La rehabilitación urbana de los márgenes del cauce histórico del Guadalquivir

Sevilla y el Guadalquivir, una interacción donde los hechos urbanos tienen una significación hacia los márgenes, un significado de relación social, cultural, paisajista y urbana siendo estos espacios públicos fluviales una fachada de la ciudad.

Las riberas urbanas de Sevilla han de mirarse desde la inteligencia y desde la sensibilidad para descubrir el verdadero significado de estos medios complejos, donde los procesos de la naturaleza se dan cita con factores sociales, económicos y elementos intangibles -simbólicos, estéticos y afectivos- de fuerte significación para el hecho urbano. 

La interfaz río-ciudad se ha resuelto de muy diversas maneras en el tiempo y en el espacio en función de los acontecimientos históricos, las soluciones técnicas, las disponibilidades económicas, la consideración social del espacio fluvial o la sensibilidad por el paisaje que han imperado en la ciudad de Sevilla desde principios del siglo XX.

Este nexo entre el Guadalquivir y Sevilla ha pasado de ser un relación donde predominaba el miedo a las crecidas del río y el carácter marginal de la ribera del Guadalquivir por su paso por Sevilla a otra interacción más armónica donde los hechos urbanos tienen una significación hacia los márgenes, un significado de relación social, cultural, paisajista y por supuesto urbana siendo estos espacios públicos fluviales una fachada de la ciudad.

La ciudad tiene hacia el río Guadalquivir una dulce mirada de complicidad desde aproximadamente los años ‘80, siendo la Expo del ’92 el inicio de esta relación de entendimiento. En nuestros días estos espacios públicos fluviales son el reflejo de una ciudad que mima las orillas de su río, es un lugar para el encuentro, la cultura, el recreo, el descanso y el aprendizaje.

En toda relación de complicidad, no todo es ideal; ya que hay espacios que necesitan de una recuperación e integración a la trama urbana, la existencias de importantes sistemas de espacios verdes que carecen una relación con el río o también los numerosos espacios de la ribera derecha de carácter privado que no permite a los barrios de Triana y Los Remedios  establecer una relación urbana con su orilla como sí lo hace el margen izquierdo del Guadalquivir.

 

Introducción, la relación histórica ciudad-río

El Guadalquivir y su contacto con Sevilla pueden ser vistos desde un ángulo esencialmente paisajístico. Entonces surge la imagen de la ciudad integrada con el río, esa ‘imagen agradable y unánimemente aceptada de la gran ciudad europea’ evocada por Juan Benet desde una sensibilidad paisajística muy próxima a los enfoques más potentes de la cultura arquitectónica y urbanística1. En ese caso, se tiende a resaltar los aspectos visuales, de integración formal de los ríos en los entornos urbanos, aunque sólo se tienen en cuenta las áreas centrales de las ciudades. Así en las periferias esa imagen de integración desaparece.

La ciudad de Sevilla, desde sus orígenes, ha mostrado interés en su emplazamiento físico en general y, en particular en el recurso hidrográfico, estableciendo una relación dual entre su carácter de potencial (en términos de abastecimiento, actividad productiva y comercial, espacio recreativo o saneamiento) y su capacidad de limitante (inundaciones, barrera al crecimiento urbano o enfermedades).

Esta dualidad es la base de un universo simbólico de carácter cambiante, entre una socialización y una antropización del curso fluvial del Guadalquivir. El paso de una a otra postura es la consecuencia del cambio de paradigma hidráulico, que acontece a principios del XIX, y es fruto de una serie de factores y procesos de carácter social, cultural, económico, ideológico, político, etc (figura 1).

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La socialización hace referencia a un momento histórico y un contexto urbano en el cual las ventajas reales y potenciales del curso fluvial se consideran suficientes para aceptar sus inconvenientes. De este modo, se produce una relación horizontal entre la población y el recurso hidrográfico.

Como contrapunto, el término antropización expresa la situación propia de un modus operandi infraestructural, que busca superar estas limitaciones. Se manifiesta en una relación vertical de intervención, de poder, que suponen una simplificación de la multifuncionalidad del río y de la heterogeneidad de relaciones sociales con el mismo.

Cada uno de estos dos arquetipos de la relación ciudad-río tiene su parangón en un determinado modo de entender la ciudad. La socialización corresponde a una ciudad de carácter orgánico y de vinculación al medio físico, mientras que la antropización es propia de un modelo de ciudad caracterizado por el comienzo de la planificación urbanística tal como se entiende en la actualidad, que en numerosas ocasiones partió de la premisa de que los elementos físicos, en torno a los que tradicionalmente se ha articulado la ciudad, son límites a superar.

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El modelo social y urbano de antropización ha sido la tónica dominante en el último siglo y medio en la ciudad de Sevilla, lo cual es aval suficiente par comprender la profunda inserción social, técnica, científica y política de este modelo y la dificultad de cambiar hacia otras propuestas. 

