Desde mi ventana

  • 03/07/2014
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Escrito de reflexión.

DESDE MI VENTANA

 

 

 

Escrita por: GALECAR

DESDE MI VENTANA

Desde mi ventana en este día nublado de invierno, observo con mirada melancólica, el paisaje gris después de la lluvia recientemente caída, añorando con mucha nostalgia la primavera y el verano, que dicho sea de paso para  mí son las estaciones con las que mejor me identifico.

Desde mi ventana, sentado en mi silla de ruedas sin poder salir a la calle, por el mal tiempo y por mi impedimento físico, aunque afortunadamente este sea temporal, miro, veo, observo y voy interpretando los símbolos que esta vista panorámica pone frente a mis ojos.

Desde mi ventana esos símbolos se transforman en positivos poco a poco, por la necesidad de que ello sea así, por la necesidad de darle la vuelta a lo que ven de negativo mis ojos, por la necesidad de no acordarme de mi temporal disminución física.

Por eso desde mi ventana, este día gris empiezo a verlo luminoso y hermoso, la falta de sol que hoy está tapado por unas nubes pendencieras que amenazan con agua, lo reemplazo por la luz, esa luz que nosotros vemos tan hermosa porque lo es, y que otras personas por ser invidentes no pueden contemplar.

Desde mi ventana, veo la tierra mojada oscurecida por la lluvia que al final ha caído sin contemplaciones. Es una visión triste para quien no sepa ver que en la tierra mojada también hay poesía; pues eso, yo procuro ver esa poesía en la tierra mojada porque sin esa lluvia que la ha empapado, la tierra no daría frutos ni sería cultivable… ¡he ahí la poesía!… la poesía del misterio creador que hace posibles estas transformaciones, que hace posible la metamorfosis de la vida al enterrar en la tierra una simple semilla, y florecer una bonita planta o un hermoso árbol.

Desde mi ventana, veo las plantas sin flores en esta época del año, pero me empiezo a imaginar cómo serán de hermosas dentro de unos meses, cuando empiecen a florecer llegada la primavera, gracias a esta beneficiosa lluvia que ahora les ha caído como una maná  fructífero y vivificador.

Desde mi ventana, en mi casa de campo al lado de la ciudad, contemplo este día gris y pienso en las personas que no pueden contemplar la hermosura y la magnificencia, que representa el poder disfrutar de esta contemplación de que yo disfruto, por vivir en la ciudad en un piso entremezclado, de un bloque de apartamentos donde casi nunca llega el sol.

Este privilegio no todo el mundo lo tiene, por eso aunque no me guste este día de invierno triste y lluvioso, debo transformar en positivo este bienestar que Dios me ha dado, de poder vivir cerca de la gran ciudad pero alejado de ella, de poder disfrutar con esta visión de campo a medio transformar en bloques de cemento, que con el tiempo… ¡todo se andará!

Desde de mi ventana, ese cuadrado que parece una televisión a lo grande, observo los pajaritos como al cesar la lluvia, salen a picotear los insectos que también han salido de su encierro bajo tierra… ¡es ley de vida!. Ahora se acerca dando pequeños saltos una “pajarita de las nieves”, la verdad es que no sé el nombre real de este tipo de pájaros, pero desde que era un niño mis mayores me dijeron que se llamaba así, porque siempre se les veía en invierno cuando las nieves estaban cerca… ¡cosas de mayores!, diríamos ahora. Y vuelvo a transformar mi pensamiento negativo en positivo, ¿o es que no es positivo e incluso pura poesía, el ver esos y otros pájaros revolotear en este día gris, después de la lluvia caída?

Desde mi ventana, veo las pocas casas que hay desperdigadas en el entorno que alcanza mi vista, es el día triste y gris, pero qué bonitas veo ahora estas casas solitarias, sin la aglomeración de la capital; hasta me parecen preparadas para reflejarlas en una postal, aunque sea de invierno.

Desde mi ventana, en este encierro obligado, afortunadamente insisto para mí no por mucho tiempo, pienso en las personas que por desgracia esta u otra disminución física, les obliga a estar siempre postrados y condenados a mirar desde su ventana; y el día gris de nuevo se transforma en resplandeciente y hermoso, diciéndome a mí mismo… ¡¡tranquilo, solo son unos pocos días o meses!!

