¿De quién es el mundo?

INTRODUCCIÓN

El presente ensayo, abordará de un modo más o menos crítico y metodológico, el tema de la propiedad de la tierra y del hábitat; así como del derecho humano al país, a la ciudad, al barrio o, finalmente, a la vivienda.

Este trabajo tiene como parte componente de su mirada una comprensión del uso del planeta de modo armonioso con el resto de los seres vivos y con la conservación y protección de nuestro hábitat, pues la tierra no nos pertenece sólo a los seres humanos que vivimos en la actualidad y los que están por venir a hora o después, sino también, a los demás seres vivos que conocemos y que no conocemos.

Para la reflexión, partimos de un ejemplo, de un supuesto imaginario, del hecho de un desalojo inventado pero que - de nada más pensarlo - asusta, al desarrollar la idea de alguna posibilidad que incluso podría darse en algún momento con esas u otras características parecidas.

A partir de dicha idea decidimos enfocar el recorrido del ensayo y sus argumentos aplicando varios métodos para explicar lo que consideramos válido y son: análisis, inducción, deducción y comparación, es así que hemos dividido el presente trabajo de ese modo.

La lectura es simple y amena, pero al mismo tiempo es provocativa, que consideramos debe ser característica de un ensayo.

Comencemos este recorrido, entonces.

 

LA NOTIFICACIÓN

 

Nada más imaginariamente, pensemos por un momento, que uno de esos días llega a la tierra un emisario o procurador intergaláctico, escoltado por un enorme grupo de policías en naves espaciales en una operación comandada por una especie de ejército universal, enviado por un juez imperial con una notificación judicial para todos los seres humanos que habitamos en la tierra.

A su llegada, pide entrevistarse con el máximo representante o líder de la tierra, habla con el Papa y luego de conocer sus facultades y poderes políticos, considera que no es un interlocutor válido, pues representa apenas a un grupo de los habitantes de la tierra y con poderes políticos efectivos nulos. Luego habla con el presidente de Estados Unidos de Norteamérica e igualmente considera que, si bien tiene grandes poderes políticos, no es un representante que pueda hablar por todos.

Finalmente, el referido procurador, a fin de alcanzar su objetivo, decide reunir a los presidentes de todos los países del mundo e inmediatamente envía a recogerlos.

En pocos minutos llegan uno a uno en las naves espaciales y luego de un corto lapso de tiempo, todos los presidentes del mundo están presentes y el procurador toma la palabra y les dice lo siguiente:

No voy a quitarles mucho tiempo y todos serán regresados rápidamente a sus lugares de origen.

Me hubiera gustado poder hablar con un líder mundial, pero observo que están muy desorganizados y noto también que está divididos, en un planeta tan pequeño.

La misión que se me ha encomendado es hacerles conocer y notificarles que traigo una mandamiento judicial con una orden de desalojo que fue emitida por el juez civil máximo de toda la galaxia, que además y conforme al pedido del denunciante, el caso también ha sido puesto en conocimiento de la máxima autoridad civil intergaláctica, por lo tanto sólo se puede presentar una apelación a dicha autoridad, en un plazo máximo de 30 días, en la sede del palacio universal de justicia, mediante su respectivo abogado intergaláctico.

Deseo hacerles conocer, asimismo, que ambas autoridades recibieron una demanda, interpuesta por el único dueño del sistema solar el príncipe heredero de Orión, demostrando con todos los documentos pertinentes su única, tradicional y absoluta propiedad, no sólo del planeta en que habitan ustedes, sino de todo el sistema solar, demostrando que la tierra junto a los otros colindantes, pertenece a su familia real desde ya hace más de setenta mil años.

Asimismo, el nombrado príncipe, propietario de la tierra, denunció simultáneamente que un enorme grupo de individuos de procedencia desconocida, hace unos quince o veinte mil años, arribaron a este planeta sin ninguna autorización, ni derecho propietario, violando toda norma intergaláctica y se han adueñado del mismo, sin pagar los alquileres correspondientes.

