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El derecho de los que se muestran felices a ser infelices: Robin Williams

Nos entregó felicidad,humanidad y buenos momentos a través de sus personajes.

El gran Carlos Davis,creador del espacio Club Positivo me ha mandado a mi correo una reflexión sobre la muerte de este gran actor que me gustó sobremanera y que quisiera analizar y resumir en este artículo.

Carlos me dice que estando en su casa con un amigo muy cercano,éste visiblemente entristecido,sacando su pañuelo y secándose las lágrimas que se le escapaban le dijo :

-Se murió Robin Williams-cayó un momento y prosiguió en tono de sorpresa-Se suicidó....Que haya muerto tan joven ya es una sorpresa,pero que se haya suicidado el hombre que nos hizo reír y llorar al mismo tiempo,que nos recordó la compasión,la humildad,que nos llenó de esperanza y optimismo,eso es otra cosa.¿Cómo una persona que nos dio todo esto se puede suicidar?-dijo, como si estuviera hablando solo.

A Carlos le encantaba Robin y sus películas le inspiraban,como a muchos de nosotros,lo admiraba,pero no sabía mucho de su vida,como es el caso de una servidora que se ha preocupado de indagar quién era ahora que ha muerto.Prosigue diciendo que necesitamos muchos Robin Williams y que lamenta su fallecimiento y se pregunta cómo alguien que aparentaba ser tan positivo y feliz pudo terminar así con su vida.

Conocemos a muchas personas que siempre están ahí cuando las necesitamos con la palabra de aliento adecuada,que siempre parecen fuertes y seguras,mostrando una sonrisa en sus labios.Esas personas que parecen nunca necesitar el consejo de nadie porque siempre están bien.Te garantizo-prosigue Carlos- que no hay nadie así.Puede parecerlo,pero no es cierto porque todos necesitamos consejos,apoyo,ayuda...

con muñecas

Yo he sido una de ellas por eso puedo entender lo que dice Carlos en este email en el que cuenta su propio caso que es también el mio.Como él fui la fuerte de mi casa,la que resolvía todo ya que era la mayor de los hermanos y mi madre me educó para DAR con mayúsculas y estar pendiente de todos,mas nunca de mí.Jamás me dijo que yo tenía derecho a RECIBIR.Así que cuando fui siendo mayor,me convertí en la consejera,la positiva,la de la palabra adecuada.

Este modo de actúar tiene de bueno el sentirse útil y que ayuda a los demás,sentirse importante para ellos,acercarte íntimamente a seres diferentes y a veces fascinantes.Sin embargo me acostumbré a dar mucho y a recibir poco, a relacionarme pensando en qué podría yo ofrecer y no en lo que podría recibir.

Ciertamente esto puede ser generosidad,pero a la larga me convirtió en un ser solitario porque me negaba a buscar mi espacio en la relación y en pensar en cómo se sentiría el otro y no yo.

Mi papel era mostrarme feliz y cuando me sentía triste,no me lo permitía porque yo era la fuerte.Así es como me veían mi familia y conocidos.Pensaban que yo estaba sobre el bien y el mal y que no necesitaba ayuda,ni consejos porque me bastaba sola.

Recibir requiere más humildad y generosidad que dar aunque pueda parecer una incongruencia.Porque requiere decirle al otro que lo necesitas y pedirle que te dé la mano.Con mucho esfuerzo he aprendido a dejar que los demás me ofrezcan lo que tienen para mí.A veces ,no nos permitimos recibir apoyo o nos cerramos, a nuestra manera, a recibirlo y no valoramos lo que nos está dando la vida en ese momento.

Cuántos millones de personas nos hubiéramos ofrecido a ayudar a Robin Williams,tenderle nuestra mano si es que, como cuentan, estaba deprimido o confundido,pero sospechamos que no se permitió el derecho de estar infeliz y olvidó que todo al final pasa.Decidió no quitarse la coraza.Tuvo razones para cerrar la puerta que jamás ya podrá volver a abrir de nuevo.

Gracias Robin por lo que nos trasmitiste a través de tus papeles,sobretodo por esa humanidad que desprendías en todo lo que hacías.

 

Rosa Ochoa

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2 comentarios

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Rosa 2.013
Ochoa de Eribe Gomila Rosa21 d agosto d 2014 a las 16:01 (UTC)
Gracias de nuevo Félix.
Un saludo
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Félix Rodiño Vallugera19 d agosto d 2014 a las 15:58 (UTC)
Apreciada Rosa: Felicidades por el texto, una reflexión muy sentida que comparto. Todos necesitamos una mano alguna vez y nos callamos por orgullo, prudencia, vergüenza ... o ves a saber. Precioso artículo. Un saludo.

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