¿Quién era John Steele?

  • 05/06/2014
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Breve impresión de una visita a las playas del desembarco, en el 70 aniversario del Día D

¿Quién era John Steele?
Probablemente, éste nombre no les suene de nada. Pero si usted es aficionado a la historia militar, y les nombro la localidad normanda de Sainte-Mère-Église, a muchos les vendrá a la memoria la peripecia de éste paracaidista de la  82.ª División Aerotransportada norteamericana. La noche del 5 al 6 de Junio de 1944, John fue lanzado sobre ésta población. Bien iluminada, y ayudadas las tropas alemanas por la luz de alguna casa ardiendo como consecuencia del bombardeo previo, los paracaidistas fueron abatidos con relativa facilidad. Mientras la mayor parte de sus compañeros murieron, el paracaídas de John fue a parar a la torre de la Iglesia, y él salvó la vida milagrosamente haciéndose el muerto. Como recuerdo de aquel suceso, en la Iglesia de la localidad normanda todavía cuelga un paracaidas de tamaño natural con un muñeco, y no hay película sobre el Día D en que no se dediquen unos minutos a relatar su peripecia. John Steele murió en 1969, y no podrá acudir a los emocionante homenajes que, cada vez con menor presencia de los ya muy ancianos veteranos, se celebran en Normandía recordando la mayor invasión anfibia de la historia.

Tuve, hace tres años, la suerte de visitar ésta pequeña localidad, y aún mayor suerte de que una anciana me abriera las puertas de ésta bella iglesia normanda, y me enseñara las curiosas vidrieras con paracaidistas descendiendo como si de ángeles se trataran. Querría poder transmitiros la emoción con que ésta nonagenaria me contó la dura historia de los difíciles años de la ocupación nazi. Dentro de muy pocos años, no quedará nadie vivo que nos cuente en persona sus experiencias de la segunda guerra mundial, y dejaremos de poder sentir, experimentar, compartir esos pedazos de historia. Los fríos documentales no podrán, jamás, compararse a los sentimientos y a la mirada triste de mi guía en Sainte-Mére.

Tras una noche en la "británica" Cherburgo (suelos enmoquetados, cielos nublado y un mar color gris azulado te hacían sentir como en mi adorada Gran Bretaña), visitamos Vierville, donde está la "sangrienta" (o maldita) playa de Omaha (Bloody Omaha), donde centenares de soldados murieron en pocas horas. ¿En vano? Una de las cosas que más llaman la atención cuando uno visita ésta fría región del norte de Francia, es que, uno imagina las "playas del desembarco" como si fueran las típicas playas españolas de unos pocos centenares de metros. No es así. Desde St Martin de Vareville (sector Utah) hasta Ouistreham, unos kilómetros al norte de Caen, hay casi 80 kilómetros de playa casi contínua. Buena parte de la costa de normandía no tenía apenas defensas, y uno, como profano...se pregunta si un ataque frontal como el que se planteó, contra una colina de unos 60 metros de altura, hubiera podido simplemente evitarse y haberse limitado a rodear a las fuerzas alemanas, y esperar tranquilamente su rendición. Creo que el ahorro en vidas hubiera sido considerable. Pesaron más las prisas por instalar el puerto flotante (del que aún quedan oxidados restos en el mismo lugar en el que cumplieron su función) y el resultado fué el que todos conocen, y que fué inmortalizado de forma dura, probablemente muy cercana a la realidad, en la legendaria escena del desembarco de la película "Salvar al soldado Ryan". Una sucesión de infinitas playas, granjas y pequeños puertos (algunas de las casas que adornan la costa son magníficas), nos conducirán, siempre en dirección este, hacia las cercanías de Caen.

Las visitas al resto de los abundantes museos y cementerios militares, se deben obligatoriamente complementar con la visita a las hermosas ciudades de Bayeux (imprescindibles la catedral y el tapiz) y Caen (Intenten pronunciar el nombre de ésta localidad tal y como lo hacen los normandos. Es casi imposible). Tampoco olviden degustar los omnipresentes Moules (Mejillones) y la Sidra (la mejor que he probado jamás). Si es posible, comprenla directamente al fabricante en una de las muchas granjas con venta directa que encontrarán en su camino (como curiosidad, las manzanas normandas y bretañas tienen su origen en las traídas de Asturias). De la destilación de la sidra, hacen los franceses un licor (el Calvados) que recomiendo tomar con la máxima prudencia.

En definitiva, y aunque, en mi opinión no puede compararse Normandía en belleza con su vecina Bretaña y las maravillas de la Côte d'Émeraude, es una visita imprescindible y emocionante, en la que a cada paso encontraremos un recuerdo de aquella época en la que en Europa, en lugar de tratar de hacer un camino en común, cada potencia trató de imponerse brutalmente por encima de su rival. Si tienen ocasión, visiten Normandía. Despacio. Sin prisas, como se debe viajar. Merece la pena.

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