Pero eso no es todo - dijo el mencionado príncipe - estas personas, no sólo que se adueñaron del planeta, sino que además lo está destruyendo, depredando y dañándolo irremediablemente.

Una vez recibida la denuncia el juez encargó su inmediata investigación, vinieron varias misiones a observar si efectivamente ocurría lo denunciado.

En tal sentido y una vez verificadas las denuncias, el referido juez determinó que:

 

1) Los habitantes de la tierra efectivamente la están deteriorando seriamente.

2) Que no pagan ningún costo por su usufructo.

3) Que la propiedad del planeta tierra es del denunciante príncipe de Orión.

 

Y que en virtud a ello ordena y manda que les sean restituidos todos sus derechos, voluntariamente en primera instancia o por el uso de la fuerza, de ser necesario.

Finalmente les anuncio que sólo queda una posibilidad de apelación.

Ya sea que apelen o no lo hagan, se les otorga un plazo de 120 días para desalojar el planeta. Dejando claro que si no lo hacen, la fuerza pública intergaláctica tendrá que deportarlos y poner a todos quienes no hayan cumplido dicha determinación, justo donde termina la atmósfera, ya que según las leyes universales vigentes, la atmósfera es la frontera natural e inviolable de cada planeta.

Agradezco la atención y el tiempo que me han dispensado, para poder cumplir con la misión de notificarles de la decisión del juez intergaláctico. Ahora me retiro. Hasta luego.

El Procurador se retiró, escoltado por muchas naves y dejaron las naves suficientes para devolver a los presidentes a sus países.

Todos los presidentes, allí presentes, no sabían qué decir ni cómo contestar.

 

PREGUNTAS NECESARIAS

 

¿Qué haríamos en una situación similar?

¿Cómo demostramos que la tierra es nuestra?

¿Cómo la defenderíamos?

¿En realidad la tierra es nuestra?

¿Tenemos derecho a las calles, plazas, parques entre otros espacios?

¿Tenemos derecho al mundo, al continente y al país?

¿A quién le pertenece la tierra?

¿A todos?

¿A los países ricos?

¿A los hombres poderosos?

¿A los países que tengan un mejor, más sofisticado o más potente armamento?

¿A aquellos que tengan un ejército más poderoso?

¿O será que somos unos simples y vulgares loteadores[1]?

¿Será que debemos alquileres atrasados a alguien?

¿Son ciertas las denuncias?

¿Estamos desunidos?

¿Estamos desorganizados?

¿Estamos destruyendo el planeta?

 

Imagino que estas preguntas desconcertarían, incluso a un abogado experto en derecho civil, que tendría serias dificultades en responder.

Pero vayamos razonando metodológicamente, en el afán de intentar respuestas aceptables sobre la propiedad del mundo.

Aplicaremos, como ya se dijo, tres métodos de reflexión a saber: análisis, inducción, deducción y comparación.

 

ANÁLISIS

 

Quizá el primer aspecto que haya que reflexionar, en este caso mediante el método analítico, será el hecho de que si en realidad, esta hermosa esfera azul es o no es nuestra.

Para intentar establecer o definir este aspecto vayamos tomando algunos parámetros.

Entonces, partamos de un primer elemento fáctico y es que ya hace varios miles de años nuestros antepasados caminan y navegan por casi todos los rincones de la tierra y nunca supimos que tenía más dueños que nosotros y jamás nadie nos reclamó. Debido al largo tiempo transcurrido, consideramos que la tierra es definitivamente nuestra. Quizá incluso sea a la inversa, es decir, que nosotros somos quienes pertenecemos a la tierra, como lo plantearon los de la tribu Suwamish, entre otras, que veremos más adelante. En todo caso, debieron notificarnos hace quince o diez y siete mil años y no ahora.

Otro elemento, sería el tema de la pertenencia de la tierra entre nosotros, entre los seres humanos. Quizá amerite la pregunta si la tierra pertenece a algunas personas o países o que por el contrario es de absolutamente todos los seres vivos que habitamos en el planeta: plantas, animales, los seres humanos y otros que podríamos no haber descubierto aún, como por ejemplo los espíritus, ánimas o ajayus, entre otros.

