EL PARAMO

Los brillos intermitentes se repetían una y otra vez, como pequeñas luces naturales que ocupaban la inmensa masa de agua. Esta irreal paz fue eliminada cuando él cruzo a través de aquella quietud.

Era mi momento preferido. Nada me gustaba más. En aquellas primeras horas del amanecer, me sentía único, parecía no existir nada mas, sintiéndome unido a aquella majestuosidad, disfrutando de aquel frio mar matutino, mucho antes que el sol lo calentara.

Descanse y deje que el mar me mantuviera en su abrazo salado, meciéndome con sus aguas tranquilas. Observe todo lo que me rodeaba y comprobé la similitud entre un entorno y otro. Frente al monótono e infinito paisaje acuático, se encontraba aquella pequeña playa que se recortaba en la enormidad que representaba El Paramo y que llenaba todo el horizonte.

Mis pies traspasaron el límite entre un mundo y otro. El húmedo desapareció y sentí la sequedad de la fina arena de la playa.

Mientras recogían las redes, desenredándolas, separaban las capturas aprovechables, desechando todas aquellas que eran demasiado pequeñas. Como cada mañana, al terminar mi baño, salude a aquellos curtidos pescadores que me devolvían el saludo despreocupados y manteniendo la vista en su trabajo habitual, ensimismados en su afán diario por tener sus aparejos perfectamente a punto.

Volví a recorrer con la vista todo mi mundo. Conocía casi cada uno de los rincones de aquel desierto Paramo. Podría diferenciar cada mínimo detalle. Cada brizna de hierba era por mi conocida. El sinuoso camino que lo partía en dos, lo había recorrido miles de veces. Incluso llegaba a pensar que sería capaz de diferenciar cada pequeña porción de tierra que me rodeaba. Notaria en un solo instante cualquier cambio, cualquier diferencia en aquel sitio, que era mi hogar.

Como si usara un gigantesco dedo imaginario, seguí el tortuoso camino, cada curva, cada desnivel, hasta llegar al final y poder visualizar aquella parte que me atraía y atemorizaba a partes iguales. La Casa que se recortaba al final del camino, hacia que mi vista quedara atrapada por su inmensidad. Todas aquellas ventanas cerradas, inspiraban mi curiosidad. Los torreones que coronaban cada lado de la Casa, me retrotraían a experimentar sensaciones ancestrales. La gran Casa de estilo Victoriano mezclaba en mi lo primario, con lo racional, deseando con toda mi alma traspasar sus misterios, pero anulado en el acto por un miedo primigenio, que hacía que todo continuase igual día tras día, no tomando jamás la decisión definitiva, pero atraído irremediablemente por su extraña magia.

No lo vi. Ni me di cuenta. Fue más bien una sensación y un cambio físico.

Una ligera brisa salió de la nada y envolvió todo mi ser, provocándome un sudor frio que me recorrió por completo.

Algo había cambiado.

En el entorno surgió algo distinto.

Al principio parecía una mancha. Una pequeña sombra sin importancia. La silueta se recorto sobre la pequeña colina en el lado opuesto de la Casa. No pude observar sus rasgos, tan solo sus formas oscuras y su vestuario completamente de negro, que creaba una figura ominosa y amenazante. Aunque no distinguía su rostro, sentí que me observaba fijamente y la inquietud me invadió, sabiendo y sintiendo un terror indescriptible.

Y ya nada volvió a ser igual.

 

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Aquella mañana no fue igual a las otras. Mientras nadaba, como habitualmente,  mi vista permanecía fija en la playa. Mi rutina acabo antes de lo previsto, era inútil continuar con una actividad con la cual ya no disfrutaba.

Mientras me secaba, observe a los pescadores. Me alegro comprobar que no todo había cambiado. Era gratificante verles trabajar en sus rutinas, con la misma intensidad que estaba acostumbrado. Les salude y no obtuve respuesta. Les volví a saludar, esta vez mas sonoramente y lentamente levantaron al unisonó sus cabezas, pero continuaron negándome el saludo, únicamente mantenían su vista sobre mi y en sus duros y curtidos rostros, solo observe un único sentimiento, sus tristes miradas solo reflejaban una gran compasión. Me aparte de aquellos hombres y sus mensajes faciales, mensajes que no aceptaba y que no quería para mí.

En el centro del camino, la atracción se mezclaba con el miedo y los dos lados parecían extrañamente unidos.

La Casa parecía más grande que habitualmente y su poder era ya de una inmensidad imparable.

La Figura aumento su negrura y la oscuridad que le seguía parecía llenar casi completamente aquel lado del Paramo. Aunque note que su cercanía había aumentado, seguía conservando la indefinición en sus facciones, que se unían en una extraña simbiosis con todo el exterior.

Cada lado, parecía separado, pero a la vez de una forma extraña relacionados entre sí. En aquel instante supe que llegaría el momento en que tendría que huir de todo aquello.

