Schoenberg y la revolución musical del siglo XX

  • 03/07/2014
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Arnold Schoenberg, nació en Viena en 1874. Muere en Los Ángeles en 1951. Se ha llegado a la conclusión de que su vida y obra estuvieron rodeadas siempre de polémica. Lo podemos y debemos considerar como una figura capital en la evolución de la música del s XX, aunque siempre fue un incomprendido tanto por la crítica como por el público.

Nunca aceptaron  su ruptura con el sistema tonal que había perdurado durante siglos y reinado en el universo compositivo de compositores que habían escrito la Historia y Evolución de la Música.

Para la Historia de la Música del s XX, Schoenberg es el punto de partida de la “nueva música”, donde su mayor defensor fue Theodor Adorno.

Schoenberg no se consideró a sí mismo como un revolucionario o un inventor de un nuevo método compositivo, sino como un eslabón en la evolución musical, que se remontaba hasta J. S. Bach.

Podemos estructurar este artículo en diferentes etapas, por las que el compositor discurre. A la primera la podemos denominar “Período Tonal”.

Se inicia en la música de forma autodidacta. Es un estudioso de las obras de los maestros germanos, desde Bach a Mahler, pasando por Wagner (ópera Tristán e Isolda), Mozart, Beethoven (Grosse Fugue op. 133, 3ª y 9ª Sinfonías, sonata “Hammerklaiver), Brahms.

Su primera obra es “Noche transfigurada” (Verkláte Nacht-1899). Es un sexteto de cuerda, que podemos englobarlo en la estética posromántica. Se inspira para esta obra en el poema de Richar Dehmel, poeta alemán de finales del s XIX. Es algo subido de tono ya que emplea referencias al sexo y al erotismo. La obra la divide en cinco secciones que corresponden con las cinco partes del poema. Algo original en la obra es la correspondencia que se entabla entre poema y música. El compositor quiere relacionar momentos del poema con los temas musicales que aparecen.

Podemos considerar la  “Primera sinfonía de cámara para quince instrumentos solistas op. 9”, como la composición que sintetiza y representa esta primera fase o período tonal y da paso al siguiente período.

El propio compositor la considera como en punto de inflexión en su producción. Es la última de las obras en las que aplica el principio de un único movimiento, desarrollado sin el recurso a repeticiones o la división en secciones (Durchkomponiert).

En este primer período sigue la vía de la renovación, de la tradición que le había precedido al igual que otros compositores contemporáneos (Mahler, Strauss, Busoni…). También exploró la unión de códigos y géneros, amplió recursos formales, armónicos, melódicos e instrumentales.

Con su obra “El libro de los Jardines Colgantes”, podemos decir que da comienzo a su segunda etapa o “período Atonal”. Es un ejemplo de la emancipación de la disonancia, siempre entendida como la renuncia a la tendencia de los acordes más complejos a resolver en acordes más simples.

Este ciclo de canciones está directamente relacionado con el movimiento expresionista. Según Salzman, en las obras de este período, el movimiento cromático funciona sin controles tonales que indiquen la dirección o que permitan relaciones a gran escala. Las obras mantienen su cohesión no solo temáticamente a través del amplio uso de motivos, sino a través de combinaciones distintivas de alturas que le proporcionan una sonoridad específica a cada obra. La escritura es contrapuntística.

En ningún momento Salzman habla de atonalidad. El propio Schoenberg considera un disparate la expresión, ya que significa literalmente “sin tonos”. Su punto de partida no fue la negación, sino el de la progresiva expansión de los límites de la tonalidad.

Desde sus primeras obras, Schoenberg basa su proceso compositivo en la armonía errante (acordes que pueden asumir diversas funciones dentro del discurso musical) y el de la “variación-desarrollo (variación entendida como fundamento de la composición y no solo como forma musical).

En su segunda etapa, estos procesos intentan resolver el problema derivado del abandono de la tonalidad como principio constructivo y el rechazo a la resolución de los acordes, que se construyen cada vez de forma más libre.

Para Schoenberg, consonancia y disonancia no son principios antagónicos, solo se diferencian en la medida en que se derivan de los armónicos más cercanos o más alejados de la nota fundamental. Una solución para resolver los problemas derivados de esta disolución fue la utilización de textos como forma de articular sus composiciones. Algunos ejemplos son: Erwartung, Segundo cuarteto de cuerdas (dos últimos movimientos), Pierrot Lunaire.

Otra de las etapas o períodos, quizás el más revolucionario, es el denominado con el término “dodecafonismo”. Podemos definirlo como un método de composición que se basa en el uso de una permutación fija (o serie) de los doce tonos o clases de alturas de la octava. Los tonos pueden ser usados tanto vertical como horizontalmente, sucesiva o simultáneamente. La serie puede tomar cuatro formas: original, inversión, retrógrada de la original y retrógrada de la inversión. Cada serie puede ser a su vez transportada, comenzando por cada uno de los doce sonidos o alturas que forman la octava, resultando un total de 48 variantes diferentes. Su principal cualidad composicional es que esta serie dodecafónica proporciona una completa unidad estructural a la obra. Muchas de las obras de esta época, presentan procedimientos seriales, pero  sólo dos de estas obras son totalmente dodecafónicas: el vals de la op. 23  y el preludio de la op. 24.

En esta última, Schoenberg la compuso con lo que denominó método de composición con doce sonidos (julio de 1921). Este método de composición fue asumido inmediatamente por sus dos principales discípulos: Berg y Webern.

Schoenberg establece los postulados que desarrollan esta técnica en su artículo: “La composición con doce sonidos”. Explica los procedimientos para su correcta utilización, con ejemplos derivados de sus propias composiciones dodecafónicas. La serie dodecafónica opera como un leitmotiv en la composición. Esta unificación es la que proporciona la comprensibilidad de la música, que es la finalidad última del método dodecafónico, como de toda la música anterior de Schoenberg.

El sistema fue imitado por otros compositores, de forma más o menos ortodoxa. Fue Webern quien extrajo del método dodecafónico las últimas consecuencias para el desarrollo de un lenguaje serial, al ampliar el concepto temático de la serie de Schoenberg a un sistema abstracto de los doce sonidos y a una expansión de los principios interválicos a todos los demás parámetros musicales, como el timbre, el ritmo, la articulación, la dinámica, el registro, etc.

El serialismo integral fue llevado a sus últimas consecuencias por Oliver Messiaen en 1949, en su obra “Modos de valores y de intensidades”.

 

Bibliografía:

Teresa Cascudo. Modernismo. Arnold Schoenberg

Eric Salzman, Twentieth-Century Music, Prentice Hall, 2002/4, pp. 35-36

José Mª García Laborda (ed.). Dodecafonismo. Serialismo. Composición Modal

http://www.youtube.com/watch?v=_Ic3ZLj5RPw

http://www.youtube.com/watch?v=KsIATAaR-X0

http://www.youtube.com/watch?v=2lFZf69B2gQ

http://www.youtube.com/watch?v=pzmjWqLQWp8

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