En todo caso, la pregunta planteada podría resolverse entendiendo que en la tierra hay dos tipos de propiedades: una colectiva y otra privada.

Ambos tipos de propiedades, deben ser respetadas y nadie debería tener el derecho de dañar, deteriorar o contaminar ningún tipo de propiedades, por el simple hecho de que todos los seres vivos estamos nada más de paso por la tierra y que nuestra vida es muy corta. Cualquier daño a nuestro hábitat afectará a todos los seres vivos, no sólo a los seres humanos y estos daños deben ser evitados por todos los medios posibles, porque el mundo estaría en lo que podemos llamar propiedad colectiva, es decir, el agua, el aire, las montañas, las plantas. Los animales deben ser cuidados, protegidos y respetados, debido a que nos pertenece a todos, más allá de las fronteras, la tierra es una sola masa, un solo lugar...

Un tercer elemento que considero de mucha importancia que debería ser tomado en cuenta es el hecho de que los hombres y mujeres estamos tremendamente divididos y desunidos.

Luego de que se fueron inventando y aplicando las fronteras; guerras y ambiciones de por medio, nos dividimos de tal modo que llegamos incluso hasta matamos entre nosotros mismos. Y a esto viene el tema de las armas.

Sin duda, el modo más descarado, antiético y vergonzante de someter a pueblos enteros y a las personas, es la fabricación y el uso de las armas que cada vez se sofistican y desarrollan más.

Muchos países se enfrentan en incontrolables desavenencias políticas y diplomáticas, por el famoso tema del desarme. Pero vemos que varios de ellos, a su vez, se sienten con pleno derecho hegemónico del mundo y así emprenden costosas carreras armamentistas, para ejercer por la fuerza y usufructuar derechos que nos pertenecen a todos los seres vivos y no sólo a los seres humanos.

Considero que la manera de resolver este problema estriba en que se prohíba la fabricación de armas, del mismo modo en que se prohíbe y combate la producción de drogas y estupefacientes y que ningún país en el mundo tenga derecho de producir armamento, sin ningún argumento, bajo durísimas sanciones.

Esto debiera trabajarse mediante un organismo supranacional que tenga poderes coercitivos para poder ejecutar sus resoluciones. Para ejecutar esto, debiera crearse un gobierno mundial, que se constituya mediante elecciones y que cuente con poderes ejecutivo, legislativo y un sistema propio y multinacional de coerción.

Claro está que, si ninguna persona o país tuviera armas, nadie podría atacar a nadie, salvo que sea a palos o puñetes, que en cualquier caso sería, cuando menos, un poco más justo de lo que sucede ahora.

De este modo los seres humanos podríamos ejercer el derecho de uso de la tierra, en sus dos formas: privada y pública.

Y un último elemento, posiblemente uno de los centrales, está referido al tema del cuidado, protección y preservación del medioambiente. Para este tema, igual que para los otros, debieran dictarse normas internacionales con sanciones muy duras para los países, e incluso las personas, que de alguna manera deterioren el medio ambiente. Sin perjuicio de la restitución del daño ocasionado.

Cabe recordar que la destrucción del planeta, afecta absolutamente a todos los seres vivos y no tomar conciencia y acciones sobre esto, es ignorar que estamos destruyendo, unos, y permitiéndolo, otros.

Recordemos lo que escribió, en partes salientes Seattle en 1855:

 

Los ríos son hermanos nuestros, porque nos libran de la sed. Los ríos arrastran nuestras canoas y nos dan sus peces. Si os vendiésemos las tierras, tendríais que recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son hermanos nuestros y también vuestros. Tendríais que tratar a los ríos con el corazón.

