¨Podíamos hablar de mil cosas¨

  • 25/08/2014
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P era blanco muy blanco blanquísimo como la leche, rubito casi dorado y guapo muy guapo, chatito, y tenía unos  ojillos doraditos  _ relleno de contornos , con su uniforme de los Salesianos  , pantalón corto de cuadritos grises , camisa blanca ,pajarita a juego con el pantalón y una chaqueta de lana gris lo conjuntaban, para remate  calcetines blancos y unos zapatos de cordones que no sabía anudar,   pero lo que más llamaba la atención de P era su desenvoltura e independencia, parecía no necesitar de nada ni de nadie a sus escasos ocho años , alegre atento y educado, claro que a esa edad los chicos de entonces éramos muy conscientes de lo que se cocía en las casas;  el barrio y la sociedad, y, no se nos hubiera ocurrido ni de coña hacer algo que sobrecargase  mas las ya cargadas espaldas de nuestros progenitores aun así no había día que cualquiera de nosotros no hiciera una barrabasada.

Con lo cual casi todos los días del año había bastante ocupación, dando algún punto de sutura en una brecha u poniendo una escayola, a cualquiera de nosotros, yo por mi parte era año y medio  más chica que P y diez centímetros más bajita,  morena; pelo rizado en  tirabuzones que me llegaban a los hombros chatilla también y  de ojos  grandes ,verdes muy claros a veces y otras con una tonalidad más fuerte, mi uniforme era de ¨Las esclavas de la milagrosa´´ un colegio de monjitas, falda de cuadros rojos y verdes tableada  camisa blanca y cacheta de lana granate , calcetines blancos y los mismos zapatos que P , pero yo si sabia atármelos.

No necesitábamos  hacer nada para ganarnos  la simpatía del público eso se daba por hecho. Cuando visitábamos la fabrica los días de huelga y algún fin de semana que nuestros padres hacían intensiva o metían horas extra lo rastreábamos todo, secciones, secretaria, taquillas, comedor  donde las  cocineras se empeñaban en que bebiéramos leche, y hasta los despachos de los directivos , que eran silenciosos y frescos impregnados de un agradable olor a puro, con su moqueta verde y sus sillones de piel marrón , muy amables generalmente e interesados por nuestro bienestar, que donde estudiábamos?……..

Que si estábamos bien?…. Esas eran sus preguntas, y nosotros deseando salir corriendo para no quedar pillados en un arrenuncio  u no recordar,  las tres suspensas de ese mes. Generalmente P y yo no cruzábamos palabra cada uno iba a lo suyo sabíamos quiénes éramos y lo que estábamos haciendo,   pero sí  hacíamos el camino juntos y no nos quedábamos tranquilos hasta que nos asegurábamos de que íbamos a nuestras casas, mirándonos con el rabillo del ojo . Alguna vez le preguntaba bienes a jugar ? .

Su pronta rápida y seca contestación era siempre la misma, ¨me espera mi madre¨.

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