 

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Todo a mí alrededor se desmoronaba. No solo eran sensaciones, también estaban acompañadas de acciones físicas. La gran tormenta que persistía en los últimos días, me hacían añorar tiempos pasados, que sin embargo eran tan cercanos. El viento y el frio llenaban todo mi ser y mire hacia el cielo, buscando un sol, que parecía enterrado entre capas y capas de nubes, alejándolo y eliminando por completo aquella calidez que tanto necesitaba.

La indiferencia se mantenía a través de las formas difusas de sus largos chubasqueros. Hacía días que deseche recibir un saludo, que sabía que no se produciría. Y allí en aquel clima tan desapacible, los pescadores continuaban imperturbables, en sus monótonas tareas, como si estuvieran en una foto fija, que nada haría cambiar, ni mi presencia, ni los elementos.

Recortada, como en su paisaje irreal. La Casa, parecía más misteriosa, como si la hubieran colocado en un entorno que no le correspondía, con un poder que cada vez me atraía más y no pudiendo escapar de su embrujo. Sus cerradas ventanas, aumentaban mi curiosidad y la pregunta se intensifico en aquellos momentos; ¿Estaría habitada? y si así era, ¿Cómo serian sus habitantes?

Busque en cada rincón, en cada lado de la Casa, esperando una señal, un pequeño resquicio, que pudieran tranquilizar mi curiosidad y que me hiciera decidirme por tomar la resolución definitiva y adentrarme en sus secretos.

Mi mundo ya estaba destruido. La oscuridad llenaba prácticamente todo el Paramo, tan solo el camino evitaba que invadiera todo aquel espacio, como si fuera un improvisado cortafuegos que evitaba que su poderío se hubiera hecho dueño de todo. Y coronando todo aquel universo tenebroso, la Figura parecía enorme, completamente henchida de poder, sabiéndose cada vez más fuerte, al sentir que dentro de poco seria el amo de todo mi hogar.

El terror me inundo, cuando comprobé que su imperturbabilidad y distanciamiento había desaparecido y su proximidad era cada vez mayor. Sin notar su movimiento, al ser este imperceptible y liviano, su terrible silueta se encontraba en los límites del camino salvador.

Mi pavor era incontenible, ya nada lo pararía, no existían barreras para todo su mal y hui todo lo rápido que pude, escapando y evitando un enfrentamiento que alteraba todo mi cuerpo y que intentaría posponer todo lo que pudiera.

 

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El agua se mezclaba con el agua. La de arriba se unía con la de abajo, como si no hubiera diferencia entre el cielo y el suelo. Mi vista se perdió a lo largo del extenso horizonte, intuyendo que aquel día seria el último en que vería a aquel embravecido mar, que tanto amaba y que tan poco se parecía al que conocí antaño. Mis sentidos estaban alterados a todo lo que sucedía a mí alrededor. Mi vista se entrecortaba por la intensa lluvia, que no me permitía ver con claridad. En mis oídos solo resonaban los sonidos monocordes de los truenos y el golpear de las furiosas olas. Mis manos se aferraban a la húmeda y ahora oscura arena. En mi rostro resbalaba el agua, hasta llegar a mi boca que degustaba su sabor amargo y salado. Los olores denotaban la humedad de todo el ambiente, haciendo que pareciera que estaba en un mundo enteramente acuático.

El cielo retumbo y una ligera brisa, me hizo sentir un estremecimiento que ya conocía muy bien. Una sombra se extendía a través de la arena, lentamente, avanzando hasta donde me encontraba sentado. Mi vista permanecía fija en el horizonte, no deseando, no pudiendo mover la cabeza, para no conocer nada de lo que me rodeaba. Al acercarse aquella oscuridad a mi pierna, mi rigidez solo me permitió mover un poco mi pie, huyendo de algo que sentía que me destruiría.

Lo primero que note fue una tremenda frialdad, que fue acompañada por la total insensibilidad de mi hombro izquierdo. Su mano solo era una forma negra e indefinida, que apenas pesaba, pero que eliminaba todo lo que tocaba. Sin fuerzas e inundado por un gran terror, mi rostro se fue volviendo, lentamente, observando el delgado y largo brazo que se apoyaba en mi hombro. Como flotando en el aire, como si no tuviera peso, la delgada figura que se encontraba detrás de mí, parecía esperar alguna reacción por parte mía. Armándome de un valor, del cual carecía, intente encontrar su rostro, buscando en él un rastro de humanidad. Si el Ser era oscuro, el lugar donde tendría que encontrarse su rostro, parecía la entrada a un agujero, una terrorífica caverna, ilimitada e infinita, que hipnóticamente me llamaba a sus profundidades. A duras penas conseguí escapar de mi ensimismamiento y su rostro, que no era rostro, volvió a cambiar. Enfrente de mí se encontraba un espejo del ébano mas oscuro que pudiese imaginar y que constantemente iba formando formas difusas que asemejaban rostros. Las formas se fueron concentrando, hasta lograr una definida y clara. En ese momento el pánico fue insoportable y como pude me separe de su ominoso abrazo, huyendo atropelladamente de aquel rostro que reflejaba mis facciones distorsionadas.

Tropezando y volviéndome a levantar, hui lo más rápido que pude. La arena mojada, parecía confabularse contra mí, frenando mi avance, como si fuera un aliado de la amenazante forma que me seguía.