El hombre de piel roja es conocedor del valor inapreciable del aire ya que todas las cosas respiran su aliento: el animal, el árbol, el hombre. Pero parece que el hombre de piel blanca no siente el aire que respira. Como un hombre que hace días que agoniza, no es capaz de sentir la peste. Si os vendiésemos las tierras, tendríais que dejarlas en paz y que continuasen sagradas para que fuesen un lugar en el que hasta el hombre de piel blanca pudiese saborear el viento endulzado por las flores de la pradera.[2]

Para qué quisiéramos la tierra o de que nos serviría ostentar su propiedad privada y/o pública, si la convertimos en un lugar desértico, inhabitable e inhóspito.

De acuerdo a lo expuesto por el jefe originario norteamericano piel roja, si no hacemos algo y pronto; en un tiempo por cierto corto, no tendremos más que un páramo para habitar y será nuestra casa.

Finalmente, es conveniente comprender que nuestro desarrollo a nivel mundial es tan débil y pobre que ni siquiera, podríamos enviar una misión a presentar nuestra defensa porque no tenemos ni una sola nave espacial que pudiera llevarnos a otro lugar del universo.

 

INDUCCIÓN

 

Para abordar el tema específico de la propiedad y del derecho que tenemos a la ciudad hemos querido aplicar el método inductivo del siguiente modo.

Partamos de una pregunta ¿Qué derecho tenemos a nuestra casa, barrio, ciudad, país, continente o, finalmente al mundo?

Comencemos estableciendo los distintos derechos por orden.

Al margen de la propiedad legal, la casa donde habitamos pertenece a todo el grupo familiar, dependiendo la situación.

Los miembros de la familia, normalmente pueden acceder a todos los espacios que son de uso común como el living, el comedor, la cocina, el patio, etc.

Incluso, quizá también, podrán ingresar a algunos espacios digamos “privados”, que podrían ser las habitaciones de cada uno de los miembros.

Por otro lado, si nos referimos a los espacios privados, cuando entremos en ellos, observaremos los cuidados necesarios para no ensuciar o dañar algo, cosa que a veces no sucede con los hermanitos más pequeños que seducidos por la novedad y la curiosidad, entran en el cuarto de los más grandes y terminan rayoneando el cuaderno de matemáticas o lenguaje o desordenando y a veces escuchando una conversación telefónica “privada”, esto molesta y normalmente provoca la ira de los hermanos mayores que aprovechan la oportunidad para intentar una paliza a quienes los destronaron algún día. Este es un ejemplo claro con las salvedades necesarias de una violación de un espacio privado, en lo concreto de una casa.

Ahora bien, si por ejemplo, hablamos de una familia cuyos miembros son: los abuelos por parte de la mamá, papa y mamá además de cuatro hermanos, entonces todos tienen derechos y obligaciones sobre la casa donde habitan, es decir de los espacios de uso común.

Entonces, veamos lo que serían las obligaciones más importantes:

Casi intuyendo, se puede afirmar que las obligaciones más importantes serían, por ejemplo, mantener habitable el lugar donde viven todos los miembros, si hay espacios privados, no acceder a ellos, sin necesidad o sin el consentimiento expreso de quien detente dicho espacio y respecto de las zonas de uso familiar, deberán ser respetados en cuanto a su orden, limpieza, ruidos, colores, olores, orden, entre otros.

Como norma general quien dañe algo debería reponerlo o reampararlo, al igual que si alguien utiliza alguna cosa debiera cuidar y dejarla en las mismas condiciones en las que estaba inicialmente.

Del mismo modo, si es que uno de los miembros de la comunidad hace uso de algún espacio físico debiera, posteriormente, dejarlo tal como lo encontró.

Lo expuesto en los párrafos anteriores, se replica de modo casi natural en el barrio y en la ciudad e incluso en los continentes y en el planeta.

La diferencia, apenas se halla en que los espacios privados serían las casas y los públicos serían los mercados, las plazas, los parques, las calles y avenidas, etc.

Y las reglas de comportamiento respecto de su uso, cuidado, aseo y preservación tendrían que ser similares.

Es bueno tomar en cuenta que el derecho que tengo de la ciudad o de mi barrio no implica que pueda abusar, debo actuar en observancia de las normas legales y morales, de la buenas costumbres, si no respeto los espacios, puedo ser objeto de discriminación, por mi comportamiento inoportuno o inadecuado.

