¨Podíamos hablar de mil cosas¨ 3

  • 26/08/2014
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Jesús…… a mí la mía también, Pero es que P no era amor lo que por su madre sentía , era una mezcla de pasión admiración y dependencia, fuera de lo común : no le tenía miedo,-  y eso que ella le zurraba la badana con ganas, no se cortaba un pelo, se quitaba la zapatilla y le endiñaba allí donde podía sin miramientos, hasta quedar bien descargadita, claro que P , era un niño muy original y curioso, era un Einstein en miniatura , lo mismo ponía una lata de tomate al fuego sin abrir < con lo cuan al ratito saltaba poniendo la cocina como un Cristo > que por descuido prendía las cortinas del salón con una vela que supuestamente le serbia para hacer espiritismo, u le pegaba barios chicles bien masticados y gordos en la cabeza , a alguno de sus amigos silbando y mirando a las nubes, solo porque la semana anterior estuvieron en desacuerdo,   pá cagarse de miedo era el niño¨ Cuando crecerás  coño¨ era la expresión de su madre , claro que al crecer P también su curiosidad iba in crescendo_  yo sabía que eran una panda de barbaros eruditos, conocían la pólvora  las mechas las navajas  y lo entremezclaban todo construyendo goitiberas  con tubo de escape a propulsión.

Conmigo contaban generalmente y no sabían muy bien porque, y es que no era muy común,  encontrarse a una nena capaz de enfilar ocho fichas seguidas en la boca de una rana de hierro, tumbar uno por uno los doce palillos que sujetaban a un pato de goma amarillo en una caseta de feria, con la chimbera, o partir en dos con su peonza un trompo que giraba a una velocidad endiablada en medio de un circulo dibujado con tiza.

El secreto no era tal aunque para ellos desconocido,: mi padre quería un chico, al cual trasvasar sus no pocas habilidades, , hacer una honda, con esparto   un tirachinas con madera de espino,  jugar al hinque- al pasabolo tablón  serrano, u montar en bicicleta,, aunque al ser yo nena no se corto un pelo el tampoco, y de  todo eso y mucho más me instruyo desde la cuna, con lo cual no tenia que envidiar a ninguno cuando hacíamos concursos de escupir bien lejos, aunque a mí se me revolvía  hasta el higadito, pero lo hacía,, o lanzar  piedras rasas al rio hasta llegar al otro extremo de la rivera dando saltitos por encima de la superficie sin llegar a hundirse.

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