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  • 03/05/2014
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Aurelia salía cada mañana de madrugada de su casa apenas un café y un mordisco a una magdalena no tenía tiempo de pensar  ,su pelo se iba secando al frio viento de febrero eso le producía dolor de oídos - pero ella como al viejo arcano del loco del tarot ¨no le importaba¨ sabia que la jornada seria intensa ¡como siempre ¡y apretada ¡como siempre ! . En el autobús sonrisas y bromas  a unos cuantos sonámbulos que al igual que a ella la vida le venía corta, le esperaban ocho horas de limpieza de suelos retretes escritorios, espejos y cristales de media ciudad se colocaba su batín y empujando el carrito de los utensilios de limpieza su mente formaba listas de asuntos que atender, mudas y zapatos para sus hijos , jabón de lavadora ,rellenar la nevera – a ver si le quedaba un hueco a la tarde para aspirar .

Recordaba la escena de la noche anterior, llegaron pidiendo que hay de cena?.

Nadie pelo una patata ni puso el mantel, ni las servilletas los vio a  todos sentados a la mesa abalanzándose sobre la fuente de croquetas y salchichas sirviéndose la ensalada y cortando la barra de pan a pedazos inquiriendo…es que no hay coca cola en esta casa o qué? .Donde está el vino’, quiero agua………

Llenitas sus egoístas panzas se recostaron en los sofás …… Anda haz un café y trae las cortezas y los cacahuetes que hay partido, después de recogida la mesa de la cena y la cocina, Aurelia se consoló tomando un baño caliente, su cuerpecito enteramente dolorido, punzadas en las paletillas los tobillos las sienes , al llegar a su dormitorio e intentar abrazar a su marido, este se dio la vuelta y se tapo con la sabana hasta las orejas.

Esperaba azorada como una niña chica la hora del bocadillo, porque compartía aquel tiempo con un hombre muy sencillo, era el jefe de mantenimiento se sentaban charlaban tranquilos y ella siempre comenzaba a sentirse bien , el era afectuoso en sus palabras dulce y comprensivo, y notaba en su mirada cristalina que era un gran soñador , seguro que al igual que a ella la vida lo tenía enjaulado en cotidianidades  pero ambos no habían dejado de soñar.

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