Por ejemplo si orino en las calles, o tiro basura, o hago mis necesidades de hecho puedo ser mal visto, pero además estoy contaminando o contribuyendo a la contaminación.

Si soy desaseado, si huelo mal tengo que aceptar que estoy incomodando y es en cierta medida que quita el derecho a la ciudad.

Seguramente estos ejemplos pueden pecar de “derechistas”, pero no verlos, es adolecer de una objetividad a la inversa que suele pasar por alto. No por que pueda ver algo, va a dejar de suceder. Y no por la pena o vergüenza de verme pechoño o descastado yo me voy a autocensurar y callar algo tan cotidiano y tan fuerte como es este tipo de actitudes.

 

DEDUCCIÓN

 

Si bien el mundo, por el momento, está dividido por aquellas líneas imaginarias denominadas fronteras, seguramente algún momento todo volverá necesariamente a su punto inicial, me refiero a los tiempos en los que no había fronteras y toda la faz de la tierra era de quienes vivían en aquel tiempo, como ya se está dando con los recientes descubrimientos o invenciones, particularmente con el desarrollo de la tecnología y el desarrolla de transporte que son cada vez más masivos y veloces, más accesibles y económicos.

Los grandes capitales, hace mucho que ya han borrado las fronteras y circulan libremente mediante vías electrónicas, a velocidades insospechadas de un lugar a otro, de un país a otro.

Poco a poco la tecnología hace lo mismo y se pavonea por todos los rincones de los países pequeños, medianos y grandes, haciendo de las suyas y ganando cada vez más terreno.

Cada vez hay más acuerdos para circular libremente por grandes bloques de países y la tendencia se dirige hacia hacer acuerdos que conduzcan finalmente al borrado p eliminación del concepto de las líneas apenas imaginarias que nos dividen que temporalmente se llaman fronteras. Si el capital circula, quizá de aquí a algunos años, los hombres también logren el derecho de hacerlo, sin necesidad de permisos especiales.

Esto implica que poco a poco y cada vez más, la tierra nos pertenecerá a todos. Sin dejar de tomar en cuenta que aún hay grandes diferencias, limitaciones y barreras económicas y que esto imposibilita el movimiento de grandes grupos humanos de un país a otro; pero de hecho significa que estamos camino a ello, cosa que indudablemente no ocurría hace unos 50 años, por dar un dato.

Si pensamos que los idiomas serán un nuevo escollo; por el contrario considero que no; pues las tecnologías de comunicación e información, además de las facilidades de viajar de un país a otro que hoy mejoran diariamente, obligarán a los seres humanos a ir aprendiendo varias lenguas, al extremo que de aquí a algún tiempo se hable una mezcla perfecta de varios idiomas, que en general la mayoría conozca.

Cuando pensamos en lo que sucede en los continentes ahí todo está mucho más avanzado, porque se han llegado a importantes acuerdos para circular en calidad de turista por todos los países, por ejemplo de la CAN o del MERCOSUR y al otro lado del mundo la COMUNIDAD EUROPEA. Hay varios ejemplos más y la tendencia está orientada a lograr cada vez mayor integración y no apenas en los planos comerciales y económicos.

Esto hace que, en alguna medida, aunque todavía pequeña, nos pertenezcan cada vez más las ciudades y todos los lugares públicos de nuestros continentes.

En ese mismo sentido los países son cada vez más accesibles y las personas pueden viajar y visitar, vivir y trabajar en diferentes lugares y zonas de su país. En muchos casos hace unos años, había personas, de algunas extracciones sociales o raciales a quienes no se les permitía el ingreso a las ciudades o, peor aún, no podían ingresar a la plaza principal, esto hoy en día está completamente superado, pues si bien aún hay gente racista, son la excepción y está mal visto, en general.

Incluso se supo de algunos casos, más bien recientes, en los que no se permitió el ingreso a algunos restaurantes o discotecas a personas de un determinado grupo social y aún hay muestras de intolerancia y racismo, pero muy pronto esto habrá sido mejorado por completo.

