesinados esta semana por una banda de yihadistas del Estado islámico?Esta “diáspora” infinita que hoy, y desde siempre, tiene en ascuas al mundo entero.

Meses tiene ya el avispero alborotado, y aquellos aguijones pican y no mueren. ¿Que buenos y malos? ¡Qué va!, tontos y más tontos.¿Qué pensará Ala? ¿Estará satisfecho con estos nuevos promotores del Califato, este Estado Islámico, que no permite a Obama jugar al golf en paz?Con toda esta vorágine que acapara las portadas de los grandes diarios, que yo cómoda e injustamente leo mientras tomo mi café en la oficina. No puedo evitar que me traiga a la cabeza aquella “Rabia y orgullo” de la Fallaci con aquel golpe del 11 de septiembre. ¡Tragedia!, lo digo de verdad, aquellas torres cayendo calcinadas, ¡tragedia y tragedia mil veces! Es fácil la empatía, te viene natural; mientras que aquellas voces en Gaza gritaban: “¡Victoria, victoria!”.

“(Los kamikazes)…Los considero tan sólo vanidosos. Vanidosos que, en vez de buscar la gloria a través del cine, de la política o del deporte, la buscan en la muerte propia y en la de los demás. Una muerte que, en vez del Oscar, de la poltrona ministerial o del título de Liga, les procurará (o eso creen) admiración. Y, en el caso de los que rezan a Alá, un lugar en el paraíso del que habla el Corán: el paraíso donde los héroes gozan de las huríes…” La Rabia y el orgullo, Oriana Fallaci 2001

Y me vuelvo a preguntar, porque no entiendo de verdad. No soy musulmana, ni judía, conozco lo básico de ambas religiones, más sonido y eco hacen sus cruzadas y eternas batallas por aquel pedazo de Gaza, por Cisjordania, que nunca acaban de ganar ni dividir. Y me sorprende de verdad, me duele incluso, que aquellos le den más precio a un kilo de tierra, que a un litro de sangre.

                  ¿Qué precio tendría el litro en la franja de Gaza?

A miedo de sonar sin alma, diría que ahí se ha depreciado por completo, no digamos la sangre judía, la musulmana, la civil, la del anciano cansado, la del niño que empieza a despertar, ahí la sangre no tiene valor, no tiene esperanza.¿Qué opinas Alá?, ¿Qué opinas Yahvé?, ¿Qué no pueden hacer un „alto al fuego‟? ¡Les grito yo, que no tengo nada que ver con uno ni con otro! Les digo, que no entiendo. ¿Qué es lo que pelean? ¿Es que sus seguidores han desvirtuado sus órdenes? ¿O será que las cumplen a la perfección?¿Es que no podrían haberse puesto de acuerdo Yahvé?

"Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra" (Deuteronomio 7:6). ¡Vaya trato preferencial!, "Así ha dicho Jehová de los ejércitos. . . el que os toca, toca a la niña de su ojo" (Zacarías 2:8).

                ¡Tiembla yihad, tiembla, pues tu cuenta será alta!

"Tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años. Más también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza. . . Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí" (versículos 13, 16).

                            La maldad ha llegado a su colmo.

“Si ellos no aceptan la fe, mátalos donde sea que se encuentren(los infieles) ” (4:89)“Lucha contra el infiel hasta que no exista más ninguna predica y todas las religiones se dirijan a Alá.” (8:39)“Cuando ellos no se retiren y os pidan paz, atajándose con las manos , apresadlos y matadlos, donde les encontréis y contra ellos emplead abierta violencia” Corán (4:91)

     ¡Paz pedimos, en nombre de los débiles e indefensos, paz pedimos!            Cumple tu palabra

“Aquellos que entran en guerra contra Alá y sus guerreros y se expanden en su territorio, merecen ser masacrados o crucificados o que sus manos y pies entrecruzados sean cortados o ser perseguidos fuera del territorio. ” Corán (5:33)

                                   «¡Allah akbar! ¡Allah akbar!»

¿Cuándo será suficiente?, ¿Cuánto quedarán satisfechos? ¿Es que nadie cederá?, ¿Es que no pueden ellos aplicar el “live and let live”?, “La situación es enraizada y compleja”, “Años, siglos de complejidad religiosa”- me repiten todos los medios y personas.