Sólo a partir de los años ’80, con la elección de Sevilla como lugar de celebración de la Expo ’92 y apoyado más tarde por el PGOU-1987 aparece un momento de efervescencia de la conciencia ecológica y el descubrimiento del medio ambiente y la calidad de vida, aparece una cierta tendencia hacia una nueva rehabilitación en los márgenes del río Guadalquivir y su integración a la trama urbana. La nueva idea se basa en una ciudad sostenible en la que se revalorice el capital natural y patrimonial.

Las posibilidades de esta tendencia, que aún está en proceso en las riberas urbanas de Sevilla, pasan por una valoración integral de los waterfronts urbanos, por la cual su rehabilitación conecte directamente con la reordenación urbana, con la recuperación de espacios y con procesos de participación social activa que favorezca el retorno de la idea de socialización de los ríos.

 

Conflictos entre las orillas y la ciudad durante el siglo XX

Sevilla es “un laboratorio privilegiado en el que se pueden contrastar determinadas hipótesis sobre la naturaleza y la dinámica de las relaciones entre el agua y el espacio urbano”. En este sentido, la red hidrográfica de Sevilla ha sufrido una profunda y sistemática transformación, que responde a dos modelos de ciudad:

  • En la ciudad tradicional, en forma de muros de defensa, patines, etc., que se adecuan al paradigma de socialización en tanto que su fin es preservar a la ciudad de inundaciones, pero sin comprometer las ventajas de la red hidrográfica.
  • La ciudad moderna, a partir del XIX, cuando comienza una fuerte transformación en forma de obra de ingeniería hidráulica: canalizaciones, embovedados, rectificaciones de algunos cauces, etc., que se intensifica a medida que la ciudad crece y demanda espacio.

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Pero antes de continuar, debemos preguntarnos ¿que condicionantes no han permitido que el río fuera un elemento integrado a la trama y perspectiva urbana hasta finales del siglo XX?

La ciudad de Sevilla siempre ha permanecido temerosa y alertada frente a las posibles agresiones del río, pero nunca ha perdido la relación con esta vía de comunicación. La vinculación urbana con el Guadalquivir se remonta a los orígenes históricos. 

La eventualidad de los riesgos naturales ha determinado que el modelo de crecimiento de la ciudad ignorase durante muchos años la presencia del río. La trama urbana de Sevilla se ha ido desarrollando a su espaldas hasta que la ciudad desarrollo un sistema de defensa a finales de los años ’70 (figura 2), creando una dársena a nivel constante, que protegía a todo el cause histórico de las posible inundaciones. Siendo el primer paso para esa idea de los márgenes fluviales como espacios potenciales urbanos.

Antes de las transformaciones de principios de los años ’90, no tenía acceso a las márgenes fluviales urbanas: el 92% de las orillas quedaban aisladas de la ciudad por diferentes barreras como las infraestructuras ferroviarias paralelas a las orillas del Guadalquivir, la privatización del margen derecho del río a la altura de Triana y Los Remedios, los antiguos muelles portuarios como espacios degradados, etc. De los 34.100 metros de longitud de los márgenes fluviales de Sevilla, solamente eran de libre acceso para el ciudadano 2.500 metros.

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Una nueva forma de entender el río

Si hasta los años 70 se puede decir que el planeamiento urbano y la planificación del río Guadalquivir discurrieron por sus propios caminos, desde mediados de esa década se inicia  un cambio de tendencia en las relaciones entre el puerto  y la ciudad, cuya raíz hay que buscarla en el interés que  las cuestiones urbanas despertaron entre la ciudadanía en  los años finales del franquismo y durante la transición a la democracia. En el caso de Sevilla, el comentado desplazamiento del puerto hacia el sur hizo que fueran apareciendo zonas cada vez más amplias que quedaban disponibles para asumir otros usos de carácter más urbano. 

De otra parte, las sucesivas cortas a que había sido sometido el río con el  fin de defender a la ciudad frente a las inundaciones habían introducido algunas fracturas en el cauce histórico del río  que parecía conveniente recomponer, con el fin de que no resultase dañada la imagen de Sevilla como ciudad fluvial. 

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El desarrollo de los espacios públicos fluviales a partir de los ’90

En la década de los ’80 la ciudad de Sevilla estaba sumida en un caos urbano, y en estos años cuando se comienza a dar pasos para recomponer la ciudad y superar el déficit infraestructural.

A principios de los años ’90 hubo cambios radicales en la fisonomía urbana de las orillas del Guadalquivir y su entorno, básicamente consistía en la eliminación de barreras que impedía una relación integradora ciudad-río. 

La demolición del muro de la calle Torneo y la eliminación de las vías del tren, ha permitido que junto al cauce del río la rehabilitación y recuperación del Paseo peatonal del Rey Juan Carlos I de una longitud de dos kilómetros y medio. La ciudad goza de un panorama fluvial impensable antes de estas transformaciones.

Las transformaciones planificadas y conseguidas, de mayor impacto en el paisaje fluvial han sido la eliminación del tapón de Chapina y la remodelación del recinto de la Cartuja. Otra estrategia seguida para cualificar la imagen de la Sevilla fluvial, ha sido la restauración y rehabilitación de edificios históricos emblemáticos que jalonan las riberas del río cuando atraviesa la ciudad: el Monasterio de San Jerónimo, el Convento de San Clemente, la Cartuja de Santa María de las Cuevas, la Estación ferroviaria de la Plaza de Armas, la Casa de la Moneda, la Casa de las Columnas, el Palacio de San Telmo, el Convento de los Remedios, etc. 