Ahora bien en mi, país, ciudad y, más aún, en mi barrio puedo pasear libremente, andar por todas sus calles, ir a sus museos, plazas, entrar a todos los lugares, etc.

Aparentemente en este nivel todas las restricciones de propiedad de los bienes públicos están al completo servicio de toda la colectividad, se podría decir que mi barrio y mi ciudad, es una especie de continuación o prolongación de mi casa, donde puedo andar a cualquier hora, y dirigirme hacia cualquier lugar. Disfrutar de la sombra de los árboles o de sentarme a escuchar los pajarillos en cualquier parque o plazuela y de todos los demás lugares de uso público o común.

 

COMPARACIÓN

 

Lo que no estaría muy claro es el modo de comportarse de algunos individuos que se han auto persuadido, quien sabe bajo qué creencias o percepciones erróneas del mundo y consideran que ellos son quienes tienen el derecho pleno de su usufructo y depredación.

Entonces se valen de argucias y artimañas legales, políticas, antiéticas, armamentistas o lo que fuera para abusar de los bienes que pertenecen a todos los seres humanos.

Me pregunto si les importará lo que mañana vayan a respirar sus hijos y sus nietos; me pregunto si se habrán percatado o no les importará que todos en la tierra respiramos del mismo aliento, del mismo aire del mundo.

Lo que aquí se pretende comparar es la casa, el barrio, la ciudad donde uno habita con el continente y el planeta donde vivimos todos.

Si esta es nuestra casa, porqué la destruimos entonces, o si no la destruimos qué nos frena para detener su deterioro, es decir: ¿Por qué la destruimos? O cuando menos ¿Por qué permitimos que otros la destruyan?

Si destruyo o no mi casa; es como si destruyera el planeta y de modo inverso. ¿No será que si destruyo el planeta, en realidad estoy destruyendo mi hábitat, que es mi casa y la casa de todos y será el hogar de mis hijos y de mis nietos, finalmente?

Pongamos un ejemplo.

Si mañana a primera hora viene un par de tipos, se entran a mi casa rompiendo la puerta y comienzan a tirar todo al piso, romper las paredes, destrozar los vidrios, quemar los muebles, arrancar las flores del jardín, le disparan como en concurso a mi gato, perro y lorito, haciendo ademanes de que la están pasando muy bien y que se están divirtiendo mucho.

¿Cuál sería mi reacción? ¿Los miraría tranquilamente de brazos cruzados? ¿Les permitiría que lo hagan?

En realidad lo dudo.

Pero la paradoja es que quizá no sentimos la tierra como si fuera nuestra casa, por que hay muchos individuos que hacen eso todo el tiempo y en todo el mundo y nosotros los miramos quemando bosques, derramando petróleo al mar, destruyendo el ozono, matando animales por diversión, depredando especies en extinción por negocio, contaminando los ríos y un nutrido y largo etc.

¿Cuál es nuestra reacción?

Los ignoramos, los miramos de brazos cruzados, nos hacemos los desentendidos y finalmente no hacemos nada.

Nos comportamos como dueños de casa; pero actuamos como inquilinos del mundo.

Cuando soy inquilino o si soy cuidador, no me importa que la casa se deteriore, no cuido los interruptores, las llaves de agua, las piezas valiosas, las paredes, el jardín, es digamos “normal” que me comporte así. Al final, decimos: estoy pagando mucho dinero por esto y tengo derecho de usarlo. No me importa que se dañe o no.

Pero cuando se trata de mi propia casa, la cuido, la limpio, la protejo de los bichos, del clima, de los vecinos, de los ladrones, etc.

Por qué entonces nos comportamos como inquilinos en la tierra, por qué sentimos que no nos pertenece, quizá alguien se encargó de hacernos creer que la tierra no pertenece a nadie y que cualquiera puede depredarla, contaminarla y desertificarla sin misericordia.

