El puntentecillo la Aceña

  • 16/08/2014
  • 3

Mi abuelo se llamaba Juan  García Cárdenas; pero todo el mundo lo conocía por Juanico Cárdenas, anteponían el apellido Cárdenas a García porque su madre era una mujer de renombre en el pueblo.

Con más peso social y político que su padre, dicen que en su juventud fue ilustre , dedicando tiempo a escribir, en  tertulias en el café , de ¨la placeta¨ centro neuralgico del pueblo  con un pequeño grupo  de mozos de su condición.

Alto moreno  por el sol, de pocas palabras…. Pero muchos gestos de cariño. Era hijo único y a la muerte de sus padres, heredo este- la gran casa donde nació mi padre y sus cinco hermanos  ¨varias hazas¨  en diferentes puntos de la serranía, tres o cuatro olivares de más de cien pies,  rivereños al cementerio y unos cientos de fanegas de tierra llana, Algunos huertos frutales de regadío y una considerable cantidad de reales de a ciento.

De todas esas propiedades en realidad yo solo anduve unas cuantas, en principio, porque en aquel tiempo no había coches, ni carreteras, los caminos eran de tierra  salvo alguna calzada romana, y nos trasladábamos a pie  y en algunos casos utilizábamos algún caballo yegua u asno.

De las tierras cercanas al pueblo yo tenía mis favoritas, una de ellas era un esplendido trigal  al cabo de La Salía Estepa, que era donde estaba la casa, al final del ventorro …  la última casa , de esa calle, un molino viejo arrumbiado donde solo quedaba una pared y una hornacina con un San Antonio.

A la vuelta justamente de esa pared, se extendía el trigal, era magnifico visitarlo a media tarde, con el sofocante  viento terrá , dándote de pleno en la cara , todo el mundo odiaba eso menos yo. El contraste que ofrecía el amarillo intenso de las espigas de candeal rodeado por surcos de amapolas llamativamente  rojas contrastadas con el azul índigo del cielo, a mi me parecía que no podía existir nada más hermoso en esta tierra, máxime cuando yo llegaba de Bilbao un lugar lleno de humo  y contaminación  por la industria, que no desaparecía del ambiente ni siquiera un día al año.

En frente del trigal del abuelo Juanico, emerge la camorra de Antequera un peñasco oscuro que confiere a la imagen perfección. Al final de dicho trigal, estaba el tajo de la arena, que también era del abuelo, un lugar semidesértico , no sé muy bien porque, como un pequeño oasis de unos cuantos metros a la redonda donde solo había una gran palmera datilera y arena finísima casi blanca , que todo el pueblo utilizaba para pulir los enseres de ,cobre u de latón

La disculpa que yo ponía todas las tardes para enfilar camino del¨ tajo¨. Si no_  no me dejaban salir ni de coña, era recoger cigarrones, para los pollos de perdiz codorniz u  tórtolas que se criaban en las traseras de los patios. Los cigarrones  se hallaban por cientos dando saltos por todos lados,, entonces el papel era escaso   el plástico ni  te cuento, por eso procuraba yo llevar siempre unas cuantas bolsas de pipas facundo, pintado, de aquellas del toro detalle que los míos no comprendían, …..

Me decían con los cientos de coronas de girasol que nosotros tenemos, niña como traes pepitas? .Por la bolsa bobos por la bolsa.

La idea siempre fue la misma , dejar grabada en mi retina las increíbles imágenes que del ambiente se podían recoger,…… aquellas liebre saltar dando un brinco salida de ninguna parte, un par de águilas recortadas en el cielo por ver si podían pillar la liebre, las hormigas en hilerilla llevando cada una un pequeño fardo …. A saber dónde. y la abeja malintencionada, o no?.que picaba a mi Fran insidiosa en sus orejas.

 

 

 

 

 

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3 comentarios

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Rosa 2.013
Ochoa de Eribe Gomila Rosa24 d agosto d 2014 a las 17:18 (UTC)
Me encanta el artículo.Describes de maravilla.
Un saludo
papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat24 d agosto d 2014 a las 16:36 (UTC)
Por cierto: la frase que publicaste es sin coma. Podría llevar coma si te hubiera preguntado y tu me contestaras.
papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat24 d agosto d 2014 a las 16:32 (UTC)
Me ratifico en lo que ya te dije: eres una buenísima escritora y el sencillo vocabulario que utilizas, por ser el que realmente se emplea por esas tierras de campos, hace mas hermosos y reales tus relatos.
Quitando y poniendo algunas comas y puntos y cambiando en muy pocas ocasiones el orden de las palabras para reafirmar el sentido de las oraciones, harían de tus escritos verdaderas obras maestras.
En cuanto a los poemas, hay mucho que decir: MAS BUENO QUE MALO. Lo bueno es muy bueno, pero lo malo es malísimo.
Ya hablaremos.
Un beso.

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