Desde mi ventana, veo pasar los coches chapoteando en el agua caída del cielo, levantan oleadas como si estuvieran rodando por la orilla del mar pisando esas otras olas, o vadeando un  pequeño riachuelo, no se preocupan de si mojan a las personas porque entre otras cosas, por estos parajes solitarios que veo desde mi ventana, no pasan apenas personas.

Desde mi ventana, al fin observo que para de llover, ahora los pájaros salen todos en bandadas a volar buscando sus insectos o plantas preferidas, es un revuelo maravilloso, colorista y ruidoso. Con la diferencia que ese ruido se convierte un sonido melodioso para los oídos, pues es un inmenso trino de pájaros que alegra y embellece la naturaleza.

Desde mi ventana, al fin veo personas andando por la calle… ¡son niños! …sí , niños que vienen del colegio, van correteando alegremente sabiendo que al ser fin de semana hasta el día siguiente no tiene que ir a clase; su alegría es contagiosa, sus risas me llegan a través de mi ventana, alegran mi existencia de momentánea reclusión, y aguzo el oído para escucharles mejor, desde mi ventana.

¿Qué hacen aquellas personas?… ¡están buscando caracoles!. Son dos… no por allá se ven más… son cinco personas, deben ser familia o amigos que aprovechando el cese de la lluvia, van a recoger los infortunados caracoles que salen de sus escondites para respirar la humedad ambiente, y comer un poco de hierba fresca. ¿Pobres caracoles!, ¿Qué mal habrán hecho ellos para que les rapten de su entorno natural e ir a parar a los estómagos de las gentes?. Es injusto, sí, pero sigue siendo ley de vida. Unos seres deben morir para alimentar a otros. Es así desde el principio de los tiempos, pero no me gustaría ver esta depredación desde mi ventana.

Ya no quiero seguir con la vista en ese lugar, debo centrar la mirada en cosas más positivas, desde mi ventana, desde ese cuadrado televisivo, busco otra panorámica y la encuentro, claro, todo en la vida es proponérselo. Ahora veo a lo lejos el mar, muy lejano no puedo sentir el rumor de las olas, ni puedo notar el olor característico del agua salada flotando en el ambiente… ¡pero lo veo!, un poco lejano… ¡pero lo veo!. Diviso su color azul, el color de nuestro mar Mediterráneo, de nuestro Mare Nostrum. ¿Qué bonito es el mar!, ¡cuánta poesía guarda y hace sentir el mar!. Lástima que desde mi ventana lo vea tan lejos y no pueda tocar sus aguas cristalinas, ¡cómo añoro esas muchas veces que me he sentado a la orilla del mar, con un libro en las manos que a veces ni siquiera he leído, al ensimismarme en la contemplación del vaivén de las olas, en el ruido que repica monótono en los oídos, pero que te relaja a poco que estés un rato escuchándolo!. Espero poder estar pronto a tu lado… mar.

Desde mi ventana, veo lo hermoso que es vivir, lo bueno que es llegar a estar conforme con los que Dios nos manda, y hacer que nuestra vida se transforme en positiva dentro de lo negativo que pueda haber en ella, siempre pensado en que hay personas que están peor que tú y luchan por vivir como verdaderos superdotados.

Eso le pienso y lo veo… DESDE MI VENTANA.

Escrito por Paco Carrión en un día de reflexión, tras un accidente que le tuvo en silla de Ruedas durante un periodo de tiempo.

San Vicente del Raspeig, enero del 2.007.

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1 comentario

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papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat3 d julio d 2014 a las 14:59 (UTC)
Sencillo y emotivo relato que me ha llenado de ilusión cuando he visto, por lo que dice el pie del escrito que ya estás completamente recuperado.
Quiero no obstante decirte que yo, pudiendo, casi no salgo y como tu, desde mi ventana, veo la gente que pasa. ¡Para que mas? A mi me basta y sobra.
Un Abrazo.

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