Antes, el sector urbano del río iba desde el tapón de Chapina hasta el puente de hierro de Alfonso XIII. Actualmente la dársena se ha ampliado hacia el norte en 5 km. La dotación actual y la prevista de nuevos y amplios espacios verdes en los aledaños de las orillas recién recuperadas, contribuyen al embellecimiento de esta nueva dársena y son un incentivo para atraer al ciudadano.

La recuperación de buena parte de los márgenes del río para usos ciudadanos ha sido posible por el desplazamiento del puerto comercial hacia el sur del Puente de las Delicias. Los antiguos espacios portuarios de la orilla izquierda que con el tiempo han quedado obsoletos para hacer frente al transporte marítimo tecnificado, se han ido incorporando al paisaje urbano, como es el caso de los Muelles Viejos, el de Nueva York, y el de Turismo.

Pero todavía no se ha solventado la reutilización del muelle de las Delicias. En este caso, las medidas a adoptar se regulan a través del Plan Especial del Puerto, aprobado definitivamente en mayo de 1994.

Desde el punto de vista ambiental, el Plan de Saneamiento integral de Sevilla ha conseguido notables mejoras, poniendo en marcha la depuración de las aguas residuales urbanas que vierten en el Guadalquivir. Se han instalado cuatro estaciones depuradoras: San Jerónimo al norte, Ranilla al este, Copero al sur y Tablada al oeste.

En la fachada de Sevilla hacia el Aljarafe que está abierta al brazo exterior del río, es decir, al nuevo cauce de circulación fluvial, el Plan General previó la recuperación de unas cien hectáreas en el sector del Charco de la Pava, para compensar las carencias de espacio del barrio de Triana. También la dehesa de Tablada, liberada de sus antiguos usos militares (aeródromo del Ministerio del Aire), presenta posibles perspectivas de reutilización.

Por lo que ese miedo histórico de la ciudad hacia las orillas desapareció, produciendose un efecto inverso. La ciudad y sus habitantes comprendieron las potencialidades que podía aportar a la ciudad, el río como un elemento territorial y urbano. Esta nueva mirada de complicidad supone un hito histórico para la ciudad, ya que los márgenes fluviales convergen de forma armónica con la trama urbana.

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Conclusiones, propuesta de rehabilitación y mantenimiento

No cabe duda que el río Guadalquivir es un elemento estructurante urbano para la ciudad de Sevilla, y que sus orillas son espacios que se deben potenciar a su máxima expresión. Debemos entenderlo como lugares antropológicos donde convergen las diferentes facetas urbanas como la interacción de la sociedad, la cultura, y los factores económicos y elementos intangibles (simbólicos, estéticos y afectivos-recreativo) de fuerte significación. 

El Guadalquivir se puede concebir como la calle ancha de Sevilla y debemos borrar la imagen del río como elemento separador (que lo fue hasta los años ’90) y potenciar su papel como elemento de unión e integración con trama urbana.

Para ello propongo una perspectiva crítica de como debemos tratar el río y su entorno con las siguientes ideas de intencionalidad que buscan la conservación, la integración y la rehabilitación de los espacios fluviales de las orillas y el río.

  • Cambiar el concepto de “dársena muerta” por el de “río vivo”, mejorando la calidad y la renovación de las aguas.
  • Conseguir la recuperación de las perspectivas paisajísticas desde el río, de forma que se pueda observar la ciudad desde el río y viceversa.
  • La integración al río de los diferentes bienes patrimoniales de la ciudad de Sevilla como el Palacio San Telmo.
  • La integración de los sistemas de espacios verdes con el Guadalquivir, la búsqueda de un diálogo mutuo.
  • Suprimir las barreras existentes en las orillas para aumentar la accesibilidad, eliminando edificios e instalaciones que obstaculicen el paso.
  • Establecer un circuito peatonal de ribera en toda su longitud. Incrementar el uso de los márgenes con bajo nivel de utilización, implantando nuevos equipamientos y dotaciones.
  • Potenciar la activación de las funciones portuarias, ya que el puerto es un elemento dinamizador de la economía local que actualmente carece de una relación dinámica con la ciudad.
  • Reestructurar y rehabilitar los sectores ribereños poco consolidados.
  • En el otro brazo del río, el exterior al centro urbano, potenciar la diversificación de actividades productivas: las explotaciones agrícolas, y las turísticas y deportivas.
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2 comentarios

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Agustín Cuello agustin.cuellogijon@mail.uca.es29 d mayo d 2016 a las 10:19 (UTC)
Estoy interesado en el tema y me gustaría poder contactar vía e-mail.
Gracias
papá - Joven
Juan Ramón Cabrera Amat31 d octubre d 2014 a las 16:18 (UTC)
Excelente artículo y magnifica propuesta.

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