La primera vez que visité Israel, recuerdo estar parada frente al Muro de los lamentos, y ver separados hombres y mujeres, tocando el muro, moviéndose de atrás hacia adelante en el mismo eje, como pequeños ventiladores descompuestos, y aun así, era un escenario impactante, que te exigía respeto; como mero espectador estuve congelada ante esa escena horas; algo estaba sucediendo ahí. Definitivamente, frente a ese muro, la sangre no tenía precio, no importaba, había algo más.

Horas más tarde, agarre valor y el brazo de mi hermano, teniendo mucho cuidado en tapar mi vago escote y quitarme el crucifijo y subimos a admirar la Mezquita de Omar, tránsito de gente, hombres, todos enfundados hasta el piso, la mayoría cargando armas que no puedo ni pronunciar; y aun así, ese también era un escenario que merecía respeto, un respeto mudo y que hiela los huesos, pero respeto al final.

Fuera de una de las Iglesias que visitamos, había un grupo de judías, unos 17 años en promedio la edad tal vez. Yo fumaba un cigarro mientras me daba un descanso de tanta experiencia histórica, religiosa y cultural, cuando una de ellas, con pañoleta en la cabeza se acercó a tocar sin permiso mi falta. En un inglés, muy masticado y escueto decía estar impactada por los bordados de la misma, y preguntó extasiada si mi religión me permitía fumar, acto seguido tocaba mi pelo, que a diferencia del suyo iba descubierto, largo y despeinado.  Sus ojos dijeron más que sus palabras.

Semanas después, con el horizonte de mi mente ampliado, mallugado y listo para regresar al occidente, hacía fila en el aeropuerto Ben Gurion. En la fila paralela una familia, un hombre vestido cómodamente para el viaje, acompañado de varias mujeres, que su burca no me permite describir, miraban tímidamente y de manera muy disimulada nuestra escandalosa presencia, aquellos ojos destapados dijeron más que sus palabras nulas, en 2 horas de espera.

Recuerdo leer en algún artículo perdido de la red, que muchas de aquellas mujeres caladas por las burcas y el chador, no querían cambiar nada, que eran felices y se sentían libres; apenadas por la suerte de las mujeres de occidente. Y tal vez sí, sabrá Ala…“Que cada quien haga su cada cual”, decía mi abuela mientras tomaba su cuba dominguera. Que sabiduría engloban sus palabras. Ojala hubiera podido sermonearse a estos fundamentalistas, tanto de la yihad como del mosad. ¡Vaya que si los habría puesto en su lugar! Ahora que estás en el cielo abuela, ¿no podrías contactar a Alá, agendar una cita con Yahvé? Decirles que ha sido suficiente, que hagan que sus seguidores paren, ¡Que la sangre tiene un precio! Y que es más caro que cualquier moneda ¡Que la sangre no se compra, ni sepaga, ni se puede arrebatar por ideologías, no importa que antigüedad, ni prestigio ni cantidad de países se rijan por aquellas! ¡Que ya estuvo bueno! Que aunque algunos parecen disfrutarlo, los demás ya estamos hartos. ¡Enfréntalos abuela! Y que te digan, sin agacharte la mirada, que traten de contestar sin que la vergüenza les atice el centro de su ser: ¿Qué precio tiene cada litro de sangre que en su nombre se ha derramado?

“Pero la cosa no se resuelve, ni se termina, con la muerte de Osama bin Laden. Porque hay ya decenas de miles de Osamas bin Laden, y no están sólo en Afganistán y en los demás países árabes. Están en todas partes, y los más aguerridos están precisamente en Occidente. En nuestras ciudades, en nuestras calles, en nuestras universidades, en los laboratorios tecnológicos. Una tecnología que cualquier idiota puede manejar. Hace tiempo que comenzó la cruzada. Y funciona como un reloj suizo, sostenida por una fe y una perfidia sólo equiparable a la fe y a la perfidia de Torquemada cuando dirigía la Inquisición. De hecho, es imposible dialogar con ellos. Razonar, impensable. Tratarlos con indulgencia o tolerancia o esperanza, un suicidio. Y el que crea lo contrario es un iluso.” La Rabia y el orgullo, Oriana Fallaci 2001

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1 comentario

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papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat26 d octubre d 2014 a las 16:12 (UTC)
Impactante.
Lo que mas me ha enganchado de este extenso artículo es mi coincidencia de criterio en todo lo que se dice y la convicción que tengo de que el peligro es inminente.

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