Rey David 3

  • 27/07/2014
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Goliat era de Gat, un gigante de casi tres metros llevaba puesta una armadura y un casco, de bronce que pesaba cincuenta y siete kilos, sus piernas también estaban protegidas con placas de bronce, y al hombro llevaba una jabalina.

La punta era de hierro y pesaba como siete kilos  delante de el iba su ayudante. Se paro en seco y vociferante dijo ¨´Soy filisteo y ustedes sirven al ejercito se Saúl, no es necesario que todos salgan a pelear, lijan a uno de sus hombres y mándenmelo, para pelear conmigo, si es buen guerrero y me mata , nosotros seremos sus esclavos, pero si lo mato yo serán ustedes esclavos nuestros,

Al oír estas palabras el rey Saúl, y el ejercito israelita tuvieron mucho miedo, pero Goliat siguió desafiando a este por espacio de cuarenta días,

Jese era ya viejo entonces- había  nacido en Belén. De sus ocho hijos  Eliab  Abinadab, y Samá sus tres hijos mayores habían sido guerreros del rey Saúl , David pastoreaba y llevaba mensajes a sus hermanos. Tus hermanos están con Saúl y los demás israelitas en el valle de Elá, peleando contra los filisteos. Llévales ahora mismo unos veinte kilos de trigo tostado y diez panes. Toma también estos diez quesos, y dáselos al jefe del ejército. Fíjate cómo están tus hermanos, y tráeme alguna de sus pertenencias como señal de que están bien».

 En cuanto amaneció, David se levantó y dejó sus ovejas al cuidado de uno de los pastores, luego tomó la comida que su padre le había indicado, y se puso en camino.

 Cuando llegó al campamento, el ejército israelita se estaba formando y lanzando el grito de batalla. Y los israelitas y los filisteos se pusieron frente a frente.

David dejó la comida con uno de los guardias y se fue corriendo para saludar a sus hermanos.  Mientras hablaba con ellos, escuchó cuando Goliat salió de entre los filisteos y empezó a gritar y a desafiar a los israelitas. Cuando éstos vieron a Goliat, les dio mucho miedo y huyeron.

Pero David les preguntó a los que estaban cerca de allí:

—¿Quién se cree este extranjero, que se atreve a desafiar a los ejércitos de Dios? ¿Qué le darán a quien lo mate y le devuelva la honra a Israel?

Y le contestaron a David:

—Quien mate a ese atrevido, se casará con la hija del rey Saúl. También recibirá muchas riquezas, y su familia no volverá a pagar impuestos.

 Cuando Eliab, que era el hermano mayor de David, escuchó la conversación de David con los soldados, se enojó muchísimo y le preguntó a David:

—¿A qué viniste? ¿Con quién dejaste tus pocas ovejas en el desierto? Yo sé bien que eres un mentiroso y un malvado. Sólo viniste a ver la batalla.

 Pero David le respondió:

—¿Y ahora qué hice? ¿Qué, ya no puedo ni hablar?

Y David se alejó de su hermano, pero fue y le preguntó a otro soldado en cuanto a la recompensa que ofrecía el rey. Y el soldado le repitió lo que ya le habían dicho.

 Algunos soldados oyeron que David andaba preguntando, y fueron a decírselo a Saúl. Entonces el rey hizo llamar a David,  y David le dijo:

—No se preocupe Su Majestad. Yo mataré a ese filisteo.

 Pero Saúl le dijo:

—No vas a poder matarlo. Tú eres todavía muy jovencito, y él ha sido guerrero toda su vida.

 David le contestó:

—Yo soy pastor de las ovejas de mi padre. Pero si un león o un oso vienen a llevarse alguna oveja, yo los persigo, los hiero y les quito del hocico la oveja.  Y si el león o el oso se me echan encima, yo los golpeo y los mato. Y eso mismo voy a hacer con este filisteo, pues ha desafiado a los ejércitos del Dios vivo. Si Dios me ha librado de las garras de leones y de osos, también me librará de este filisteo.

Entonces Saúl le dijo a David:

—Anda, pues, y que Dios te acompañe.

Enseguida Saúl dio órdenes de que le pusieran a David su propia ropa militar, su armadura de bronce y su casco. Por su parte, David se colgó la espada, pero como no estaba acostumbrado a usar armadura, no podía ni caminar.

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