Seguir intentando

Algunos dicen que el mundo seguirá igual por mucho que hagamos para cambiarlo. Esforzarse por la paz mundial es tan inútil como intentar poner derecho el rabo de un perro. Por mucho que uno lo intente, el rabo vuelve inmediatamente a su posición anterior. Sin embargo, a través de constante esfuerzo, desarrollaremos nuestros músculos aunque el rabo del perro siga igual. De igual modo, pase lo que pase o si fracasamos o triunfamos en conseguir la paz mundial, nosotros, por nosotros mismos, evolucionaremos a mejor. Aunque no haya cambios visibles, el cambio en nosotros finalmente repercutirá en el cambio del mundo. Mucho más allá, cualquier armonía que existe en el mundo actual es el resultado de tal esfuerzo. Debemos aprender del pasado si no queremos repetir nuestros errores. Aquellos que han dañado a otros en el pasado deberían ahora realizar acciones positivas para elevar a las víctimas de su pasada opresión. Estos principios son de aplicación tanto para gobiernos como para individuos. Cada nación debería fomentar una atmósfera de perdón, apertura, amistad y confianza que posibilite la cicatrización de las viejas heridas. A fin de curar las heridas, la ruptura de relaciones debería ser cosida con el hilo del amor. Para ello, más que conocimiento intelectual, lo que necesitamos es ser conscientes de nuestra unidad. Centrémonos en aquello que podemos dar a los otros y no en lo que podemos conseguir para nosotros mismos. Solo entonces, podemos producir una total transformación en nuestra familia global. De este modo, al vivir los ideales de la libertad, trascendemos nuestra estrecha mentalidad, y nuestras vidas se convertirán en ofrendas al mundo.

 

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