Casi arrastrándome, intente captar la atención, solicitar la ayuda de aquellos impertérritos pescadores, que continuaban con sus quehaceres, indiferentes a todo el entorno y las situaciones que les rodeaban. Mis gritos solo eran murmullos para sus oídos. El contacto físico, increpándoles, pidiendo, suplicando su protección, solo era una pequeña molestia para ellos. Apartándome, todos sus ajados rostros, mostraban aquella lastima, esa gran pena, aquel desprecio y esos sentimientos que yo tanto odiaba.

La cercanía de la Sombra, cruzando la playa y acercándose a mis pies, hizo que me separara de aquel lugar, en el cual no encontraría la ayuda que tanto ansiaba.

El manto tenebroso, cubría todo lo que iba dejando atrás. Como un improvisado director de orquesta, la Figura, dirigía todo aquel infierno y flotando se acercaba a mí, cada vez más cerca, más cerca. Sabía que si volvía a sentir su contacto, esta vez no tendría escapatoria y me hundiría en sus profundidades.

Escape hacia el único sitio, que se mantenía libre de su poder. Huyendo de un terror, para acercarme a otro. Todo lo rápido que me permitían mis cansadas piernas, la majestuosidad de la enorme Casa, se presento ante mí. Sus lóbregas formas, sus altos torreones, sus cerradas ventanas se materializaron, estaba a sus pies. Mi miedo no evito mi admiración y fascinación ante aquel lugar, tan deseado, como temido y los gritos que mi garganta profería, intentaban humanizar y solicitar que aquel lugar me acogiera entre sus muros.

Mi falsa sensación de seguridad, era solo una ilusión y la Forma oscura fue extendiéndose por el camino, acercándose a los límites de la Casa.

La angustia y mis gritos suplicantes, resonaban en cada una de las esquinas de la casa. Mi nerviosismo me condujo hacia la enorme puerta de entrada y unos ojos de una gárgola metálica atrajeron mi atención. Con desesperación golpe con fuerza la pesada aldaba. El enorme ruido que producía reboto y como un gran eco se extendió por todo el Paramo, haciendo temblar a toda la Casa, como un invisible resorte, que esperaba ponerse en movimiento. Lo único que no fue afectado por el extraño sonido, fue la terrible Figura, que levitando, aumentaba sus formas, traspasando obstáculos hasta llegar a la base de las escaleras que se encontraban en la entrada. El terror, me impedía mirar atrás, solo quedaban los terribles golpes de llamada hacia la Casa, que se mezclaban con mis lastimeros gritos.

La Oscuridad ya cubría todos los escalones y el sonido de la aldaba se precipito, siendo cada vez más continuo y desesperado. Una gran mano informe, fue surgiendo y extendiéndose en dirección al dintel de la puerta, acercándose hacia mí. Mis sonoras llamadas eran desesperadas, mientras sentía la frialdad, que se formada a mis espaldas.

Cuando sentí el dedo frio en mi hombro, otro sonido ocupo aquel espacio y lentamente, aquel ruido de oxidados goznes, me indicaron que finalmente la Casa me aceptaba, abriendo su interior y recibiéndome. La puerta abierta, me invitaba a un mundo desconocido, pero detrás de mí se encontraba una mano tenebrosa que ocupaba todo el exterior y sus dedos monstruosos se cernían cerca de mi rostro. La decisión ya estaba tomada y uniendo la curiosidad con el temor, me adentre en los misterios de la Casa, que me acogió en sus adentros, mientras cerraba estrepitosamente la pesada puerta.

 

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-         ¡Todo ha acabado, por fin ha descansado!

Aunque sabían que después de tanto tiempo allí postrado, paralizado, en una vida que no era vida, la muerte era lo más piadoso y compasivo. Las palabras del médico, no les consolaban, no mitigaban, ni atenuaban el terrible dolor que sentían.

El Doctor fue recogiendo sus instrumentos. Relleno el parte de defunción. Volvió a dar el pésame a todos los familiares y lentamente fueron saliendo todos de aquella habitación.

En la soledad de la sobria y aséptica habitación, pocos observaron aquel cuerpo prácticamente mojado y cubierto de sudor y sobre todo, contradiciendo su paralizado estado, la ligera abertura de sus ojos que miraban fijamente a la pared que tenía enfrente, como si estuviera observando aquellos pequeños cuadros que componían su decoración. Paseando por aquella simple pintura de un mar en calma, o el oleo casi impresionista de unos pescadores faenando, que se contrarrestaba con una pintura de un realista e inmenso Paramo. Aunque lo más extraño, fuera el cuadro que se encontraba en el medio de todos ellos, mayor que los demás y ocupando un puesto predominante. En sus pinceladas surrealistas se distinguían aquellas cerradas ventanas, aquellos torreones de estilo victoriano, que formaban una misteriosa Casa. Pero si observabas con mayor atención, un leve detalle había cambiado. Apenas perceptible, en un pequeño ventanuco del más alto de sus torreones, se podía observar una leve y pequeña luz.

 

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