En mi gran finca también llueve

Si la investigación, información y opinión divulgada está ajustada a un modelo político indudablemente se reprime el derecho a la libertad de prensa.

No es la primera vez que en Venezuela no se garantiza el derecho a la libertad de prensa, tampoco a que los ciudadanos sean informados de manera oportuna, objetiva y veraz.  En varias ocasiones, el gobierno de la República Bolivariana ha castigado con su autoritarismo a los medios de comunicación. En  2007, el gobierno del expresidente Hugo Chávez no renovó la licencia a  Radio Caracas Televisión (RCTV) por el supuesto apoyo del canal al golpe de Estado que lo derrocó momentáneamente. Hace más de una década, existe una guerra cazada con el canal Globovisión y ahora, con un nuevo presidente, como se esperaba, el panorama no es el mejor.

La expulsión de NTN 24 de la parrilla de algunas compañías de cable, por informar al mundo lo que estaba sucediendo en las protestas del pasado miércoles, 12 de febrero, y  los ataques cibernéticos al periodismo digital, son evidencias de  la censura que vive el país y de las pocas condiciones para ejercer libremente el periodismo.

La situación para los periodistas en América Latina cada vez es más crítica, lamentablemente se ha aprendido a soportar un tradicionalismo regional de una  libertad de expresión violentada lo que conlleva a ejercer un periodismo cauteloso, ligado a persecuciones, estigmatizaciones y amenazas.

Estás penosas y frustrantes situaciones que demuestran una violación a la democracia también deberían generar cuestionamientos sobre la libertad de prensa en nuestro país.

Es claro ver la paja en el ojo ajeno pero no parece tan fácil aceptar y reaccionar ante los atropellos que sufren, tanto  nuestros medios de comunicación, la mayoría independientes, como  los periodistas que se arriesgan a investigar y sacar a la luz pública escándalos tan grandes como las chuzadas del DAS en el 2009  o  tan recientes, pero en un contexto similar, las presuntas acciones ilegales en la operación Andrómeda.

Escándalos que atentan contra la libertad de expresión de defensores de derechos humanos, líderes políticos y periodistas, estos últimos, obligados a enfrentarse a campañas de desprestigio, amenazas de muerte y rechazo de sus propios colegas. Un tipo de censura que se ha reflejado en los centenares de homicidios y amenazas a los periodistas que ejercen en el país.

En Latinoamérica se necesita un periodismo libre,  que genere debates, sin la intervención de intereses, que juegue el papel de servir y llegar a los que no tienen la oportunidad de ser escuchados, que permita transformar y aportar al desarrollo de una región.

Para transformar una opinión pública que históricamente es pasiva, indiferente y en ocasiones, predecible se debe contar con un periodismo libre, que no esté sujeto a los lineamientos de los ideales del poder de turno. Sin duda,  lo que necesitan aquellos que trabajan a diario por la construcción de una sociedad bien informada es la seguridad de un Estado democrático.

@TefiMedina

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1 comentario

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papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat27 d octubre d 2014 a las 15:40 (UTC)
Al margen de lo que denuncias y del lugar donde se están produciendo o se han producido los hechos que denuncias, quiero decirte que cuando la libertad de prensa emite juicios que puedan ser lesivos para un determinado, grupo, etnia o tan solo para un individuo, este tiene derecho a defenderse.
Grandes son los males que acucian a la humanidad, pero también son graves los males que la prensa, enarbolando la bandera de la libertad ocasiona, publicando noticias sin fundamento y las mas de las veces sin haber sido constatadas.
La mala fe, también debería estar castigada.

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