Pero la verdad es que no somos inquilinos, ni cuidadores de la tierra; somos los dueños de casa y deberíamos comportarnos y actuar como tales.

 

CONCLUSIONES

 

El mundo nos pertenece a todos, pese a quien le pese. Nos pertenecen los países, las ciudades, los pueblos. Nos pertenecen las montañas, las planicies, los llanos y los valles, los mares, los ríos, las quebradas, son de cada ser humano y de cada ser vivo que habita el planeta.

Deberíamos poder pasear, navegar y volar por donde nos plazca y a eso tenemos que apuntar, a reapropiarnos del mundo, reapropiarnos de cada esquina, de cada gota de agua, de cada suspiro de aire, porque nuestro aliento, el de cada habitante está presente, en todo lado, porque respiramos el mismo aire.

No será tarea fácil, nadie dijo algo semejante. La reapropiación tiene que partir del lugar más difícil, nuestros propios prejuicios, nuestras propias ideas, nuestras propias barreras y limitaciones, nuestra conciencia. No será fácil, pero es hora de comenzar. Llevamos siglos de retraso y tenemos que tratar de recuperar el tiempo perdido.

Sin duda, habrán personas e instituciones que intentarán hacernos creer que la tierra pertenece a otros o que pertenece a seres superiores o que la tierra, sencillamente, no le pertenece a nadie.

Pero la verdad es que la tierra nos pertenece a todos, por el simple hecho de que somos parte de la tierra en todo momento y desde tiempos inmemoriales, siempre fuimos materia, de alguna manera de este planeta y lo seguimos siendo, cuando nuestros cuerpos dejen de vivir, nos convertiremos en otro tipo de materia, pero seguiremos perteneciendo a este planeta.

Tenemos derecho al aire, al agua, al alimento, a una casa, a un barrio, a una ciudad, a un país, a un continente y al mundo, todos los seres vivos.

Las fronteras, ideológicas, idiomáticas, políticas, sociales, psicológicas y especialmente tecnológicas que nos impiden ser dueños del mundo, están apuntando hacia la liberación. Puede que el camino sea largo todavía. Pero a mi me basta con disfrutar del paisaje que nos conduce a dicha liberación, sin importar que dicha liberación llegue antes de que mi espíritu cambie de dimensión y que mi cuerpo quede inerte.

 

RECOMENDACIONES

 

Después de haber realizado este pequeño ensayo y haber reflexionado sobre el derecho que tenemos al mundo, a la ciudad y a una casa y partiendo de una supuesta situación de desalojo definitivo de la tierra, considero que estas recomendaciones nos servirían para mejorar poco a poco el lugar donde vivimos y, de hecho, comenzaré por aplicarlas a mi vida cotidiana e invitarte a que también lo has tú y son los siguientes:

Comenzar a promover el concepto de que la tierra pertenece a todos los seres vivos conocidos y desconocidos.

Comprender, que cualquier daño que se le haga al planeta nos afecta a todos sin excepción y mucho más a las generaciones venideras.

Asumir que si bien la ciudad nos pertenece a todos, no significa que nos podamos defecar en cualquier esquina o derribar un árbol o incendiar un bosque.

Emprender la idea de que la tierra es un bien común y que nuestro aliento se entremezcla inevitablemente con las humaredas de los chaqueos[3], con la contaminación de los ríos y con el aliento de los demás seres vivos.

Comprender que hay la necesidad de tener espacios públicos y privados que deben ser respetados en igual magnitud, por el bien de la humanidad y de los seres vivos que vendrán mañana.

 

[1] Individuos que se apropian por la fuerza, de un territorio, creyendo que por no tenerlo o fingir que no lo tienen, poseen el derecho de hacerlo.

[2] Carta de Seattle, jefe de la tribu Suwamish al presidente de los Estados Unidos, Sr. Franklin Pierce, el año 1855, como respuesta a su oferta de compra de las tierras Suwamish.

[3] Quema indiscriminada de pastizales que provocan una gigantesca humareda que afecta terriblemente al medioambiente y a los seres vivos.

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